Cuando la rodilla no deja dormir: señales para no dejar pasar el dolor nocturno
Un especialista en medicina deportiva explica por qué la molestia se acentúa al acostarse, qué medidas caseras pueden aliviar mientras se espera la consulta y cuándo conviene ir al médico de forma urgente.

Acá, en la redacción, todavía no se fue el zonda de la tarde y ya estoy pensando en esa queja que repetimos los argentinos grandes cada vez que nos sentamos en la cama: "esta rodilla no me deja pegar un ojo". Lo cierto es que el dolor nocturno de rodilla es un síntoma común, pero no es un detalle menor, y conviene prestarle atención cuando empieza a sabotear el descanso o a cambiar la rutina de todos los días, como me lo dejó bien claro el médico Wesley Baker, especialista en medicina deportiva y atención primaria.
Por qué duele más de noche
La explicación, según Baker, tiene bastante lógica y uno la entiende rápido cuando lo escucha. Durante el día, el movimiento de la articulación ayuda a mantenerla lubricada, como si fuera una bisagra que se va aceitando con el uso. Al acostarnos, esa actividad baja, la lubricación disminuye y queda al descubierto todo el dolor acumulado del día. A eso se suma la presión sostenida de una misma posición y, si la molestia ya venía arrastrándose, de noche se nota el doble. Lo que me quedó dando vueltas es que no se trata de que la rodilla esté peor a las tres de la mañana, sino de que durante la jornada el cuerpo la estaba distrayendo.
- Inflamación crónica asociada a artritis, que se percibe más en reposo.
- Lesiones previas o por sobreuso, como las que deja correr sobre pavimento.
- Artrosis con desgaste del cartílago, que reduce el espacio dentro de la articulación.
- Posición sostenida durante horas, que aumenta la presión sobre la zona.
- Hinchazón residual que se acumula a lo largo del día y se hace más evidente al acostarse.
Lo que se puede hacer en casa mientras se espera la consulta
Antes de salir corriendo a la farmacia, Baker propone revisar qué medicamentos se están tomando, porque los antiinflamatorios clásicos como el ibuprofeno y el naproxeno pueden chocar con anticoagulantes y otros fármacos de uso frecuente en personas mayores. La elección de alternativas, como el paracetamol, tiene que conversarse con el profesional de cabecera. Mientras tanto, hay varias medidas simples que pueden bajar la incomodidad sin necesidad de un comprimido.
- Cambiar la postura al dormir: una almohada entre las piernas si se descansa de costado, o debajo de las rodillas si se duerme boca arriba, para reducir el contacto dentro de la articulación.
- Aplicar calor en molestias crónicas asociadas a artritis.
- Aplicar frío en lesiones recientes o cuando hay hinchazón, porque el hielo disminuye la sensibilidad de la zona.
- Usar geles, cremas o parches antiinflamatorios de venta libre como alivio localizado.
- Optar por ejercicios de bajo impacto, como natación o ciclismo, para mantener activa la rodilla sin castigarla.
“Elegir un tratamiento requiere conocer qué la provoca, porque no es lo mismo una sobrecarga por correr en pavimento que un cuadro de artritis que viene de años.”Wesley Baker, especialista en medicina deportiva y atención primaria
Lo que más me sirve para recomendarlo a los vecinos de toda la vida es lo que me resumió Baker al final de la charla: si el dolor corta el sueño, si aparece hinchazón que no estaba, si cuesta subir las escaleras o levantarse de la silla como antes, la consulta no puede esperar. Como me dijo Carmen, de La Boca, mientras esperábamos el colectivo: "uno se acostumbra a quejarse, pero cuando te roba las horas de descanso, ya no es aguante, es una señal". Tiene razón Carmen, como tantas veces.
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