Control Resonant se sube al lomo del Aberrant y lleva a Dylan Faden a buscar a su hermana por una Nueva York partida en dos
El nuevo juego de Remedy pone al hermano de Jesse en el centro de la escena, troca los tiroteos por golpes cuerpo a cuerpo y propone recorrer una ciudad deformada por el Hiss, con un arma que muta según el ataque y poderes que se recargan en plena pelea

Te confieso algo antes de arrancar: cuando me senté a probar Control Resonant, la primera sensación fue la de pisar una Nueva York que no es Nueva York. Calles conocidas, sí, pero torcidas, como si alguien las hubiera estirado de los bordes hasta dejarlas irreconocibles. Esa es la postal que entrega Remedy con esta secuela, que deja a Jesse Faden en el misterio y pone a su hermano Dylan al frente de la historia.
El motor de todo es la desaparición de Jesse, que lleva ya siete años sin dar señales. Dylan, que carga con un pasado pesado dentro de la Oficina Federal de Control y con no pocas dificultades para manejar sus propios poderes, termina aceptando colaborar con el organismo para ir a buscarla. El periplo lo lleva por una ciudad aislada entre dimensiones, después de que el Hiss escapara de la Casa Inmemorial y se expandiera como una mancha de aceite por cada manzana.
Un arma que se transforma con cada golpe
La gran novedad jugable se llama Aberrant, y es de esas armas que parecen salidas de un sueño raro. Con el mismo objeto en la mano, Dylan puede convertirlo en espada, guadaña, martillo o taladro, según lo que necesite en cada combate. Lo mejor es que no hay que andar eligiendo variantes en un menú: la forma cambia sola cuando hacés un ataque ligero, uno pesado o cerrás una combinación. Y a medida que conseguís mejoras, podés ir ajustando todo a tu estilo de pelea.
- Espada para cortes rápidos y encadenados.
- Guadaña con arrastre para juntar varios enemigos.
- Martillo para romper defensas y mandar rivales por aire.
- Taladro para atravesar barreras y rematar a los más duros.
El combate se aleja del esquema shooter del primer Control y se apoya en lo cercano. Eso no significa que la acción se quede quieta: hay esquivas, impulsos que te lanzan por el aire, una suerte de flotación temporal y hasta la chance de cortar una animación para esquivar y seguir pegando si no recibís un golpe. Dylan se mueve como si supiera que quedarse parado es la peor de las ideas.
Pegar para sobrevivir
El sistema de recursos también cambia. Cada golpe cuerpo a cuerpo recarga la energía que alimenta las habilidades especiales, y los enemigos que caen dejan salud. Por eso atacar no es solo una forma de avanzar, sino también de sostenerse: si te quedás a la defensiva, te quedás sin nafta. Y ojo con los adversarios grandes, que sueltan criaturas de manera continua, así que decidir a quién encarar primero es parte del truco en cada encuentro.
Entre los poderes que Dylan puede activar está Ignite, que prende fuego el arma y aplica quemaduras, una mano derecha a la hora de limpiar grupos. El crecimiento del personaje suma árboles de habilidades, mejoras específicas del Aberrant y aumentos opcionales de salud y energía, mientras que las misiones principales y las actividades secundarias van elevando el estatus de Dylan en cada zona, un detalle que invita a recorrer hasta el último rincón.
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