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Chaco quiere tejer una red de salud mental que llegue al barrio antes que la crisis

Un proyecto en la Legislatura chaqueña propone articular bajo un mismo esquema a profesionales, dispositivos y programas que hoy funcionan dispersos. La idea incluye nodos regionales, guardias activas todo el año y un plan personalizado para cada paciente que salga de una internación.

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · 11 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

El sol pega de lleno sobre la plaza central de Resistencia y la térmica no da tregua ni a la sombra de los jacarandáes. En esa misma ciudad, donde el termómetro suele ser el primer tema de conversación antes que el fútbol, la Legislatura del Chaco debate desde hace semanas un proyecto que, si prospera, puede cambiar de raíz la manera en que esta provincia del norte argentino atiende los padecimientos mentales de su gente. La iniciativa apunta a algo aparentemente sencillo pero en la práctica bastante ambicioso: dejar de tener equipos, programas y dispositivos trabajando por separado, muchas veces sin saberse entre sí, y empezar a funcionar como una Red Provincial de Salud Mental Comunitaria, articulada, con presencia en el territorio y reglas claras para todos.

En criollo: la provincia viene funcionando con profesionales muy formados y con vocación, pero cada uno tira para su lado y eso termina dejando al usuario dando vueltas por ventanillas, por hospitales o por derivaciones que nunca llegan. Lo que se propone ahora es poner orden, pero un orden que no sea solo administrativo, sino que se note en la calle, en los barrios y en los pueblos del interior profundo chaqueño.

Nodos regionales y equipos que salgan del hospital

El corazón del proyecto es dividir al Chaco en nodos regionales de salud mental, que se van a apoyar en las regiones sanitarias que ya existen. Cada nodo tendrá que hacer un mapa de su población, de los servicios que están funcionando y de las barreras que hoy impiden que alguien llegue a tiempo a una consulta. Y no se trata solo de estadística: la ley, si se aprueba, va a obligar a armar equipos interdisciplinarios con psicólogos, psiquiatras, enfermeros, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales y acompañantes terapéuticos, entre otros.

  • Consultas ambulatorias en centros de salud y dispositivos barriales.
  • Visitas domiciliarias para quienes no pueden trasladarse o están en situación de vulnerabilidad.
  • Intervenciones en crisis, dentro y fuera de los hospitales.
  • Centros comunitarios, hospitales de día y espacios de rehabilitación psicosocial.
  • Programas de acompañamiento a las familias y de integración educativa, laboral y social.

La lógica, me parece a mí, es bastante directa: la salud mental no se atiende solamente adentro de un hospital con luz blanca y olor a lavandina. Se atiende también en la casa del paciente, en el club del barrio, en la escuela, en la esquina donde alguien sabe que siempre hay un oído dispuesto. Por eso la insistencia del proyecto en que los equipos salgan del edificio y caminen el territorio.

Después de la internación: nadie suelto en la calle

Hay un punto del texto que, leído con detenimiento, resulta el más humano de todos. La ley plantea que toda persona que haya pasado por una crisis o por una internación psiquiátrica va a tener derecho a un Plan Individual de Cuidados, con un equipo responsable asignado y con un abordaje que contemple a la familia y al entorno del paciente. Esto significa, en los hechos, que nadie salga de un hospital con un sobre y un remise y después se quede solo esperando que la próxima crisis llegue.

Guardias todo el año y prevención del suicidio

La otra pata fuerte del proyecto es la atención de urgencias. La idea es montar una estrategia provincial de intervención en crisis que funcione las 24 horas, los 365 días del año, con protocolos comunes para que cada región sanitaria sepa cómo recibir una consulta, cómo evaluar al paciente y cómo actuar cuando hay riesgo cierto de que la cosa termine mal. Y como las crisis de salud mental no avisan ni esperan el horario de oficina, esa disponibilidad permanente no es un detalle menor, es el corazón del asunto.

La prevención del suicidio también tiene capítulo propio. Se propone integrar los programas provinciales que ya están vigentes, darles más fuerza y, sobre todo, ocuparse del después: del posvención, que es el acompañamiento a las familias y a los allegados que quedan transitando el duelo después de una pérdida. En ese punto, la formación continua de los trabajadores de los servicios involucrados aparece como una obligación dentro del texto.

Plazos y letra chica

Si la Legislatura chaqueña le da luz verde al proyecto, el Ministerio de Salud provincial va a tener 180 días corridos para presentar un plan de implementación con metas concretas a cinco años. Es decir, no alcanza con la foto del día de la sanción: después viene el trabajo más silencioso, el de los plazos, los presupuestos y los indicadores que van a permitir saber si la red funciona o si queda en una buena idea escrita en un papel.

Mientras tanto, acá en el barrio la vida sigue con sus rutinas de siempre, con la siesta como institución sagrada y con el zonda que de vez en cuando se cuela desde el sur y arruina el asado del domingo. Pero, como me dijo la semana pasada Mabel, una vecina del departamento Güemes que trabaja hace años en un centro de salud del área metropolitana, "mientras discutamos cómo cuidar mejor a los que están mal, aunque sea en papeles, algo estamos haciendo bien". Y la verdad, mirándolo desde esta vereda caliente de Resistencia, a Mabel no le falta razón.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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