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De Neuquén a Caracas: el voluntario que cumplió un deseo, cruzó un continente y se quedó a hacer el aguante

Juan Diego Lorente, presidente de la Filial Neuquén de Cruz Roja Argentina, entregó las cenizas de un venezolano en Perú, viajó por su cuenta hasta Venezuela tras el terremoto y se sumó como voluntario a la Cruz Roja local. En Caracas entabló un vínculo inesperado con un profesor de un gimnasio al aire libre que lo marcó tanto como la propia misión.

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · 14 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Acá en Neuquén el viento zonda suele pegar de lleno contra la vereda y uno aprende a leer las noticias con esa mezcla de calor y resignación que ya es parte de la paisajística cotidiana, pero la historia que me toca contar esta semana corre mucho más lejos que cualquier ráfaga porque arranca en el Hospital Provincial Neuquén, sigue en Lima, termina por ahora en Caracas y deja a un vecino de los nuestros, Juan Diego Lorente, con la espalda doblada de tanto trajín humanitario y con la certeza de que cuando alguien le pide que cumpla un deseo, él no le dice que no aunque eso implique cruzar medio continente con la plata de su propio bolsillo y el respaldo de la familia que queda acá haciendo fuerza desde atrás.

416 días en una cama de hospital y un pedido concreto

El protagonista involuntario de todo esto fue Néstor Tovar Ibarra, un ciudadano venezolano que vivía en Neuquén y que cayó de mala manera, se llevó por delante una lesión medular que lo dejó paralítico y terminó pasando 416 días internado en el Hospital Provincial Neuquén, un tiempo largo donde fue atendido por el equipo de Traumatología, acompañado por integrantes de la comunidad venezolana local y por voluntarios de Cruz Roja, y donde además le diagnosticaron un cáncer de próstata que terminó siendo el golpe definitivo: Néstor murió en Neuquén sin haber podido volver jamás a su país.

Su último pedido, según me contaron, fue bien concreto y bien terrenal: quería que sus cenizas llegaran hasta su hermano Adrián, que vive en Perú, y que esa voluntad se cumpliera aunque él ya no pudiera tomar un avión, aunque ya no pudiera hacer nada, y ahí es donde aparece Juan Diego Lorente, presidente de la Filial Neuquén de Cruz Roja Argentina, que asumió la tarea, se sentó a coordinar el traslado con el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y empujó el operativo hasta que las cenizas fueron entregadas a la familia en destino, un trámite administrativo y humano que a veces parece menor y que sin embargo para mucha gente es literalmente cerrar un ciclo que llevaba años abierto.

De Perú a Venezuela, con recursos propios y sin operativo oficial

Cumplida esa primera parte, Lorente no regresó de inmediato, no se subió al primer vuelo de vuelta a Neuquén, sino que por iniciativa propia, con sus propios fondos y con el acompañamiento de su familia, decidió seguir viaje hasta Venezuela para ponerse a disposición de la Cruz Roja Venezolana como voluntario frente a los efectos del terremoto que azotó al país, una decisión que desde la propia Cruz Roja Argentina aclaran que no responde a una misión operativa oficial de su personal en Venezuela, aunque sí reconocen que la organización brinda apoyo material y económico y que tiene los mecanismos listos para activar un eventual despliegue si la situación lo llegara a requerir, un matiz institucional importante que no le quita ni un milímetro de mérito a lo que Juan hizo con lo que tenía en el bolsillo.

En Venezuela, Lorente recorrió zonas afectadas por el terremoto, vio edificios dañados, estructuras colapsadas y sectores golpeados por el sismo, se codeó con la realidad cruda de un país que viene golpeado de hace rato y al que ahora se le sumaba un movimiento telúrico encima, y en medio de ese recorrido, casi como una pausa de humanidad, encontró cerca de su alojamiento en Caracas una plaza con un gimnasio al aire libre, abierto hasta la medianoche, gratuito y con un profesor presente, un hallazgo que para cualquiera sería apenas una anécdota turística pero que para él, ligado desde hace años al culturismo, se convirtió en una puerta de entrada a otra historia.

El profesor del gimnasio y la decisión de quedarse a hacer el aguante

Porque la charla con ese profesor fue tomando otro cariz, se fue corriendo del tono amable y deportivo y se metió de lleno en lo más delicado: el hombre le habló de pérdidas familiares provocadas por el terremoto, de un largo distanciamiento con su madre de 73 años y de un lugar puntual relacionado con el sismo al que había intentado acercarse sin poder hacerlo porque el peso emocional le resultaba todavía insoportable, y ahí, sin que nadie se lo pidiera y sin papeles que lo avalen, Lorente tomó una decisión que a mí me parece enorme: decidió acompañar a ese hombre, quiere estar a su lado cuando intente el reencuentro con su madre y cuando se acerque a ese sitio al que no pudo llegar solo, una decisión que excede cualquier protocolo, que corre por cuenta de la sensibilidad personal y que muestra una forma de militancia humanitaria que no siempre cabe en los manuales de las organizaciones.

“Yo lo voy a acompañar cuando intente el reencuentro con su madre y cuando se acerque a ese sitio al que no pudo llegar solo.”Juan Diego Lorente, presidente de la Filial Neuquén de Cruz Roja Argentina

Mientras escribo esto, del otro lado del cable, Juan Diego sigue en Venezuela haciendo lo que sabe hacer, estar donde hace falta, y acá en Neuquén lo esperamos con el café listo y la vereda todavía tibia del zonda, porque hay historias que no se agotan en un título y que cuando uno las cuenta siente que está devolviéndole algo a un vecino que se la pasó dando sin pedir nada a cambio.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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