Martes, 15 de septiembre de 2026
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Estornudar no es toser: la explicación que muchos dueños de perros leen al revés y la línea roja que marca cuándo sí toca ir al veterinario

Un adiestrador canino sostiene que el gesto casi nunca es síntoma de enfermedad y sí una forma de comunicación emocional, aunque advierte sobre señales concretas que cambian el diagnóstico.

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · 15 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Acá en la vereda de casa, todavía con el sol del mediodía pegando de lleno sobre las baldosas, hay un sonido que repite cualquier perro de la cuadra al menos una vez por semana y que a mí, como a miles de dueños, me acelera el pulso y me hace buscar el teléfono para llamar al veterinario: el estornudo. El adiestrador canino Tony Silvestre, al que conozco de hace años por su trabajo en distintos barrios de la Ciudad y del conurbano bonaerense, me lo dice sin rodeos cada vez que le pregunto por el tema: si tu perro estornuda, en la enorme mayoría de los casos no está enfermo, te está hablando. Esa distinción, que parece menor y hasta obvia una vez que alguien te la explica, cambia por completo la manera en la que convivimos con el animal, porque pasamos de interpretar un sonido como una amenaza a entenderlo como un pedacito de lenguaje cotidiano que el perro usa para descomprimir la presión que se le acumula en las vías respiratorias cuando se emociona, cuando juega con la pelota en el parque o cuando te ve llegar por la puerta después de un día largo de trabajo.

Lo que pasa adentro del cuerpo es bastante simple, aunque la explicación conviene leerla despacio: durante los momentos de alta excitación, como un juego brusco con otro perro, las caricias insistentes del dueño o la expectativa de salir a pasear, el perro acumula aire en las vías respiratorias y necesita liberarlo, y el estornudo aparece justamente como ese mecanismo de válvula, una especie de suspiro con sonido incluido que le permite volver a una respiración cómoda y continuar con lo que estaba haciendo, que en general es seguir jugando, seguir saludando o seguir revoleando la cola enloquecido por toda la cocina.

Las señales de un estornudo emocional y no sanitario

  • Mirada tranquila, sin lagañas ni ojos entrecerrados de forma sostenida.
  • Cola que se mueve suelta, sin rigidez y con un ritmo parejo.
  • Orejas en posición natural, ni totalmente echadas hacia atrás ni tiesas como antenas.
  • Postura corporal relajada, con el perro dispuesto a seguir jugando o a recostarse.
  • Curiosidad durante el paseo, interés por el entorno y por otros perros.
  • Panza expuesta al recostarse boca arriba, un gesto que indica confianza plena en el ambiente y en la persona que tiene enfrente.

Cuando un perro estornuda en ese contexto y además muestra todas estas señales en simultáneo, no hay por qué encender las alarmas ni salir corriendo a la clínica más cercana, porque el cuadro es de bienestar y no de enfermedad, y eso es justamente lo que subraya Silvestre cada vez que charlamos sobre el tema, incluso con el humor que lo caracteriza y que repito casi textual porque define su forma de explicar las cosas: si el perro no estornuda, significa que no te quiere, me dijo en una de nuestras conversaciones, y la frase, que parece un chiste, en realidad condensa una idea muy seria para cualquier dueño que quiera entender de verdad a su animal.

“Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo.”Tony Silvestre, adiestrador canino

Ahora bien, también existen causas externas menores que conviene tener en el radar, porque a veces el estornudo no es emocional sino mecánico, y eso ocurre por ejemplo cuando al perro le entra un poco de agua en las fosas nasales después de beber apurado o de zambullirse en una pileta, situaciones donde el estornudo aparece una o dos veces y se corta solo, sin acompañarse de ningún otro síntoma, y donde alcanza con dejarlo tranquilo y controlar que respire bien en los minutos siguientes. El escenario cambia, y cambia de manera bastante clara, cuando los estornudos se vuelven frecuentes a lo largo del día, se repiten durante varios días seguidos o aparecen combinados con otros indicadores que la medicina veterinaria lista con precisión: falta de apetito sostenida, decaimiento general, fatiga fuera de lo habitual o respiración agitada aun cuando el perro está echado y en reposo, porque en esos casos la visita al profesional deja de ser opcional y se vuelve el paso obligado para descartar desde una infección respiratoria hasta la presencia de un cuerpo extraño en la nariz o, en perros mayores, la posibilidad de un tumor nasal que solo un estudio de imágenes puede detectar a tiempo.

El criterio práctico que propone Silvestre y que yo terminé adoptando en casa es bastante directo y lo resumo así para que cualquier lector pueda aplicarlo sin tener que memorizar una lista larga: si el estornudo aparece en un momento de alegría, de juego o de actividad intensa y el perro muestra al mismo tiempo todos los indicadores de bienestar que repasamos más arriba, no hay motivo de alarma y lo que corresponde es seguir disfrutando de la convivencia sin sobresaltos innecesarios; en cambio, si el estornudo surge de forma repetida, sin un vínculo claro con el juego ni con la emoción, y se acompaña de cualquier cambio en el comportamiento, en el apetito o en el nivel de energía del animal, hay que consultar al veterinario sin demora, porque ahí lo que empezó como un sonido simpático puede estar señalando algo que necesita atención profesional y que cuanto antes se aborda, mejor le va al perro y más tranquila se queda la familia entera que lo quiere como un miembro más del hogar.

Convivencia y lectura del lenguaje corporal

Conocer el lenguaje corporal del perro evita diagnósticos erróneos, ahorra consultas innecesarias y, sobre todo, mejora la convivencia diaria, porque cuando uno aprende a leer la postura, la mirada, la cola y las orejas empieza a entender qué le pasa al animal en cada momento y a responderle de manera adecuada, algo que termina fortaleciendo el vínculo y haciendo que la casa funcione mejor para todos, algo que vale para cualquier departamento del país y que, como me lo hace notar siempre mi vecina Marta, del segundo piso, resume en una sola idea lo que muchos tardamos años en aprender: querer a un perro no es solo darle de comer y sacarlo a pasear, es aprender a escucharlo incluso cuando lo que hace es estornudar.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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