Dólar quieto, plata quieta: la brecha se achica y nadie apura la compra
El oficial cerró a 1.530 pesos en el Banco Nación y el blue se vendió a 1.540, con una diferencia de apenas diez pesos que refleja un mercado cambiario calmo, en medio de la incertidumbre que atraviesan otras variables de la economía argentina.

La mañana del lunes se levantó con un cielo plomizo sobre el sur mendocino y esa llovizna finita que no llega a mojar el piso pero deja la parra con la piel fría. No es mal tiempo para la viña, tampoco es el que el viñatero quisiera para empezar a pensar en la poda; es, como dice Ernesto desde San Martín, un tiempo de espera, de esos en los que uno mira el dólar en el celular antes de mirar el termómetro, porque el número que muestra la pantalla termina definiendo cuánto vale el vino que todavía está colgado de la cepa.
Este lunes el dólar oficial cerró a 1.530 pesos para la venta en el Banco Nación, con una cotización de compra de 1.480. En paralelo, el dólar blue, ese que se mueve por las cuevas del microcentro porteño, se vendió a 1.540. Entre uno y otro quedaron apenas diez pesos de diferencia, una brecha inferior al uno por ciento que muestra un mercado cambiario en pausa, casi sin margen para el arbitraje y sin la tensión que en otros momentos empujaba a los ahorristas a refugiarse en la moneda dura.
Un mapa de cotizaciones que conviene tener claro
- Dólar oficial minorista: 1.480 pesos compra y 1.530 pesos venta, en el Banco Nación. Es la referencia para vender o comprar divisas en el sistema bancario formal.
- Dólar blue: 1.540 pesos para la venta. Cotiza en casas de cambio no autorizadas y muestra la diferencia con el oficial: apenas diez pesos.
- Dólar MEP y contado con liquidación (CCL): se obtienen mediante la compraventa de bonos o acciones que cotizan en pesos y en dólares. Operan dentro del sistema financiero regulado y son una vía legal para hacerse de divisas sin pasar por las restricciones oficiales.
- Dólar cripto: se consigue en plataformas digitales con monedas estables que mantienen paridad con el dólar. Funciona los siete días de la semana, incluso en feriados cambiarios.
Para el bolsillo de a pie, lo que más pesa sigue siendo el oficial minorista, porque es el valor que se aplica cuando uno paga con tarjeta en el exterior o compra en plataformas internacionales. A esa base se le suman luego los impuestos según el tipo de operación, y el consumidor termina pagando un precio que está bastante por encima del que ve en la pizarra del banco. Es la vieja historia de la góndola: lo que se exhibe nunca es lo que se termina abonando.
Cuando uno recorre el tramo que va de la hilera a la góndola, lo que encuentra en cada parada del recorrido es una decisión marcada por el tipo de cambio. El productor que vende su uva en dólares pero paga los insumos en pesos, el bodeguero que líquida su exportación al oficial y la pequeña winery que cobra una botella afuera con tarjeta, todos miran el mismo número, pero cada uno lo siente distinto. Que la brecha entre el oficial y el blue sea de apenas diez pesos quiere decir que, por ahora, nadie está corriendo a cambiar pesos por billetes verdes ni por la moneda digital que funciona los domingos. Es un mercado que se quedó quieto, esperando.
En ese escenario, lo que no termina de resolverse es lo de siempre: la falta de un esquema cambiario estable y previsible que le permita al productor primario, al bodeguero y al consumidor planificar más allá del cierre de cada jornada. Mientras tanto, los viñedos siguen esperando la lluvia que no llega, los teléfonos siguen marcando el mismo número del dólar y la Argentina sigue debatiendo, lunes tras lunes, si comprar o aguantar.
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