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Créditos de billeteras digitales: por qué nueve de cada diez deudores ya tienen un plan de pago y cómo se lee la tasa que parece una locura

Algo más de dos millones de personas con préstamos otorgados por fintech y billeteras digitales están en mora en la Argentina. El sector aclaró ante Diputados que la gran mayoría ya accedió a un esquema de refinanciamiento y explicó por qué una Tasa Nominal Anual del 194% no significa devolver diez veces lo pedido.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo · 10 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

El sol pega de lleno sobre la Hilera Central de parrales en Luján de Cuyo y la primera lectura que hago, como todas las vendimias, es térmica: cuando el termómetro pasa los treinta grados a media mañana, la planta empieza a cerrar estomas y la uva deja de ganar azúcar en la piel, aunque la pulpa siga madurando. Esa misma lógica de leer el dato en su contexto es la que me sirve para mirar los números que la Cámara Argentina Fintech llevó esta semana a la Comisión de Finanzas de la Cámara de Diputados: cifras que, miradas de una sola manera, asustan; leídas con cuidado, cuentan otra historia. Y acá vengo a contarles esa otra historia, de la hilera a la góndola, porque detrás de cada tasa hay una persona que pidió un crédito para llegar a fin de mes.

La foto de arranque es la siguiente: en la Argentina hay cerca de 21 millones de personas con acceso a crédito formal, una cifra que no tiene antecedentes en el país. De ese universo, 5,8 millones registran algún grado de irregularidad crediticia, es decir, pagan tarde, pagan parcial o directamente dejaron de pagar. Dentro de ese grupo, 2,4 millones tienen préstamos otorgados por fintech o por billeteras digitales, lo que representa el 16% del total de los créditos en mora del sistema financiero. No es un dato menor: una de cada seis personas en problemas con un banco, una tarjeta o un crédito tradicional lo está, en realidad, con una aplicación del celular.

Nueve de cada diez ya negociaron una salida

Frente a ese panorama, el sector informó que el 90% de esos deudores ya cuenta con algún esquema de refinanciamiento, asistencia o alternativa de salida ordenada. El objetivo declarado es doble: por un lado, evitar que la deuda se convierta en una bola de nieve que termine ahogando al deudor; por el otro, permitir que la persona pueda seguir construyendo historial crediticio, algo que en la Argentina vale como un documento y se pierde con una sola mancha en el reporte.

Como me decía Rubén, un viñatero de San Carlos que alguna vez pidió un préstamo personal para arreglar la bomba de riego, 'cuando te atrasás, lo peor no es la plata: lo peor es que el sistema te borra'. Esa frase, escuchada al costado de una bodega, resume mejor que cualquier gráfico por qué la refinanciación no es un favor: es una necesidad de las dos partes, la del que prestó y la del que pidió.

Por qué la tasa anual parece una locura (y no lo es)

El punto que más llamó la atención en la exposición fue la lectura de las tasas. La Cámara Argentina Fintech aclaró que las billeteras y las plataformas no prestan el dinero de los usuarios que tienen saldo en sus cuentas, algo que la regulación prohíbe de manera expresa. En cambio, toman líneas de crédito de bancos o del mercado de capitales, y se las otorgan a personas que, en muchos casos, nunca habían accedido a un préstamo formal o no tenían garantías tradicionales. Esa combinación de mayor riesgo y fondeo más caro se traslada, inevitablemente, al costo final.

Pero el dato más fuerte fue el del ejemplo que llevó el propio sector para mostrar cómo se malentiende una tasa: un préstamo de cien mil pesos a catorce días implica devolver ciento nueve mil pesos, de los cuales siete mil cuatrocientos son intereses y mil seiscientos son impuestos. El costo efectivo para ese plazo concreto es del 9%. Ahora bien, cuando esa cifra se anualiza, la Tasa Nominal Anual salta al 194%, la Tasa Efectiva Anual llega al 550% y el Costo Financiero Total Efectivo Anual trepa al 850%. Y acá viene la aclaración que cambia todo: eso no quiere decir que quien pidió cien mil vaya a terminar devolviendo novecientos cincuenta mil. Quiere decir que, si ese mismo crédito se renovara todos los meses durante un año entero, el costo acumulado sería ese. Como me dijo una vez un asesor financiero mientras compartíamos un café en Maipú, 'anualizar un crédito de dos semanas es como medir la velocidad de un auto en metros por hora: el número es verdadero, pero no sirve para manejar'.

Crédito regulado versus crédito informal

La Cámara también marcó una línea que a mí, como alguien que ve todos los días cómo se mueve la economía real, me parece central: la diferencia entre el crédito regulado y el crédito informal. El primero ofrece contrato escrito, supervisión del Banco Central, defensa del consumidor y canales de reclamo formales. El segundo, en cambio, puede dejar a las personas sin ningún tipo de respaldo frente a un abuso. Y acá aparece, una vez más, el Estado como actor pendiente.

Porque, más allá de los números que llevó el sector, lo que todavía no se resolvió del otro lado del mostrador es la articulación de una política pública que combine tres cosas: educación financiera masiva en las escuelas secundarias, mecanismos de refinanciación automáticos para los créditos de menor monto y un registro único de deudores que permita distinguir, de una vez por todas, entre el que no puede pagar y el que no quiere pagar. Mientras esa mesa no se arme, vamos a seguir leyendo tasas que parecen disparatadas y cifras de mora que, miradas sin contexto, condenan a millones de argentinos que, en realidad, ya están buscando la puerta de salida.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo

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