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El filo del Chapelco se quebró en pleno jueves y dos esquiadores se salvaron por muy poco

Una avalancha de nieve sorprendió a dos deportistas en la zona no habilitada del cerro, en San Martín de los Andes; el operativo de seguridad cerró el área y no hubo que lamentar heridos.

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · 5 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

La tarde del jueves empezó con ese sol tibio que suele caer sobre San Martín de los Andes en pleno invierno, pero más arriba, casi rozando los 1.980 metros, la montaña decidió recordarles a todos quién manda. Una masa de nieve se desprendió del filo posterior del Cerro Chapelco y bajó a toda velocidad por la ladera, en un sector que, vale aclararlo de entrada, no está habilitado para esquiar. Lo más llamativo es que dos personas que andaban haciendo zigzag muy cerca de ese frente terminaron ilesas: las vio pasar la nieve a metros, contaron después, y alcanzaron a correrse antes de que la blancura las envolviera.

Acá en la zona todavía se habla del asunto con la voz un poco baja, como cuando uno se acuerda de algo que pudo haber terminado mal. Carlos, vecino del departamento Lácar que suele subir a la base del cerro los fines de semana, me dijo mientras tomábamos un café en el centro que estos episodios lo ponen siempre en alerta: “Mirá, yo esquío hace más de veinte años y siempre te digo lo mismo: la montaña te banca mientras la respetes. El día que te pasás de vivo, te pasa la cuenta. A estos chicos les tocó zafar, pero fue por muy poco, eh, no nos olvidemos.”

Cómo se desató el episodio y qué hizo el centro de esquí

La avalancha se originó en la cara posterior del filo, una zona que queda fuera del dominio esquiable y que no cuenta con señalización ni con autorización para la práctica del deporte. Cuando los equipos de Chapelco detectaron el desprendimiento, activaron de inmediato el protocolo de seguridad: se despejó el área, se impidió el ingreso de nuevas personas y se empezaron a evaluar las condiciones de la montaña para descartar nuevos riesgos. Mientras tanto, los esquiadores que estaban en pistas habilitadas siguieron su jornada con normalidad, aunque con la lógica preocupación del caso.

Las imágenes que grabaron de manera casual algunos testigos muestran la velocidad con la que avanzó la masa blanca por la ladera. Se ve cómo la nieve gana metros en cuestión de segundos y cómo los dos protagonistas del vídeo se desplazan lateralmente para alejarse del trayecto principal. No fue una escena de película: fue una cuestión de reflejos y, según coinciden los especialistas, también de suerte.

  • La avalancha se produjo en el sector posterior del filo, fuera de las pistas habilitadas, a casi 1.980 metros sobre el nivel del mar.
  • Dos esquiadores que realizaban un descenso en zigzag quedaron a pocos metros del frente de nieve y resultaron ilesos.
  • El complejo Chapelco activó el protocolo de seguridad, cerró el área y comenzó a evaluar la estabilidad de la ladera.
  • No se registraron heridos y la atención se centró en impedir el acceso de más personas al sector.
  • Las autoridades recordaron que el filo es uno de los puntos más altos del cerro y que no está señalizado ni autorizado para esquiar.

Por qué se cae la nieve y por qué no hay que tentarse

Una avalancha no aparece porque sí, aunque a veces lo parezca. Detrás de cada desprendimiento hay una combinación de factores: capas de nieve acumuladas con distinta consistencia, cambios bruscos de temperatura, viento que redistribuye la carga hacia ciertos puntos y, claro, la inclinación del terreno. Cuando una persona se anima a meterse en zonas no habilitadas, suma un peso extra que puede ser la gota que rebalsa el equilibrio de toda la ladera. Por eso los centros de esquí delimitan con precisión las áreas seguras y piden, con razón, que nadie se aleje de ellas.

Después de nevadas intensas el viento suele armar acumulaciones peligrosas en lugares que, vistos desde abajo, parecen inofensivos. La adherencia entre las capas de nieve puede debilitarse y, cuando eso ocurre, la montaña se destraba en segundos. La temporada en Chapelco se extiende hasta el 30 de septiembre, así que todavía quedan varias semanas para disfrutar la nieve, pero siempre dentro de las pistas señalizadas y con el oído atento a lo que dice el personal del cerro. Carlos, antes de despedirse, me dejó una frase que me parece oportuna para cerrar esta nota: “La montaña es linda, pero es brava. Mientras la tratemos con respeto, nos va a dejar disfrutar; el día que nos creamos los dueños, nos pasa lo que pasó el otro día, y la verdad es que esta vez tuvimos un final que podríamos no haber tenido.”

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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