Google se enamora de la energía nuclear y le mete 4.300 millones de dólares para darle corriente a su inteligencia artificial
Alphabet firmó un acuerdo a 20 años con Constellation Energy para modernizar 11 reactores en tres estados de Estados Unidos. La jugada busca asegurarse electricidad estable mientras la IA sigue devorando vatios como si fueran alfajores en una mesa familiar.

Volví a matar el router porque Netflix se tildaba y la térmica saltó otra vez. Y entonces leí que Google va a meterse en reactores nucleares para que su inteligencia artificial no padezca el equivalente a esa térmica que me dejó sin tele un domingo a la noche. El contraste es casi una broma, pero el dato es real y vale la pena entenderlo.
Alphabet, la empresa madre de Google, acaba de cerrar un acuerdo con Constellation Energy, uno de los operadores nucleares más grandes de Estados Unidos. El número asusta: más de 4.300 millones de dólares a pagar a lo largo de 20 años, con el objetivo de ampliar la capacidad de 11 reactores que ya existen en Illinois, Pensilvania y Nueva Jersey.
Por qué la IA necesita megavatios y no solo buena onda
Pongamos las cosas en criollo. Entrenar y hacer funcionar un modelo grande de inteligencia artificial consume una cantidad de electricidad que, en algunos casos, se compara con la que gasta una ciudad entera. No es un slogan: es la razón por la cual las tecnológicas empezaron a mirar el mapa de las usinas nucleares con la misma ansiedad con la que uno mira el mapa de las farmacias cuando se le acaba el ibuprofeno.
La energía nuclear tiene dos ventajas que hoy enamoran a cualquiera que opere data centers. Genera electricidad de manera continua, las 24 horas, sin depender de que sople el viento o brille el sol. Y además entrega volúmenes industriales: un solo reactor puede alimentar una ciudad mediana. Para Google, eso significa una promesa de estabilidad que ni el mejor contrato con paneles solares puede igualar.
Qué se hace con 4.300 millones de dólares en reactores viejos
Acá viene la parte que a mí, confieso, me sorprendió. No se trata de construir plantas nuevas. La estrategia es gastar esa plata en modernizarreactores que ya están funcionando, con tecnología que mejora su eficiencia térmica y eléctrica. En criollo: en lugar de levantar una usina de cero, que tarda años y cuesta el doble, se les mete una mano de obra tecnológica para que rindan más.
El resultado esperado es sumar unos 890 megavatios adicionales a la red PJM Interconnection, que es algo así como el súper mayorista de electricidad de la costa este estadounidense. Esa potencia extra equivale más o menos a lo que generaría un reactor nuevo de gran porte, pero sin los plazos y los sobrecostos que trae empezar desde un campo verde.
El trueque: energía por inteligencia artificial
Como en toda buena negociación de barrio, acá también hay contraprestación. Google no solo pone dólares: dentro de la alianza bautizada AI for Energy, le dará a Constellation acceso a Google Cloud y a Gemini Enterprise, que es la versión paga de su modelo de IA pensado para empresas. La energética los va a usar, según anunció la propia compañía, para elegir dónde instalar futuras plantas, mantener sus equipos y proteger infraestructura crítica.
- Yo te pago el arreglo de la caldera durante 20 años.
- Vos me dejás calefacción asegurada todo el invierno.
- Y de paso te paso una aspiradora robot para que limpies mejor los filtros.
- Todos contentos. Hasta que alguien lea la letra chica.
Por ahora la letra chica no está del todo pública, pero el contrato se perfila como uno de los acuerdos más grandes firmados entre una tecnológica y un operador nuclear hasta la fecha. No es la primera movida de este tipo, pero sí es la que más volumen le pone a la idea de que la IA y la energía nuclear están condenadas a ser hermanas por un rato largo.
Mientras tanto, yo acá sigo peleándome con la térmica del departamento. Pero me consuelo pensando que, al menos, Google y Constellation están tratando de que sus servidores no padezcan el mismo destino que mi señal de Wi-Fi un domingo a las diez de la noche.
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