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Martes, 6 de octubre de 2026
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Ciática: cómo elegir movimientos de cadera, abdomen y espalda sin pasarse de rosca y cuándo golpear la puerta del médico

La fisioterapeuta Jennifer Howe describe una serie de posturas orientativas para acompañar el tratamiento, con una regla clara: si el dolor aumenta, se frena. La advertencia de los especialistas ante señales como debilidad, pérdida de sensibilidad o cambios en la vejiga o los intestinos.

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · · 3 min de lectura
Ciática: cómo elegir movimientos de cadera, abdomen y espalda sin pasarse de rosca y cuándo golpear la puerta del médico

La mañana en Buenos Aires arranca con esa térmica que pega de lleno en la nuca, el asfalto todavía húmedo del rocío y el viento que se cuela entre los edificios de Palermo. Pero antes de que el termómetro marque su pico, en muchos consultorios de kinesiología se repite una consulta que se volvió casi tan frecuente como el mate de las diez: qué hacer con la ciática, ese dolor que baja desde la cintura hasta la pierna y que puede dejar a cualquiera mirando el techo de la habitación, sin poder atarse los cordones. La pregunta del millón, claro, es si conviene moverse o quedarse quieto. Y la respuesta, como suele pasar en medicina, tiene letra chica.

La fisioterapeuta Jennifer Howe, citada por el material de referencia, lo explica de manera bastante directa: los ejercicios de cadera, abdomen y espalda pueden ser un buen acompañamiento del tratamiento, pero los movimientos tienen que seleccionarse a medida de cada paciente. No es lo mismo una molestia que aparece de vez en cuando después de cargar las bolsas del supermercado que un dolor que no afloja y empieza a dormir a la pierna. Por eso, antes de probar cualquier postura en el living de casa, conviene tener claro el punto de partida.

La regla de oro: si duele más, se frena

Acá viene la indicación que se repite como un mantra en cualquier consultorio que se precie: si el ejercicio genera más dolor o más presión de la que ya estaba, hay que detenerse en seco. No es cuestión de hacerse el fuerte ni de pensar que con un poco más de esfuerzo se va a destrabar algo. El cuerpo avisa, y la idea es escucharlo. Howe lo plantea sin rodeos: las posturas y los tiempos que describe son orientativos, no una receta que sirve igual para el que trabaja en una oficina con aire acondicionado que para el que camina todo el día repartiendo pedidos en La Paternal.

Ahora bien, hay señales que no admiten espera. La debilidad en la pierna, una pérdida marcada de sensibilidad y los cambios en el control de la vejiga o los intestinos son motivos suficientes como para golpear la puerta de un médico cuanto antes, sin pensarlo dos veces. El cirujano ortopédico de columna Rohan Desai, también consultado en el informe, recuerda que la irritación del nervio ciático puede dar dolor, sensación de quemazón u hormigueo en la zona lumbar y en una pierna, pero esas molestias por sí solas no alcanzan para armar una rutina en la cocina: hace falta una evaluación profesional y, sobre todo, ver cómo reacciona cada cuerpo.

Las posturas que propone Howe, paso a paso

Como se ve, ninguna de estas indicaciones viene con un sello que diga haga esto y listo. El propio Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica del Reino Unido, conocido por su sigla NICE, recomienda recuperar las actividades cotidianas de acuerdo con la evolución de cada paciente, algo que en la práctica se traduce en ir probando, ajustar sobre la marcha y no apurarse. Marta, vecina de San Telmo que arrastra un dolor ciático desde hace un par de meses, lo resume con una frase que bien podría cerrar esta nota: «Yo aprendí que no hay que tenerles miedo a los movimientos, pero tampoco hay que hacerles el quite al médico. Las dos cosas van juntas, como el pan y la manteca».

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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