El campo también siente el frío: se perdieron más de 354 mil empleos formales desde fines de 2023
El empleo asalariado registrado no encuentra piso. La industria encadena veinte meses en rojo y el comercio, trece. El monotributo es el único refugio, pero no genera derechos laborales.

Arrancamos la mañana con un termómetro que sigue marcando números rojos en la economía real, y eso, para quienes caminamos la viña y el campo, no es un dato aislado: es el aire que se respira desde que el sol asoma sobre los alambres del viñedo. Esta semana me llegó un informe que me dejó pensando mientras revisaba las yemas y planeaba la próxima pulverización, porque lo que cuenta la Secretaría de Trabajo tiene directa consecuencias sobre el bolsillo del trabajador rural, sobre la mesa del viñatero y sobre la góndola donde el consumidor termina eligiendo un vino u otro. Les voy a contar, de la hilera a la góndola, cómo está el mapa laboral argentino a mitad de año, y por qué creo que todavía no vimos lo peor.
Según los datos procesados por la Secretaría de Trabajo a partir del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el empleo asalariado registrado cerró junio con una baja mensual del 0,1% y una contracción interanual del 1,5%. En números concretos, eso significa 12.260 trabajadores menos respecto de mayo y una pérdida acumulada de 354.128 puestos desde noviembre de 2023, cuando terminó la gestión anterior. No es una mala racha pasajera: es un derrame que ya lleva más de dos años y que tocó, en distinta medida, al sector privado, al público y al personal de casas particulares.
El monotributo, único signo verde de la película
Mientras el empleo asalariado se desangra, el monotributo sigue creciendo como única válvula de escape. En junio sumó 4.360 inscriptos, un 0,2% más, y desde noviembre de 2023 incorporó 169.026 personas, con un incremento del 8,3% en el período. Lo interpreto como lo que es: trabajadores que buscan formalizar un ingreso mínimo para facturar, porque el mercado no les ofrece un puesto de relación de dependencia. El problema es que el monotributo no genera los mismos derechos laborales, ni cobertura por despido, ni aportes patronales que financien la seguridad social. Es un paraguas chico para una tormenta grande.
“El sector privado lleva 13 meses consecutivos de retracción y los niveles actuales se equiparan a los de fines de 2014.”Luis Campos, investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA-Autónoma
Los primeros indicadores de julio, según la Secretaría de Trabajo, muestran una suerte de estabilización del empleo en los principales aglomerados urbanos, pero no nos engañemos: el freno no se explica por más contrataciones, sino por menos despidos y, sobre todo, porque las empresas directamente dejaron de tomar gente nueva. Es decir, no mejora el mercado laboral: simplemente se ralentiza la destrucción.
Yo hablo seguido con viñateros de Maipú y de Junín, y el panorama que me describen no difiere demasiado de estas cifras. Hay fincas que trabajan con la mitad del personal permanente, poda que se hace con cuadrillas más cortas y contratistas que ya no renuevan la colaboración con la misma frecuencia. Esa rotación, en economías regionales como la nuestra, termina golpeando a toda la cadena: al vivero que vende plantas, al transportista, al taller mecánico, al comercio del pueblo. Cuando se pierde un puesto formal, se pierde también la obra social, el aporte jubilatorio y, en muchos casos, la capacidad de proyectar un año de cultivo con cierta previsibilidad.
Mientras tanto, hay algo que el Estado todavía no resolvió y que atraviesa toda esta película: un plan de reactivación que ordene la macro, que estabilice el mercado de cambios y que devuelva un mínimo de certidumbre para que las PyMEs —incluidas las bodegas y los establecimientos vitivinícolas— se animen a tomar empleados en blanco. Sin eso, el monotributo seguirá siendo el único crecimiento posible, y la cuenta de los 354 mil puestos perdidos seguirá engordando mes a mes, con la industria y el comercio como los primeros capítulos de un manual que la Argentina ya conoce demasiado bien.
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