Jueves, 27 de agosto de 2026
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El peso se sigue diluyendo frente al dólar y la brecha queda como una herida abierta para los viñateros

El Banco Nación volvió a marcar un techo nominal para el oficial y el paralelo retrocedió apenas cinco pesos; la distancia entre ambos ronda el 1,3%, mientras la inflación interanual camina cerca del veinte por ciento y deja al tipo de cambio cada vez más chico en términos reales.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo · 27 DE AGO DE 2026 · 4 min de lectura
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Arrancó la jornada con cielo encapotado sobre Agrelo y una garúa finísima que no llegó a mojar los caminos, pero que dejó la uva tinta con la piel tensa, lista para que el sol de la tarde termine de cerrar el grano. Esa misma tensión, esa sensación de que algo se aprieta sin romperse todavía, es la que se siente estos días cuando uno se acerca a una ventanilla del Banco Nación y pide dólares: el oficial volvió a marcar un récord nominal al quedar en mil quinientos treinta y cinco pesos para la venta, cinco pesos por encima del cierre del martes, mientras que el paralelo retrocedió cinco pesos y se ubicó en mil quinientos cincuenta y cinco. La brecha entre uno y otro se sostiene así en torno al uno coma tres por ciento, una diferencia chica en los papeles pero enorme cuando se la traduce a la economía real de los productores de uva y de vino que vemos en la hilera.

El ritmo de la suba y la cuenta que no cierra

Porque si uno mira el mes completo, el dato es elocuente: el oficial acumula en agosto una suba de veintinueve pesos, apenas un dos por ciento, y en lo que va del año un avance de cincuenta y nueve pesos, equivalente al cuatro coma uno por ciento. Esos números quedan muy lejos del veinte por ciento anual que viene mostrando la inflación, lo que significa, en criollo, que cada dólar oficial compra cada vez menos cosas adentro de la frontera y que el productor que vende su cosecha en pesos ve cómo esos pesos, al cambiarse por dólar, rinden menos que antes. El mayorista, que es la referencia para las operaciones entre empresas y para buena parte de los precios de insumos importados, subió dos pesos con cincuenta en la jornada y cerró en mil quinientos catorce, con un acumulado de quince pesos en los primeros tres días de la semana, contra nueve pesos con cincuenta de la semana anterior. El Banco Central, en tanto, compró sesenta y un millones de dólares en el mercado de cambios, una señal de que la oferta de divisas no se cortó del todo, aunque el precio de todas formas siguió trepando.

“Cuando te dicen que el dólar subió cinco pesos por día te parece poco, pero cuando vas a pagar el gasoil, los agroquímicos o la jornada del cosechero y te los cobran al nuevo valor, ahí te das cuenta de que la diferencia se te va de las manos. Para un productor chico, un cinco por ciento de suba del tipo de cambio en un mes contra una inflación del veinte es lisa y llanamente perder plata todos los días.”Marcelo, viñatero de San Martín
  • El oficial en el Nación cerró a $1.535 para la venta, cinco pesos más que la jornada anterior y un nuevo récord nominal.
  • El paralelo retrocedió cinco pesos y se ubicó en $1.555, con una brecha con el oficial de alrededor del 1,3%.
  • El mayorista subió $2,50 y terminó en $1.514, con un avance semanal de $15 frente a los $9,50 de la semana previa.
  • En lo que va de agosto el oficial acumula $29 de suba (2%) y en el año $59 (4,1%), muy por debajo de una inflación cercana al 20%.
  • El Banco Central compró USD 61 millones en la jornada, una señal de oferta sostenida aun con el precio en alza.

Para el consumidor de a pie, para el que atesora billetes verdes o paga cuotas en moneda extranjera por viajes y plataformas digitales, el encarecimiento del miércoles parece moderado, pero la acumulación es la que golpea: cada vez hacen falta más pesos para comprar la misma cantidad de dólares, y esa es la película que miramos de la hilera a la góndola, porque lo que se encarece del lado del tipo de cambio se filtra, tarde o temprano, en el precio del tetrabrik, en la botella de malbec que se lleva el fin de semana y en la pasa de uva que termina en una golosina exportada. El Estado, mientras tanto, todavía no resolvió la discusión de fondo: cómo cerrar una brecha cambiaria que persiste, cómo anclar un tipo de cambio que corre muy por detrás de los precios y cómo devolverle al peso la dignidad de servir como unidad de cuenta en una economía que, como las parras de Mendoza, sigue esperando una lluvia que no termina de caer.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo

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