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Cuidar a un familiar en Argentina: una encuesta de la Universidad Austral revela que cuatro de cada diez cuidadores principales atraviesan una sobrecarga intensa

La investigación, hecha entre más de mil personas de todo el país, mostró que el peso del cuidado recae sobre todo en las mujeres y deja huella en el descanso, los proyectos personales y el empleo. La calidad del acompañamiento, dicen los autores, pesa más que la cantidad de manos que se ofrecen.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · · 6 min de lectura
Cuidar a un familiar en Argentina: una encuesta de la Universidad Austral revela que cuatro de cada diez cuidadores principales atraviesan una sobrecarga intensa

La tarde cae pesada en la Ciudad de Buenos Aires, con esa calidez húmeda que se pega a la vereda y que en algunas provincias viene acompañada por el viento zonalista que no da tregua, y en medio de ese clima que invita a quedarse quieto en casa uno se topa con un dato que cuesta digerir: cuidar a un familiar en la Argentina no es una tarea menor ni liviana, sino un trabajo de acuerdo con no descuenta, y así lo acaba de confirmar un relevamiento de la Universidad Austral que recorrió el país entre octubre de 2025 y abril de 2026. La encuesta,respondida por internet por 1.028 personas mayores de 18 años,reveló que el 20,4 por ciento de los encuestados cuida a alguien de su entorno más cercano, y que en ese universo la sobrecarga intensa aparece en el 40,8 por ciento de quienes cargan con la responsabilidad principal, un número que los propios investigadores describen como un umbral que ya pide intervención profesional.

A mí me tocó conversar, mientras preparaba esta nota, con Ester, una vecina del departamento de Palermo que hace cuatro años se hace cargo de su papá con principios de demencia, y me dijo algo que resume mucho de lo que muestra el informe: yo duermo mal, no viajo más y el laburo se me acomoda como puede, no es que no me quejo, es que ya ni me doy cuenta, el cuerpo se acostumbra a funcionar en pausa. Esa sensación de pausa permanente es,justamente, lo que midió la Universidad Austral con la escala de Zari,un cuestionario de 22 ítems que se usa en todo el mundo para detectar el nivel de agotamiento de quien cuida, y el resultado fue contundente: seis de cada diez cuidadores principales presentaron algún grado de sobrecarga y un 40,8 por ciento llegó al nivel intenso, el que los especialistas consideran que ya requiere acompañamiento.

Las mujeres concentran el peso y los números no dejan dudas

El relevamiento pone nombre y apellido a algo que en la Argentina se repite en cada casa: cuidar sigue siendo, en buena medida, tarea de mujeres, no porque a los varones les falte voluntad, sino porque los datos muestran que el 60,6 por ciento de las mujeres cuidadoras asume el rol principal, frente a un 44,4 por ciento de los varones, y esa diferencia se traduce después en el cuerpo y en la vida cotidiana. Entre las cuidadoras, el 54 por ciento reconoció que esa responsabilidad les impedía descansar lo necesario y el 44 por ciento dijo que les limitaba los proyectos personales, mientras que entre los hombres esas proporciones cayeron al 30 y al 10 por ciento, respectivamente, una brecha que los investigadores leyeron como una señal de alerta sobre cómo se distribuyen los tiempos de cuidado en los hogares argentinos.

  • El 60 por ciento de las cuidadoras mujeres carga con el rol principal, frente al 44,4 por ciento de los varones.
  • El 54 por ciento de las mujeres dijo que cuidar le complica dormir bien, y el 44 por ciento sostuvo que le impide sostener proyectos propios.
  • El 30 por ciento de los cuidadores varones mencionó problemas de descanso y solo el 10 por ciento reportó limitaciones en sus proyectos personales.
  • El 75 por ciento de los cuidadores principales tiene además un trabajo remunerado, lo que vuelve aún más fina la línea entre el agotamiento y la organización diaria.

Tener ayuda no alcanza: importa cómo se acompaña

Hay un hallazgo del trabajo que a mí me parece de los más valiosos para pensar este tema con seriedad, y es que recibir apoyo no siempre alcanza, porque la sobrecarga intensa se mantuvo en el 40 por ciento tanto entre quienes dijeron tener acompañamiento como entre quienes reconocieron que están solos, lo que llevó a los autores a remarcar que importa la calidad del apoyo y no solamente su existencia, un punto que me parece clave para entender por qué en tantos hogares de acá a la vuelta, en departamentos de Belgrano, de San Telmo o de cualquier ciudad del interior, no alcanza con que alguien se acerque a preguntar cómo estás. Para medir esa calidad, la Universidad Austral desagregó el acompañamiento en tres dimensiones: la afectiva, que abarca el estado emocional,la informacional, que refiere a tener orientaciones claras, y la operativa, que implica la presencia real de quien vuelve a la realidad del día a día, y concluyó que la sobrecarga se sostiene cuando esas tres patas no están firmes, no solamente cuando falta gente alrededor.

El trabajo remunerado fue otra de las variables que el informe cruzó con cuidado, y la foto que dejó vuelve a confirmar la desigualdad de origen que pesa sobre las cuidadoras: el acceso promedio a licencias y prestaciones,que iban desde maternidad y paternidad hasta enfermedad familiar, eventos familiares y guardería,fue del 53,7 por ciento entre los trabajadores formales, mientras que cayó al 17,1 por ciento entre los informales y se desplomó al 9,5 por ciento entre los independientes, un piso que deja a buena parte de quienes sostienen el cuidado familiar con muy pocas herramientas administrativas a la hora de organizar su propia vida laboral, y que explica por qué tantas mujeres, acá en Buenos Aires y en el conurbano bonaerense y en cada pueblo del interior, terminan eligiendo entre renunciar, ajustar horarios o directamente quedarse sin red formal de protección.

También hay un costado gratificante, y conviene no perderlo de vista

Ahora bien, y acá viene la parte que me parece importante no dejar afuera de la nota, el relevamiento también registró experiencias positivas en el 95,7 por ciento de los cuidadores principales, que reconocieron al menos un aspecto gratificante de lo que hacíamos, y entre los más mencionados aparecieron el afecto recíproco, los momentos compartidos con la persona cuidada y los cambios que se fueron viendo en el familiar asistido, una lista que recuerda que, aun en medio del cansancio, hay relación con el cuidado que no se mide solo en escalas clínicas, sino también en cuidadoras como Ester, que al cerrar la charla me dijo algo que me quedó dando vueltas, en su manera simple y cierta de poner las cosas: yo a veces no duermo, a veces pienso, pero cuando mi papá me reconoce y me dice mi hija, todo vuelve a tener sentido, y esa frase, que es la que me llevo de esta nota, es la que mejor describe la complejidad de un mundo que no se reduce a un porcentaje ni a un titular, y que pide políticas públicas serias y, sobre todo, redes concretas de afecto bien organizado y bien distribuido, no desde una defensa cerrada de ningún sector, sino desde la búsqueda de un equilibrio que hoy, en esta Argentina que transita la nota, todavía está pendiente.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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