Fibrosis pulmonar: cuando la falta de aire no es solo cosa de la edad
El neumonólogo Juan Ignacio Enghelmayer y la reumatóloga Fabiana Montoya explican por qué el diagnóstico puede demorar hasta dos años, qué síntomas hay que mirar con atención y por qué las enfermedades autoinmunes obligan a controlar los pulmones aunque uno se sienta bien.

A veces uno sale a la mañana, apoya los pies en la vereda y ya nota que le falta el aire para llegar a la esquina. No es el zonda de Mendoza ni el calor pegajoso de un enero porteño: es algo que viene de adentro y que antes no estaba. Esa sensación, esa diferencia entre lo que el cuerpo podía hacer y lo que ahora empieza a negarse, es justamente la puerta de entrada a un problema que en la Argentina puede pasar hasta dos años sin diagnóstico. Y no porque los médicos no quieran verlo, sino porque la fibrosis pulmonar es una de esas condiciones que se esconde detrás de síntomas que parecen cosas de la edad.
La fibrosis pulmonar es, en criollo, el lento proceso por el cual el tejido de los pulmones va quedando marcado con cicatrices permanentes. Esas cicatrices dificultan la llegada de oxígeno a la sangre y aparecen por motivos muy distintos: pueden estar ligadas a enfermedades autoinmunes, a partículas que uno respiró durante años en el trabajo o a determinados medicamentos. Cuando los médicos revisan y no encuentran ninguna causa clara, la llaman idiopática, que es una forma elegante de decir 'no sabemos bien por qué arrancó'.
Falta de aire y tos persistente, las señales que no hay que dejar pasar
- Si la falta de aire aparece de golpe o se agrava en pocos días, la consulta tiene que ser urgente, sin esperar un turno programado.
- Cuando uno nota que actividades que antes toleraba sin problema ahora lo dejan agitado, también hay que pedir un estudio médico.
- La tos seca que se instala y no se va, especialmente si no responde a tratamientos comunes, merece una evaluación pulmonar.
- El neumonólogo puede pedir una tomografía de alta resolución, que muestra el detalle del tejido pulmonar, y auscultar los pulmones: un ruido particular, parecido al sonido del velcro, es una pista que solo el médico sabe escuchar.
Acá en Buenos Aires, donde uno se cruza en el colectivo con gente de todas las edades, cuesta hacerse cargo de la frase 'me canso más que antes'. Por eso el neumonólogo Juan Ignacio Engelmayer, del Hospital de Clínicas y especializado en enfermedades pulmonares intersticiales, insiste en algo que parece obvio y no lo es: perder capacidad de esfuerzo no es una consecuencia automática de cumplir años. 'Aunque estas enfermedades son más frecuentes después de los 60, la edad no normaliza la falta de aire', resume el especialista, y la frase vale la pena repetirla porque uno tiene la mala costumbre de achacarle todo al paso del tiempo.
“Aunque estas enfermedades son más frecuentes después de los 60 años, la edad no vuelve normal la falta de aire.”Juan Ignacio Engelmayer, neumonólogo del Hospital de Clínicas
Ahora bien, hay un costado de esta historia que a mí, como lector de a pie, me resulta el más inquietante. La fibrosis pulmonar no siempre avisa con tos ni con agitación. Puede estar avanzando en silencio, sobre todo en personas que ya conviven con una enfermedad autoinmune. La jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía, Fabiana Montoya, lo cuenta con un dato que deja pensando: en un estudio argentino en el que participó, el 35 por ciento de los pacientes con compromiso pulmonar asociado a autoinmunidad no tenía síntomas respiratorios. Y dentro de ese grupo, cuatro de cada diez presentaban una afectación extensa cuando les hicieron la tomografía. O sea, el pulmón estaba lastimado y el cuerpo todavía no se quejaba.
Por eso Montoya aclara que, en el caso de la esclerosis sistémica, los controles pulmonares empiezan junto con el diagnóstico de la enfermedad reumática, sin esperar a que aparezca ninguna molestia. En artritis reumatoidea, la búsqueda se concentra en quienes tienen factores de riesgo, pero la lógica es la misma: no se puede esperar a que el paciente note la falta de aire para empezar a mirar qué está pasando adentro. Como me dijo una vecina de San Telmo mientras tomaba un café en la plaza Dorrego, con esa franqueza que tenemos los porteños cuando hablamos de: 'Yo pensé que era la presión, o los años, y casi dejo pasar algo que tenía años de estar ahí'. Esa frase, que le robé entre medialunas, resume mejor que cualquier manual por qué este tema merece una nota y no un scroll más en el celular.
Por qué puede demorar hasta dos años el diagnóstico
La demora tiene razones concretas. Los síntomas iniciales son inespecíficos y se confunden con otras cosas: falta de estado físico, sobrepeso, estrés, edad. A eso se suma que la confirmación depende de estudios específicos, como la tomografía de alta resolución, y en muchos centros del país el acceso no es inmediato. La buena noticia es que, cuando se identifica la causa de la fibrosis, el tratamiento y los controles cambian de manera sustancial: dejar de lado un antiinflamatorio que dañaba el pulmón, controlar de cerca una enfermedad autoinmune o indicar fármacos antifibróticos son decisiones que solo se toman si uno llega al diagnóstico. Por eso, ante la duda, la consulta temprana no es un trámite: es el primer paso para no dejar pasar dos años que el cuerpo no tiene para desperdiciar.
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