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Después de los 30, el hueso empieza a perder terreno: cómo cuidarlo antes de que sea tarde

La masa ósea llega a su máximo cerca de los 30 años y, a partir de ahí, empieza un lento retroceso que puede terminar en fracturas. La especialista Elaine Dennison repasó los hábitos, los estudios y las señales de alerta que conviene no pasar por alto.

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · 22 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Acá, en la redacción, todavía queda el calor de la tarde pegado en los vidrios. El zonda de los últimos días dejó a más de uno con la garganta seca y la vereda vacía a la hora de la siesta, pero uno igual sale, camina, trota, se tropieza con un desnivel y sigue. Justo de eso habla esta nota: de esos huesos que aguantan en silencio hasta el día que, sin aviso, se rompen. La especialista Elaine Dennison lo explicó con una claridad que merece la pena compartir, porque la osteoporosis, como dicen los que la estudian, suele ser invisible hasta que aparece la fractura.

La masa ósea llega a su máximo cerca de los 30 años. A partir de ahí, el tejido se renueva, pero pierde densidad cuando la degradación supera a la formación. Por eso, una fractura después de una caída desde la propia altura puede ser una señal de fragilidad que conviene tomar en serio, sobre todo en personas mayores.

Cuándo conviene consultar

Dennison, a quien consulté mientras tomaba un café con leche en la cocina de casa, me dijo que hay antecedentes que justifican una consulta aunque no haya síntomas: fracturas de cadera, muñeca o columna en la familia; uso prolongado de corticoides; tabaquismo; y enfermedades que dificulten la absorción de nutrientes. También recordó que la menopausia, algunas enfermedades crónicas y ciertos medicamentos pueden acelerar la pérdida de tejido óseo, un dato que me dejó pensando en varias vecinas del edificio de al lado.

  • Fracturas de cadera, muñeca o columna en antecedentes familiares.
  • Uso prolongado de corticoides.
  • Tabaquismo.
  • Enfermedades que dificultan la absorción de nutrientes.
  • Menopausia, algunas enfermedades y ciertos medicamentos.

Para orientar las decisiones clínicas existen la densitometría DEXA y herramientas como FRAX. Sirven para medir la densidad mineral y para calcular el riesgo de fractura a diez años, algo que en la Argentina todavía mucha gente posterga por miedo o por ahorrar unos pesos.

Ejercicio con carga, el gran estímulo

En el consultorio, Dennison insistió en algo que a mí me cambió la mirada: para estimular el hueso, el ejercicio tiene que ponerle carga. Habló de fuerza, de subir y bajar de una plataforma, de correr, de saltar. Contó que los músculos también transmiten tensión al hueso y favorecen su adaptación. Eso sí, aclaró que quienes tienen baja densidad en la columna o antecedentes de problemas de espalda necesitan orientación profesional antes de levantar pesas. La natación, en tanto, aporta beneficios musculares y cardiovasculares, pero como el agua sostiene el cuerpo y reduce la carga sobre el esqueleto, no produce el mismo estímulo mecánico que las actividades con apoyo e impacto.

Qué poner en la mesa

En la mesa, el cuidado pasa por el calcio y las proteínas. Leche, yogur, queso, alimentos fortificados y algunos vegetales aportan calcio. La vitamina D interviene en su absorción y en la mineralización del hueso. Dennison también mencionó las vitaminas K y C y el magnesio, siempre dentro de una alimentación equilibrada con frutas y verduras, algo que en los barrios del conurbano se cuida más de lo que uno imagina.

En los adultos mayores, mantener la fuerza muscular, la movilidad y el equilibrio ayuda a reducir las caídas que pueden terminar en una fractura. La resistencia de los huesos importa, sí, pero también la posibilidad de evitar el golpe. Como me dijo Mabel, del departamento de arriba, mientras bajaba las escaleras con un paquete de facturas: "uno se acuerda de los huesos cuando se rompe uno". Tiene razón, y por eso conviene empezar antes.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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