Jueves, 10 de septiembre de 2026
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Agosto sopla un aire más fresco en los precios, aunque la carne siga tirando del carro

Las consultoras privadas estiman que el IPC de agosto cerrará entre 1,4% y 1,8%, el registro más bajo del año. El fin del receso invernal y una moderación en alimentos explican la baja, pero dentro del rubro hay rubros como carnes, frutas y pescados que volvieron a recalentarse.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo · 10 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Les confieso que arranqué esta columna mirando el termómetro del patio más que el del termómetro financiero, porque en esta zona de Mendoza el frío ya viene pegando de noche y eso, para los viñedos que empiezan a pensar en la brotación de la próxima temporada, es un dato que pesa. Pero la conversación de esta semana pasa por otro termómetro, el que mide el costo de vida, y ese, según las consultoras privadas, estaría marcando una de las lecturas más bajas del año. El INDEC difundirá este jueves, a las 16 horas, el índice de precios al consumidor correspondiente a agosto, y las estimaciones que circulan en las oficinas de análisis económico ubican la variación mensual en un rango de 1,4% a 1,8%, claramente por debajo del 2,1% que se registró en julio y, de confirmarse, en el piso de 2026.

Dos motores que empujaron la baja

Para encontrar un número mensual inferior al que se anticipa hay que retroceder hasta junio del año pasado, cuando el IPC había marcado 1,6%. La desaceleración que se viene observando se sostiene sobre dos pilares que conviene mirar por separado. El primero es el comportamiento de los precios estacionales, esos que se mueven al ritmo del calendario y que durante las vacaciones de invierno empujaron hacia arriba las tarifas de avión, tren y colectivo, los hospedajes en centros turísticos y hasta las entradas a parques de entretenimientos; al volver la rutina en agosto, esas categorías cedieron y, por su peso en la canasta, tiraron del índice general hacia abajo. El segundo pilar es la moderación en el rubro alimentos, que venía mostrando aumentos semanales cercanos al 0,5% y que en las primeras semanas de agosto aflojó a 0,3%, aunque sobre el cierre volvió a acelerarse hasta el 0,5%, lo que dejó al rubro con una suba mensual cercana al 1,1%, por debajo del 2% que se había registrado en julio.

Ahora bien, y acá viene lo que a mí, como consumidor y como alguien que recorre góndolas de punta a punta del país, me llama la atención: la foto agregada de los alimentos esconde movimientos internos que vale la pena desmenuzar, porque no todos los productos se portaron igual. Hacia el final del mes se registraron subas pronunciadas en carnes y derivados, del orden del 3,7%, en frutas, alrededor del 2,9%, y en pescados, cerca del 2,4%, tres categorías que pesan fuerte en la mesa de los hogares argentinos y que, por su dinámica, terminaron limitando la caída del rubro. La pregunta que cabe hacerse es si esa aceleración de las últimas semanas es un coletazo del invierno o el primer aviso de un nuevo repunte, algo que recién se podrá leer con los datos desagregados que el organismo de estadística publique en las próximas semanas.

El acumulado y la pulseada con la interanual

Si se cumplen los pronósticos, la inflación acumulada de 2026 quedará en torno al 21%, mientras que la variación interanual se ubicará cerca del 33%, lo que confirma que la pelea contra los precios sigue siendo de largo aliento. No es menor recordar que en julio la comparación interanual había sido del 19,3%, por lo que el salto de julio a agosto refleja en buena medida el efecto base de lo ocurrido hace un año más que un recrudecimiento genuino del fenómeno. Aun así, las consultoras remarcan que la desaceleración es real y que responde a una combinación de menor presión cambiaria, cierta estabilidad en los precios regulados y, sobre todo, al cambio de estacionalidad que comentaba más arriba.

En mi recorrida de los últimos días por verdulerías, carnicerías y almacenes de barrio pude comprobar lo que los números anticipan: en los mostradores de frutas y cortes de carne los precios se movieron al alza en la última quincena, mientras que en productos de almacén la sensación predominante fue de estabilidad, con algunas bajas puntuales en aceites y harinas. Esa es, justamente, la fotografía dicotómica que dejan las estadísticas cuando uno baja del promedio general y mira producto por producto, de la hilera a la góndola como se dice en la jerga del supermercadismo, y que muchas veces queda oculta detrás de un número mensual.

  • Carne y derivados: suba cercana al 3,7% en las últimas semanas de agosto.
  • Frutas: incremento del orden del 2,9%, con fuerte incidencia en frutas de estación.
  • Pescados: alza de alrededor del 2,4%, afectada por la finalización de la temporada de captura en algunas especies.

De cara a lo que viene, y sin pretender adivinar el dato oficial que se conocerá este jueves, lo razonable es pensar que septiembre podría mantener una inflación mensual en el rango del 1,5% al 2%, siempre que no aparezcan sobresaltos cambiarios ni ajustes tarifarios de magnitud. El gran interrogante sigue siendo la dinámica de los alimentos frescos, donde la cadena de valor depende de factores climáticos, logísticos y, sobre todo, de decisiones políticas que aún no terminan de definirse. Y acá, amigos lectores, llegamos al punto que no puedo dejar de señalar como columnista que recorre el territorio: lo que el Estado todavía no resolvió es un esquema estabilizador de largo plazo para los productos de la canasta básica, esos que pesan más en el bolsillo de los sectores de menores ingresos y que, como vimos en agosto, pueden moverse en sentido contrario al promedio general. La desaceleración mensual es una buena noticia, sin duda, pero mientras carnes, frutas y pescados sigan acelerándose en la última semana de cada mes, el alivio en el bolsillo va a ser siempre parcial. La pulseada está abierta, y el termómetro de septiembre ya empieza a calibrarse.

HE
Hugo ElizondoVitivinicultura y campo

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