Saltar al contenido
Domingo, 4 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Nodo SJ

Nodo SJ

El asistente de Meta se obsesiona con tu vida: cada hora arma fichas de tu pareja, tu jefe y hasta el plomero

Muse, la IA de la empresa de Zuckerberg, genera perfiles sobre el entorno del usuario con datos de conversaciones y redes. La compañía dice que se puede borrar todo; el problema es que los demás involucrados no tienen cómo enterarse ni cómo oponerse.

GT
Gonzalo TelloTecnología · · 4 min de lectura
El asistente de Meta se obsesiona con tu vida: cada hora arma fichas de tu pareja, tu jefe y hasta el plomero

Le pediste al chat que te recuerde el aniversario y, sin saberlo, le terminaste donando a Meta un dossier completo de tu pareja, tu hermana, el plomero y hasta el del foro de peluquería canina que seguís en Facebook. Bienvenido a Muse, el asistente de inteligencia artificial que la compañía de Zuckerberg presentó como su próximo gran salto y que, visto de cerca, parece más un cuñado con buena memoria que un mayordomo digital.

La idea, en teoría, suena hasta simpática. Que la IA reconozca que la factura que te llegó es del plomero que contrataste el año pasado o que te sugiera las flores que le gustan a tu pareja son prestaciones que, sobre el papel, justifican todo el alboroto publicitario. Lo que la compañía no promociona con tanto bombo es el mecanismo que hay detrás: un sistema que cada sesenta minutos barre tus conversaciones y tus contactos para armar fichas de cada persona de tu entorno. Familiares, amigos, colegas, parejas, ex parejas y hasta cuentas que simplemente seguís en redes sociales. De todos ellos guarda intereses, cumpleaños, aniversarios, mudanzas, objetivos de ahorro compartidos y, para no perder el costado dramático, discusiones pendientes.

Cómo se entera uno de que lo ficharon

Acá viene la parte que, como usuario, me incomoda. La existencia de estas fichas la destapó Karan Joshi, un investigador independiente en seguridad informática e inteligencia artificial, con una maniobra bastante rudimentaria: le pidió al chatbot que le mostrara sus archivos de instrucciones internas. El bot, obediente, le pasó la documentación. O sea, no hizo falta hackear nada sofisticado: bastó con charlar. Y uno, que se cree avezado en esto de la tecnología, se pregunta cuántas cosas más estarán guardadas en un cajón al que se llega simplemente pidiendo 'por favor'.

Daniel Roberts, portavoz de Meta, salió a poner paños fríos. Explicó que esos datos salen de 'contenidos públicos y de lo que comparte el usuario', que cada persona tiene su propia máquina virtual aislada y que el sistema pide confirmación antes de mandar un mail o gastar un peso en una compra. La traducción doméstica es la siguiente: la IA no toca tu billetera ni envía mensajes sin que le des el OK, lo cual es un alivio. Pero el hecho de que la información se recoja igual, te guste o no, es harina de otro costal.

Vos podés borrar; tu cuñada, no

  • El usuario que instaló Muse puede revisar un registro de auditoría, borrar la memoria almacenada y desconectar los servicios externos que alimentan al asistente.
  • Las personas incluidas en las fichas no tienen ningún acceso equivalente: no hay panel, no hay aviso automático, no hay botón para exigir que te saquen.
  • Las instrucciones internas obtenidas por Joshi indican que la rutina se ejecuta cada hora y exige trabajar con evidencia: si no hay datos en tus conversaciones o conexiones, el perfil no se inventa.
  • El sistema puede registrar cumpleaños, aniversarios, mudanzas, metas de ahorro en común y discusiones previas, siempre que haya respaldo en el contenido que el propio usuario generó.
  • Meta sostiene que la información proviene de lo público y de lo que el usuario comparte, aunque no aclara cuánto de eso se considera 'público' a los efectos del asistente.

Y acá está la trampa que, como periodista técnico, me cuesta tragar. La compañía repite que el control es del usuario. Es cierto: vos podés meterte, revisar y borrar. Pero tu hermana, tu socio, tu ex o el fletero que viene cada martes no tuvieron la chance de instalar Muse ni la de saber que figuran en una base con sus gustos y sus roces familiares. La decisión la tomó otro, y la asimetría es total. Es como si un vecino decidiera que va a llevar un cuaderno con los horarios y las visitas de todo el edificio, y cuando le preguntás te diga 'tranquilo, yo lo puedo borrar cuando quiera'. Tu departamento, igual, ya está anotado.

Convengamos que la idea de un asistente que recuerde por nosotros no es mala. Yo, que paso los cuarenta y pico y ya confundo fechas, lo aceptaría encantado. Pero entre un asistente útil y un archivo clandestino del entorno hay una línea que se cruza sin pedir permiso, y la excusa de 'la información ya era pública' no cierra: lo que se guarda no es el posteo original, sino la interpretación que la IA hace de tus vínculos, con intereses, conflictos y proyectos conjuntos incluidos.

“Antes de activar Muse, sentate cinco minutos a revisar qué servicios conectás, qué redes le das a leer y qué nivel de detalle querés que retenga. Si te incomoda que arme fichas de terceros, deshabilitá la memoria de largo plazo o limitá el acceso a contactos. Y si ya lo activaste y te arrepentiste, entrá al panel, pedí el registro de auditoría y borralo todo: la herramienta existe, solo que no te la avisan con bombos y platillos.”Consejo práctico de Gonzalo Tello
GT
Gonzalo TelloTecnología

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo