Fito Páez se sentó al piano en Otro día perdido y deslizó que quiere aprender a dirigir orquestas

El termómetro en la ciudad de Buenos Aires viene templado y algo húmedo, esa combinación que en la viña solemos leer como una antesala de la brotación, pero en esta nota la salida del domingo corre por otro carril: el del piano, el de las canciones de siempre y el de las confesiones que Fito Páez dejó caer al pasar por Otro día perdido, el ciclo que conduce Mario Pergolini en el canal de streaming El Trece.
El músico rosarino se sentó frente al teclado y arrancó con Al lado del camino, uno de los temas que forman parte del paisaje sonoro de cualquier argentino que haya cruzado los cuarenta. Lo que en un principio parecía un clásico más terminó abriéndose hacia una conversación en la que Páez mostró una curiosidad poco habitual: la de pararse del otro lado del escenario, no como intérprete sino como quien mueve a una orquesta entera desde la batuta.
La máquina orquestal y lo que le falta por aprender
Me apasiona la máquina orquestal y cómo funciona, soltó Páez cuando Pergolini le preguntó por sus proyectos a futuro. No fue un anuncio formal ni un comunicado de prensa: fue una de esas frases que se dicen en la confianza de una sobremesa televisiva, pero que en él pesan distinto, porque a lo largo de su carrera ya demostró que cuando dice que algo le interesa, tarde o temprano termina sentado frente a eso. Y esta vez lo que le tiró es la dirección orquestal, un terreno que implica conocer de memoria cada cuerda, cada viento y cada percusión, y que muy pocos rockeros argentinos se animan a explorar con seriedad.
El propio Páez lo planteó como un desafío pendiente, no como un capricho. Le interesa entender cómo se monta un aparato así, cómo se lo conduce y cómo se lo traduce en algo que llegue al público. Esa confesión, en un músico que ya sabe lo que es llenar estadios, abre un interrogante interesante: qué busca alguien que ya recorrió el mundo como solista cuando mira hacia un formato que requiere justamente lo contrario del estrellato, que es la escucha permanente del conjunto.
La gira con Charly y la melena de espaldas
De la hilera a la góndola solemos decir los que trabajamos de este lado del mostrador que la cadena nunca termina de cerrarse, y algo parecido ocurre con las historias del rock: uno las cree terminadas y de pronto aparece un detalle que las reabre. Fue lo que pasó cuando Pergolini le preguntó por qué durante la gira que compartieron con Charly García, hace ya varias décadas, el Flaco tocaba de espaldas al público. Páez arrancó con una salida que desinfló la solemnidad del momento: Hay que preguntarle a Charly, dijo, y enseguida aclaró que el propio García nunca había explicado formalmente aquella decisión.
Para Páez, sin embargo, la imagen tenía una explicación estética: la idea de que el público viera una melena en movimiento, una silueta que se entregaba al teclado sin la pose del frontál. En su relato destacó las distintas facetas de García como compositor, intérprete y verdadero director de lo que ocurría sobre el escenario, y no dudó en admitir que haber compartido giras le dejó aprendizaje puro: Me sirvió porque aprendí un montón, resumió, casi como si la cifra pendiente de esa experiencia todavía le siguiera rindiendo.
“Hay que preguntarle a Charly. Yo creo que tenía que ver con una idea visual, que el público viera una melena en movimiento.”Fito Páez
La memoria de las canciones que se van perdiendo
Hay un tramo de la charla que a mí, como a varios de los que peinamos canas, me dejó pensando. Páez recordó que hace unos quince años armó un recital entero con temas de Charly que él consideraba archiconocidos, y se topó con la sorpresa de que buena parte del público no los reconocía. Esa experiencia, dijo, le dejó una preocupación genuina por el lugar que ocupa ese repertorio en la memoria cultural, un tema que excede a García y atraviesa a toda una generación de canciones que fueron masivo popular y que, de a poco, van quedando fuera del radar de los más jóvenes.
Es, si se quiere, una forma de preocupismo sano, y una que no siempre aparece en las entrevistas musicales, más acostumbradas a celebrar regresos y aniversarios que a interrogar lo que se está perdiendo. Que lo diga Páez, autor de varios de los himnos que su propia generación tararea, le da un peso adicional a la advertencia.
El cierre, otra vez, con el piano
Como no podía ser de otra manera en un programa que se llama Otro día perdido, el cierre volvió a poner la música en primer plano. Páez regresó al piano y se prestó a un ejercicio habitual de este tipo de ciclos: tocar lo que le piden. Así fue como, por pedido de Pergolini y de los panelistas Evelyn Botto y Agustín Soy Rada Aristarán, repasó otros temas de su repertorio en un formato íntimo, de piano y voz, que es probablemente donde mejor se luce la canción bien escrita.
Ahora bien, más allá del convite musical, queda flotando en el aire la imagen de un Fito Páez que, a esta altura de su carrera, sigue mirándose como aprendiz. Primero fue el rockero, después el cineasta, después el orquestador de sus propios discos con arreglos cada vez más ambiciosos, y ahora asoma la posibilidad de pararse frente a una formación clásica y moverla con la batuta. Es un deseo que, si se concreta, le abrirá una etapa nueva y obligará a una camada de músicos argentinos a repensar la relación entre el cancionero popular y la música sinfónica.
Lo que el Estado todavía no resolvió, y acá me permito colar la preocupación del columnista, es cómo acompañar ese tipo de búsquedas. La formación orquestal en la Argentina sigue dependiendo más del esfuerzo de cada director musical que de una política pública sostenida, y proyectos como el que Páez dice querer encarar suelen toparse con la falta de espacios, de becas y de continuidad. Mientras tanto, el músico ya avisó por televisión que tiene la inquietud, y eso, en un país donde las orquestas todavía pelean por sobrevivir, no es un dato menor.
- Páez interpretó Al lado del camino y cerró el programa con canciones pedidas por Pergolini, Evelyn Botto y Agustín Soy Rada Aristarán.
- Contó que le apasiona la máquina orquestal y que entre sus proyectos está aprender dirección orquestal.
- Sobre la gira con Charly García, dijo que el Flaco tocaba de espaldas al público por una idea visual ligada a su melena en movimiento.
- Rememoró un recital propio de hace unos quince años con temas de García que muchos asistentes no reconocían y mostró preocupación por la memoria cultural del repertorio.
- Resumió su experiencia junto a García con una frase corta: Me sirvió porque aprendí un montón.
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