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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El termómetro mayorista se recalentó en septiembre y volvió a empujar la barrera del 29% interanual

El IPIM trepó 3,2% en el mes por el salto del petróleo crudo y el gas, mientras que los productos importados oficiaron de contención. Alimentos y bebidas avanzó 1,7% y quedó lejos del promedio, en un dato clave para entender lo que viene en las góndolas

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo · · 4 min de lectura
El termómetro mayorista se recalentó en septiembre y volvió a empujar la barrera del 29% interanual

Quiero arrancar por lo que se ve en el cuerpo y que a veces los números no cuentan solos: septiembre dejó una sensación de tiempo pesado en buena parte del centro y del sur del área agrícola, con varios días de calor persistente y alguna tormenta puntual que no llegó a corregir el perfil hídrico. Esa foto importa porque el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) que difundió el INDEC volvió a acelerarse y terminó el mes en 3,2% respecto de agosto, acumuló 22,8% en los primeros nueve meses del año y cerró la comparación interanual en 29,2%. La pregunta, para cualquiera que trabaja la tierra o vende lo que sale de ella, es cuánto de ese movimiento empieza a sentirse de la viña a la góndola.

Lo más llamativo del reporte oficial fue el protagonismo absoluto del petróleo crudo y el gas, que treparon 15% en el mes y aportaron 1,43 puntos porcentuales al resultado final del índice general. Un escalón más abajo se ubicaron los productos agropecuarios, con una suba de 2,6%, y los productos refinados del petróleo, que ajustaron 2,2%. En ese ranking, alimentos y bebidas -el componente de mayor peso en la estructura del IPIM- registró una variación de 1,7%, claramente por debajo del promedio, pero igualmente preocupante si se observa la trayectoria acumulada.

Qué pasó con cada componente y por qué importa

  • Productos de origen nacional: 3,4% en septiembre, traccionados por energía y agro.
  • Productos importados: 0,4%, actuaron como freno sobre el índice general.
  • Petróleo crudo y gas: 15%, principal motor con 1,43 puntos de aporte.
  • Productos agropecuarios: 2,6%, en línea con la dinámica del campo.
  • Productos refinados del petróleo: 2,2%, asociados a combustibles y lubricantes.
  • Alimentos y bebidas: 1,7%, el rubro de mayor peso y clave para el bolsillo.

El INDEC también publicó el Índice de Precios Internos Básicos al por Mayor (IPIB), que descuenta el efecto impositivo y suele leerse como una señal más 'pura' de la presión de costos. Allí el incremento fue de 3,4%: los productos nacionales crecieron 3,7% y los importados, apenas 0,3%. En los últimos doce meses, el IPIB acumula 28,1%, dos puntos por debajo del IPIM, lo que confirma que la carga tributaria sigue sumando a la inflación mayorista.

Más relevante aún para el campo y la industria es el Índice de Precios Básicos del Productor (IPP), que mide únicamente la producción local sin impuestos ni bienes importados. En septiembre saltó 3,8%, con un dato que no admite lecturas tibias: los productos primarios escalaron 7,9%, mientras que los bienes manufacturados y la energía eléctrica avanzaron 2,1%. Esa brecha entre primario y manufactura es la que termina explicando, más temprano que tarde, el comportamiento de los precios en la vinoteca, en la góndola y en la factura de servicios.

En paralelo, el INDEC difundió que el costo de la construcción subió 1,5% en septiembre frente a agosto y acumuló 31,3% en términos interanuales, el indicador más alto de los difundidos en la jornada. Los materiales avanzaron 1,3%, la mano de obra 1,6% y los gastos generales 1,5%, estos últimos empujados por las actualizaciones tarifarias de electricidad y gas. Para quien piensa en una bodega, en un galpón o en una ampliación rural, es una señal inequívoca: construir sigue siendo el bien de inversión más castigado por la dinámica de precios.

Como les decía a quienes me consultan en recorridas por fincas de Mendoza y San Juan, los precios mayoristas suelen anticipar la dirección de los precios al consumidor con algunas semanas de desfasaje, y la evolución del sector energético y de alimentos y bebidas son los dos componentes con mayor peso directo en el presupuesto de los hogares. Por eso, aunque el 1,7% de alimentos y bebidas parezca 'moderado' frente al 3,2% del promedio, hay que mirarlo con cuidado: cuando se acumula, pesa.

Hay algo que el Estado todavía no resolvió y que esta estadística vuelve a poner sobre la mesa: la dependencia estructural del índice respecto de los precios de la energía. Mientras el petróleo crudo y el gas sigan marcando el ritmo de las subas -como acaba de ocurrir con aquel salto del 15% en un solo mes-, cualquier política antiinflacionaria que no toque el componente energético va a seguir chocando contra ese piso. Es, me parece, la asignatura pendiente más visible del reporte de septiembre.

HE
Hugo ElizondoVitivinicultura y campo

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