Cuánto cobra en septiembre una empleada doméstica que trabaja cuatro horas por semana en la Argentina
La escala salarial del personal de casas particulares fijó nuevos pisos para el noveno mes del año, con subas del 1,8% sobre agosto y la primera cuota del adicional extraordinario que se pagó el mes pasado. Los valores cambian según la tarea y si la trabajadora vive o no en el hogar donde presta servicios.

La definición del tiempo en la Argentina de septiembre viene marcada, como ocurre cada año por estas fechas, por una transición que se siente en la rutina de las familias y en la organización de los hogares: la salida del invierno más crudo, la llegada de días que se estiran y la necesidad de reorganizar tareas que durante los meses fríos quedaron postergadas. En ese contexto, y en un país donde el trabajo doméstico sigue siendo una de las principales fuentes de empleo femenino, el Gobierno nacional actualizó los valores mínimos que deben cobrar las empleadas domésticas, una decisión que impacta de manera directa en miles de familias que todos los meses deben sentarse a calcular cuánto pagan por un servicio que, en la mayoría de los casos, resulta imprescindible.
Para quienes contratan a una trabajadora bajo la modalidad de cuatro horas semanales, el mes de septiembre arrancó con una suba del 1,8% sobre los valores que rigieron durante agosto, un porcentaje que se suma a la primera cuota de un adicional extraordinario que se abonó el mes pasado y que ahora se incorpora al salario básico de manera gradual. La escala, que depende tanto de la tarea que realiza la empleada como de si vive o no en el domicilio donde trabaja, presenta diferencias marcadas entre las distintas categorías y obliga a los empleadores a revisar sus liquidaciones para no quedar desactualizados respecto de lo que marca la normativa vigente.
Los valores mínimos para cuatro horas semanales, según categoría y modalidad
- Personal de tareas generales con retiro: $15.658,56 por las cuatro horas, resultado de aplicar un piso horario de $3.914,64.
- Personal de tareas generales sin retiro: $16.743,76, con un valor por hora de $4.185,94.
- Asistencia y cuidado de personas con retiro: $16.743,76 por las cuatro horas semanales.
- Asistencia y cuidado de personas sin retiro: $18.567,60 por la misma carga horaria.
- Caseros y caseras, que viven en la vivienda donde trabajan: $16.743,76 por las cuatro horas.
- Tareas específicas con retiro: $17.690,16, y sin retiro: $19.239,20.
- Supervisoras con retiro: $18.581,32, y sin retiro: $20.198,32, que es el piso más alto de toda la escala.
Cuando una misma trabajadora cumple funciones que corresponden a más de una categoría, la escala establece que debe encuadrarse según la actividad principal que realiza de manera habitual, una definición que termina definiendo el valor horario mínimo aplicable y que, en la práctica, suele ser motivo de discusión entre las partes cuando no queda clara desde el inicio de la relación laboral cuál es la tarea predominante.
El cronograma de aumentos hasta fin de año
El ajuste de septiembre no es el último del año. La resolución que oficializó la suba también fijó los incrementos que regirán en los meses siguientes: 1,7% en octubre y 1,6% tanto en noviembre como en diciembre, siempre aplicados sobre los valores del período anterior. A ese cronograma se agrega la incorporación gradual de una suma extraordinaria que se pagó en agosto. Las trabajadoras con menos de doce horas semanales recibieron ese mes un adicional de 8.000 pesos, un importe que ahora se integra al salario básico en tres tramos: 2.000 pesos en septiembre, 4.000 en octubre y 2.000 en noviembre, hasta completar el total.
Qué pasa con quienes trabajan en modalidad mensualizada
Para las empleadas que cumplen una jornada mensual completa, los valores son muy distintos y están definidos en una escala separada. El mínimo de septiembre para tareas generales con retiro es de 480.247,85 pesos y sin retiro llega a 529.261,78 pesos. Las supervisoras mensualizadas perciben desde 579.493,14 pesos con retiro hasta 640.641,55 pesos sin retiro, que es el techo de toda la grilla. La normativa aclara que estos montos son pisos legales: empleadores y trabajadoras pueden acordar remuneraciones superiores a los definidos en la escala, pero nunca por debajo de esos valores.
En definitiva, y más allá de los números finos que se publican cada mes, lo que queda flotando en el aire es una discusión de fondo que el Estado todavía no resolvió de manera definitiva: cómo se formaliza, cómo se controla y cómo se blinda el trabajo doméstico en la Argentina, una actividad que emplea a millones de mujeres y que, en la mayoría de los casos, sigue desarrollándose en condiciones de informalidad, con salarios que, pese a los ajustes periódicos, corren detrás de una inflación que nunca termina de ceder y que castiga con especial dureza a las familias de menores ingresos, que son justamente las que más dependen de este tipo de contrataciones para sostener su vida cotidiana.
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