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A un cuarto de siglo del 11-S, el trauma se sigue heredando en las casas de los rescatistas

Una investigación de Columbia siguió a 270 hijos adultos de socorristas con estrés postraumático y detectó que más del 20% atraviesa depresión y una cuarta parte, trastornos de ansiedad. Expertos recomiendan tratar a la familia entera y no solo al paciente.

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · 7 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

La mañana del once de septiembre del 2001 cambió para siempre la vida de miles de familias en Nueva York. Pero lo que quizá nadie imaginó entonces es que, veinticinco años después, los efectos de aquella jornada todavía se transmiten como una corriente subterránea en las mesas de los hogares donde crecieron los hijos de los rescatistas, sin que esos chicos hayan visto caer las torres ni pisado jamás la zona cero. Acá lo que cuentan los números y, sobre todo, lo que cuentan los testimonios que recogió un equipo de Columbia University Irving Medical Center en un estudio publicado hace pocas semanas.

El trabajo, que se difundió en la revista PLOS Mental Health, siguió durante años a 270 hijos adultos de 176 familias de bomberos, policías, paramédicos y voluntarios que trabajaron en la recuperación del World Trade Center y que fueron diagnosticados con trastorno de estrés postraumático poco después de los atentados. Todos los participantes eran menores de edad cuando ocurrió la tragedia, lo que los vuelve una ventana privilegiada para entender cómo se filtra el trauma de una generación a la siguiente sin necesidad de haber estado presente en el momento del impacto.

Lo que midió el estudio

  • Más del 20% de los hijos adultos encuestados presenta depresión en la actualidad.
  • Una cuarta parte o más atraviesa algún trastorno de ansiedad, con picos en ataques de pánico.
  • El riesgo fue mayor cuando el progenitor llegó temprano al lugar, permaneció más horas durante los primeros veinte días o estuvo expuesto a restos humanos.
  • La depresión actual de los padres se asoció con mayor depresión en los hijos; el TEPT vigente de los padres, con más TEPT, pánico y depresión en la descendencia.
  • Los vínculos más negativos entre padres e hijos se relacionaron con más síntomas depresivos y con consumo problemático de alcohol; la falta de calidez, con más ansiedad.
  • El apoyo social exterior funcionó como un escudo: cuando los hijos sintieron que tenían redes fuera de la casa, los indicadores mejoraron.

La psicóloga Yael Cycowicz, autora principal del trabajo, explicó que los hijos no tuvieron que presenciar la destrucción para quedar marcados por ella. Lo que observaron en las encuestas y en las entrevistas fue otra cosa más silenciosa y, si se quiere, más dolorosa: padres que no hablaban del tema en la mesa familiar, pero que lo transmitían igual con gestos, con insomnio, con reacciones exageradas ante una sirena o con estados de alerta permanentes. "No tenían que hablar de eso, pero en su conducta comunicaban de algún modo su miedo, ansiedad, desconfianza y preocupación", señaló la investigadora al presentar los resultados. Y agregó, en un tramo de la conversación con la prensa especializada, que esa exposición sostenida al estado mental de un progenitor explica por qué el patrón dominante en los hijos no es el TEPT puro sino la depresión y la ansiedad, que son las respuestas más lógicas cuando se crece al lado de alguien que vive con miedo crónico.

Por qué importa mirar a toda la familia

El estudio cruzó las encuestas respondidas por padres e hijos con los registros clínicos del World Trade Center Health Program, el sistema de salud que desde hace dos décadas asiste de manera gratuita a los trabajadores que participaron del operativo. Esa base de datos, única en su tipo, permitió comparar el estado de salud mental de los padres con el de sus hijos ya adultos y medir con bastante precisión cuánto pesa la herencia emocional. Para los autores, la conclusión es directa: cuando se trata a un rescatista con estrés postraumático no alcanza con medicar o contener al paciente, hay que pensar también en quién lo espera en la casa.

“El trauma no se queda en la persona que lo vivió; se transmite al entorno familiar sin que los hijos hayan presenciado los hechos, y por eso los tratamientos de salud mental tienen que incluir a toda la familia.”Yael Cycowicz, psicóloga y autora principal del estudio de Columbia University Irving Medical Center

Como chaqueño que sabe lo que es un zonda de esos que te revolean la cabeza, uno no puede dejar de pensar que hay silencios que pesan tanto como el viento. En las familias de los rescatistas silencios duran ya una generación entera. Por eso, más allá del papel y de las cifras, lo que este estudio deja en el aire es una invitación a mirar la salud mental como algo que se construye —o se rompe— entre todos los que conviven bajo un mismo techo. Acá, a la vuelta de casa, la moraleja es clara: cuidar al que cuida también es cuidar a los que vienen atrás.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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