Casi la mitad de los trabajadores argentinos descarta ofertas que obligan a ir todos los días a la oficina
Un relevamiento de Bumeran muestra que los gastos de transporte, comida y vestimenta pesan más que el salario a la hora de elegir un puesto. El formato que combina casa y oficina sigue siendo el más buscado.

A esta altura del año, con el termómetro de la discusión laboral subiendo otra vez, me toca abrir la nota como suelo hacerlo cuando un dato me llama la atención: el 48 por ciento de los trabajadores argentinos encuestados por el portal de empleos Bumeran aseguró haber rechazado, en algún momento, una oferta laboral por la sencilla razón de que le exigían presencialidad plena. La cifra no es un número más en la agenda de recursos humanos: es una señal de cómo se reconfiguró la relación entre el empleado y la empresa después de la pandemia, y de cuánto pesan los costos cotidianos de ir a trabajar cuando uno evalúa una propuesta.
El estudio, titulado 100% Presencialidad, reunió más de tres mil participantes entre trabajadores y especialistas en recursos humanos, y dejó al desnudo algo que en las conversaciones de café se repite pero que pocas veces se traduce en estadística: los gastos de transporte, las comidas afuera y hasta la ropa que hay que renovar pesan en la decisión. Entre quienes eligen un esquema remoto o híbrido, el 73 por ciento destacó la reducción de esos desembolsos y un 83 por ciento mencionó especialmente el ahorro en traslados como una ventaja concreta de no tener que pisar la oficina todos los días.
La plata manda, pero no es lo único
Porque, claro, no es solo una cuestión de bolsillo. El mismo relevamiento mostró que el 77 por ciento de los que prefieren trabajar a distancia o alternar con la oficina valora compatibilizar mejor el empleo con la vida personal, y un 63 por ciento pondera la posibilidad de organizar los propios horarios. Dicho de otro modo: cuando alguien mira una oferta, no está pesando únicamente el sueldo, sino todo lo que ese sueldo tiene que cubrir una vez que sale de su casa.
Las cifras concretas son elocuentes. El 39 por ciento de los encuestados afirmó haber descartado una propuesta porque requería concurrir todos los días a la oficina, y otro 9 por ciento rechazó puestos que pedían cierta asistencia presencial. Sumados, dan el 48 por ciento que abre esta nota. En el otro extremo, un 50 por ciento nunca rechazó una oportunidad por su modalidad y un 2 por ciento llegó a desestimar un puesto por ser enteramente remoto. Y hay más: ante una propuesta que no coincidiera con su esquema ideal, el 64 por ciento dijo directamente que la rechazaría.
La decisión, casi siempre, la toma la empresa
Ahora bien, tan a dónde queda la posibilidad real de elegir. El 73 por ciento de los participantes indicó que la organización fijó por su cuenta la modalidad vigente, sin consulta. Solo un 7 por ciento señaló que hubo una decisión conjunta, un 11 por ciento explicó que la definición corresponde a cada equipo y un 9 por ciento afirmó que puede resolverlo individualmente. Es decir, la autonomía que los trabajadores valoran a la hora de aplicar a un empleo es, en la práctica diaria, bastante más acotada de lo que parece.
- El formato híbrido reúne al 47 por ciento de los trabajadores relevados, seguido por el presencial con el 33 por ciento y el remoto con el 20 por ciento.
- Si pudieran escoger, el reparto cambiaría: el 51 por ciento combinaría hogar y oficina, el 41 por ciento trabajaría a distancia y solo el 8 por ciento asistiría todos los días.
- Entre quienes prefieren la oficina, el 49 por ciento destaca el vínculo con sus compañeros y el 45 por ciento pondera las facilidades para comunicarse y trabajar en equipo.
Mirado de la hilera a la góndola del mercado laboral, el mensaje es bastante directo: el salario importa, pero también importa cuánto cuesta llegar hasta ese salario. Y en un contexto económico donde cada peso cuenta, la ecuación cambia. Lo que todavía el Estado y muchas empresas no resolvieron es cómo acompañar esa transición con reglas claras, beneficios para quienes trabajan a distancia y un marco que contemple los costos reales que asume quien elige volver, todos los días, a la oficina.
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