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Domingo, 11 de octubre de 2026
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El llanto real que Wes Craven le arrancó a Drew Barrymore en la primera escena de Scream

Antes del primer grito de Ghostface ya hubo una decisión que cambió el terror moderno: provocar a la actriz con un recuerdo perturbador para que sus lágrimas fueran verdaderas. La trastienda de un truco que lleva treinta años dando que hablar.

MC
Melina CortezCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
El llanto real que Wes Craven le arrancó a Drew Barrymore en la primera escena de Scream

Lo vi en VHS, en lo de mi vieja, una noche de vacaciones de invierno: la llamada al teléfono, la voz cascada preguntando por nombres de películas de terror y, de repente, Drew Barrymore colgando del picaporte de una puerta, muerta. Me acuerdo del silencio que se hizo en el living y de que mi viejo dijo, casi en serio, "esta chica actuá como si le estuviera pasando de verdad". Resulta que no estaba tan equivocado. Esas lágrimas no eran acting del todo: eran genuinas, y el responsable de que la actriz las derramara delante de cámara fue nada menos que el director, Wes Craven, con un recurso tan simple como cruel.

Un truco de dirección que empezó la noche anterior

La historia es de esas que circulan hace décadas entre los fans, pero que cada tanto vuelve con detalles nuevos. La noche antes de rodar la emblemática escena de apertura de Scream, Drew Barrymore se topó con una nota periodística que la dejó mal: la historia de un dueño que había quemado vivo a su perro. La actriz llegó al set todavía shockeada y se lo comentó al director. Craven, viejo zorro del género, agarró la pelota al vuelo. El plan que se le ocurrió fue despiadado pero eficaz: durante toda la filmación de la secuencia, le susurraba al oído la frase "I'm lighting the match", algo así como "estoy encendiendo el fósforo". Lo que buscaba era que la imagen del animal volviera a la cabeza de Barrymore en el momento justo, cuando el personaje ya estaba aterrado por la llamada de Ghostface. La suma de ambas cosas, ficción y recuerdo, terminó derribando la barrera entre la actuación y el dolor real.

“Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba: '¿Pero qué coño está pasando ahí dentro?'. Y era Wes, que la estaba animando.”Julie Plec, asistente de dirección en el rodaje

Plec, que después se volvió conocida como creadora de Vampire Diaries, era una de las asistentes del director en esa producción. Años más tarde contó lo que se vivía del otro lado de la puerta del set mientras Barrymore filmaba la muerte de Casey. Viniendo de alguien que pasaba horas viendo actuar a actores y actrices, el relato sirve para entender el nivel de intensidad que logró Craven con una actriz que, encima, no era la gran protagonista del filme: era la primera en desaparecer.

Por qué Barrymore abrió la película

La decisión de meter a Drew Barrymore como primera víctima no fue caprichosa ni casual, ni siquiera se tomó por casting. Fue una movida de marketing calculada al milímetro. La actriz tenía nombre, tenía rostro amable y tenía llegada con el público joven, el mismo público al que la película quería pescar en los cines. La estrategia, según contó Richard Potter, por entonces director de desarrollo en Dimension Films, consistía en usar a Barrymore como cara absoluta de la campaña: afiches, tráiler, notas en los diarios, todo llevaba su nombre y su imagen. La idea era que el espectador entrara al cine convencido de que estaba viendo una película de Barrymore y que la muerte de su personaje, apenas pasados los doce minutos iniciales, lo descolocara por completo.

“Vas a ver el tráiler y los anuncios, y vas a estar seguro de que ella es la protagonista. Es imposible que muera. Cuando muera al final de esa secuencia, pensarás: 'Cualquiera podría morir'.”Richard Potter, director de desarrollo de Dimension Films
  • Casting pensado para engañar: una actriz popular y confiable, garantía de que el público se enganche enseguida con su personaje.
  • Campaña publicitaria centrada en Barrymore: afiches, spots de TV y notas en los medios con su nombre y su foto en primer plano.
  • Muerte en el primer acto: Casey cae antes del cuarto de hora inicial, reforzando el mensaje de que nadie está a salvo.
  • Eco hitchcockiano: la movida recuerda directamente la decisión de Alfred Hitchcock en Psicosis, donde Janet Leigh desaparecía en el arranque.
  • Construcción de tensión por capas: la elección de casting, la campaña de prensa y el recurso emocional del llanto trabajan juntos para el mismo golpe.

Lo más loco, mirándolo en perspectiva, es que la jugada de Craven unió dos veredas que suelen ir separadas. Por un lado, lo estrictamente cinematográfico: dirección de actores, manipulación de emociones reales en pleno rodaje, construcción de una escena que sigue dando clases de tensión. Por el otro, lo industrial: una operación de marketing pensada para que el espectador se comiera su propia sorpresa. Treinta años después del estreno, la secuencia sigue citada y revisitada, y cada vez que un slasher de verdad quiere sacudir al público vuelve, de alguna forma, a esa decisión. Lo de Barrymore fue actuación y fue algo más. Fue un truco al servicio de una idea grande: que el terror funciona mejor cuando duele de verdad.

MC
Melina CortezCultura y espectáculos

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