Lunes, 14 de septiembre de 2026
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Al Di Meola volvió a Buenos Aires y tocó como si el infarto hubiera sido un ensayo más: dos horas de flamenco, jazz y corazón encima del escenario

El guitarrista estadounidense regresó a La Trastienda con formato acústico, músicos españoles y un repertorio que cruzó cinco décadas, los Beatles y Piazzolla. Una noche intensa, con algunas asperezas, donde el público se acercó al escenario y él dejó claro que volver a nacer también se celebra con la guitarra enchufada.

MC
Melina CortezCultura y espectáculos · 14 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

La fila ya daba vueltas a la cuadra cuando llegué a La Trastienda. Eran las nueve de la noche de un martes cualquiera en Buenos Aires, salvo que no era un martes cualquiera: Al Di Meola estaba adentro y la gente lo sabía. Lo sentí en el murmullo, en las parejas que se sacaban fotos con la entrada en la mano, en el revuelo cuando se abrió la puerta. Yo entré con la libreta y la sensación de estar por ver a alguien que, técnicamente, no debería estar tocando: hace dos años, en pleno escenario en Bucarest, un infarto lo bajó del mundo. Y anoche volvió a subirse.

Un escenario chico para una historia grande

La Trastienda es de esos reductos porteños donde el artista queda casi a la distancia de un brazo extendido. Di Meola salió con su guitarra y detrás, dos músicos españoles: Isaac Romagosa, también guitarrista, y Sergio Martínez, percusionista, cuyo cajón fue el ancla rítmica de toda la noche. El formato acústico, con apenas alguna distorsión en los momentos más rockeros, le dio a la velada un carácter íntimo que se sostuvo durante las dos horas y diez minutos que duró el show, casi sin pausas, casi sin respiro.

Tiene 72 años y se lo nota. No por la velocidad ni por la energía, que las tiene intactas, sino por la calma con la que se paró frente al micrófono cada vez que quiso hablar. Habló en español, con ese esfuerzo entrañable del que sabe que está improvisando una lengua que no maneja del todo. En un momento soltó la frase que se me quedó grabada: "Gracias a Dios estoy de regreso con ustedes, volví a nacer". Lo dijo mirando al fondo, con la guitarra colgada, como quien confiesa algo importante. Y la Trastienda, que suele ser bastante dura con los aplausos, le respondió con una ovación larga, de las que no se fingen.

Flamenco, jazz y un cajón que no paró nunca

La decisión de traer músicos españoles con raíz flamenca se notó desde la primera nota. Hubo fandangos, soleás, rítmica afrolatina que sonaba más a sur de España que a Manhattan, donde Di Meola se crió musicalmente. Y sobre esa base, él fue tirando ideas: frases de jazz fusión que reconocí de su época con Return to Forever, junto a Chick Corea; momentos de improvisación colectiva que estiraban los temas hasta volverlos irreconocibles; y una cantidad de climas mediterráneos que hacían olvidar que estamos en pleno Palermo.

  • Versiones de The Beatles, con "In My Life" como momento más emotivo de la primera parte.
  • Pasajes de Astor Piazzolla, incluyendo un "Café 1930" delicado, casi de cámara.
  • Un cover de "The Sound of Silence", de Simon y Garfunkel, que funcionó mejor de lo que esperaba."
  • "Ava's Dance in the Moonlight", dedicada a su hija, donde la guitarra habló por él."
  • Temas propios como "Misterio", "Infinite Desire" y "Eden", clásicos de su cancionero."

El cierre, a micrófono abierto y con el público encima

Faltaban veinte minutos para el final cuando Di Meola le pidió al público que se acercara al escenario. La Trastienda se convirtió entonces en lo que muchos queríamos desde el inicio: un living con palmas. El cierre fue con "Mediterranean Sundance", la pieza que compuso con Paco de Lucía y que es, para mí, una de las cumbres del diálogo entre el jazz y el flamenco. La gente palmaba, los teléfonos se levantaban y Martínez le metía al cajón una energía que ya no era solo percusión sino conversación.

“Fue de esas noches en las que uno se acuerda por qué empezó a ir a shows. A veces la música te rescata, literalmente.”Melina Cortez, desde la fila de La Trastienda

No todo fue perfecto, y vale decirlo: en un tramo llamó a su ingeniero de sonido al escenario porque algo del audio no cerraba, y algunas improvisaciones se estiraron tanto que perdieron tensión. Son las asperezas lógicas de un formato acústico en una sala chica con un maestro que todavía está calibrando cómo volver después de un infarto. Pero esas imperfecciones, lejos de empañar la noche, le sumaron una capa de verdad que a veces los shows demasiado prolijos no tienen.

Di Meola volvió a Buenos Aires. Volvió al país que lo vio crecer como solista, el mismo que lo cobijó cuando empezó a cruzar el jazz con el tango y el flamenco. Y lo hizo con una declaración de principios que no necesitó demasiada palabra: durante dos horas, sobre un escenario de cuatro metros, demostró que se puede sobrevivir a un infarto y, encima, regalarle al público una noche que se va a contar. La próxima fecha, según contó él mismo antes de bajarse, lo encuentra otra vez de gira por Europa. Pero dejó la puerta abierta: "Volveré". Y la Trastienda, me parece, lo va a estar esperando.

MC
Melina CortezCultura y espectáculos

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