Sábado, 5 de septiembre de 2026
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Bill Gates se dio cuenta tarde: la inteligencia artificial necesita más gente opinando y menos programadores decidiendo

El cofundador de Microsoft publicó un memorándum donde admite que el avance de los modelos superó cualquier pronóstico y que, sin intervención de otros sectores, los daños pueden ser mayores que los beneficios. Un giro inusual para alguien que suele mirar la tecnología con entusiasmo.

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Gonzalo TelloTecnología · 5 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

A mí me pasó con el horno del departamento: lo compré porque tenía diez funciones que nunca voy a usar, y cuando se rompió la heladera me di cuenta de que el manual estaba en finlandés. Algo parecido le ocurre a buena parte del mundo con la inteligencia artificial: avanza a una velocidad que nadie esperaba, pero el debate sobre qué hacer con ella sigue corriendo detrás, en chancletas.

Bill Gates, cofundador de Microsoft, publicó un extenso memorándum sobre los riesgos de la inteligencia artificial y luego lo resumió en un video que difundió por sus redes. La idea central es incómoda: el ritmo de los modelos ya superó lo que la mayoría de la gente anticipaba, y esa distancia entre lo que existe y lo que se entiende es, en sí misma, un problema.

“Me sorprende la falta de participación fuera de la industria en cuanto a los problemas que se plantearán y cómo evitar o minimizar los posibles efectos negativos de la IA.”Bill Gates

El debate se quedó encerrado en el chat de los técnicos

Para Gates, la discusión sobre cómo controlar esta tecnología quedó reducida casi por completo al sector tecnológico. Faltan, dice, científicos de otras disciplinas, expertos en políticas públicas, organismos estatales y organizaciones sociales. No se trata de frenar la innovación sino de identificar los problemas antes de que se vuelvan irreversibles, algo parecido a revisar las cañerías del edificio antes de que revienten y haya que mudar a todo el consorcio.

El empresario reconoció que esta mirada es un cambio respecto de su propio optimismo de siempre. Esta vez admitió, sin rodeos, que existe la posibilidad concreta de que los efectos negativos terminen siendo mayores que los positivos si no aparecen mecanismos de control. También dijo algo poco habitual en alguien de su perfil: que no tiene todas las respuestas y que varios de los desafíos van a exigir colaboración global entre personas con conocimientos muy distintos.

Lo que Gates sigue viendo del otro lado

  • Herramientas para asistir a agricultores golpeados por el cambio climático.
  • Aceleración de avances científicos en salud.
  • Desarrollo más rápido de soluciones contra enfermedades como la malaria.
  • Aplicaciones para reducir desigualdades en educación y acceso a información.

O sea: Gates no se volvió apocalíptico. Sigue convencido de que la IA puede resolver problemas enormes, pero por primera vez en años dice en voz alta que el escenario negativo no es un escenario de película: es una probabilidad. Y acá la responsabilidad no es solo de los ingenieros que entrenan los modelos, esos programas de computadora que procesan montañas de datos para aprender a respondernos; también es de quienes legislan, de quienes enseñan y de quienes votan. Pretender que el tema se resuelve adentro de las empresas que fabrican esta tecnología es como dejar que el que construyó el edificio decida también las normas de los matafuegos.

Mi consejo, si te interesa el tema y no querés quedar mirando el techo mientras otros deciden por vos: empezá por las fuentes oficiales, leé los documentos que ya publicaron organismos como la OCDE o la UNESCO sobre inteligencia artificial, y seguí a divulgadores que traduzcan lo técnico sin vender humo. La regulación de esta tecnología se va a discutir con gente adentro de la sala o sin ella; y si la sala queda vacía de voces no tecnológicas, no es un problema de ellos, es un problema nuestro.

GT
Gonzalo TelloTecnología

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