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Martes, 13 de octubre de 2026
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Histamina: la pieza que muchos médicos no están mirando y que une migrañas, panza hinchada y noches en vela

El genetista Jorge Dotto explica cómo una sustancia que el propio cuerpo produce termina acumulándose como agua en un vaso y por qué un mismo plato puede caer bien a uno y destrozarle la vida a otro

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
Histamina: la pieza que muchos médicos no están mirando y que une migrañas, panza hinchada y noches en vela

Te cuento esto como te lo contaría sentado en la vereda de tu casa, con el sol cayendo a plomo y el aire pesado de las seis de la tarde, ese que te pega en la nuca y te hace pensar que el cuerpo te está mandando señales. Porque de eso se trata esta nota: de señales. De esos malestares que arrastramos hace años y que van y vuelven sin que nadie los termine de unir en un mismo hilo. Migrañas que aparecen sin aviso, una panza que se infla como globo después de comer, noches en las que el sueño no llega aunque el cansancio sea real, una ansiedad que no se explica. Síntomas que suelen estudiarse por separado, cada uno en su consultorio, con su especialista, con su medicamento. Y que para el médico genetista Jorge Dotto tienen, en buena parte de los casos, un denominador común: la histamina.

La histamina es una sustancia química que fabrica el propio organismo y que también ingresa con lo que comemos. No es ni buena ni mala en sí misma: cumple funciones concretas en la vida cotidiana. Participa en el estado de vigilia, en los mecanismos de apetito y de saciedad, en funciones cognitivas, en la producción de ácido estomacal, en la contracción intestinal y en la regulación del corazón. Cuando el sistema inmune detecta una amenaza, además se activa con fuerza y aparecen las reacciones alérgicas clásicas: picazón, sarpullido, estornudos. El problema no es la histamina en sí. El problema es la cantidad.

El vaso que se va llenando

Dotto lo explica con una imagen que se queda dando vueltas en la cabeza. Imaginate un vaso. La histamina que se acumula durante el día va llenándolo de a poco: un poco con lo que comés, un poco con el estrés del trabajo, un poco con el entrenamiento duro del gym, un poco con las variaciones hormonales. Mientras no rebalsa, no pasa nada. El cuerpo la va procesando y la va eliminando. Pero llega un punto en que se acumula más de lo que se puede sacar. Y ahí, dice Dotto, explota el vaso.

“Acumulo, acumulo, acumulo y exploto, porque no puedo sacar el tapón”Jorge Dotto, médico genetista

Los alimentos con más histamina, o que más estimulan su liberación interna, son los que aparecen en cualquier reunión familiar: quesos curados, embutidos, vino tinto, chocolate, tomate, palta y pescado. Pero acá viene un dato clave que Dotto repite siempre: la dosis importa tanto como el alimento. Una persona puede tolerar cinco tomates cherry sin problema y reaccionar con una jaqueca terrible después de comer un plato de tomates grandes. No se trata de proscribir alimentos para siempre, sino de entender cómo responde cada cuerpo en particular.

Por qué en una misma familia pasa de todo

Acá aparece algo que a mí me resulta de lo más humano: la herencia. El componente genético explica por qué en una misma casa conviven las migrañas de la madre, la panza hinchada de un hermano, el mal sueño del padre y los problemas respiratorios que arrastró la hija menor de chica. Cada uno parece una historia distinta, pero comparten un mismo terreno. Dotto lo resume con una frase que vale la pena guardar: "Que aparezcan intolerancias en una misma familia es lo esperable, no la excepción". También menciona el caso de dos hermanas gemelas con síntomas distintos pese a compartir casi el mismo ADN: la una la comía de determinada manera y la otra de otra, y cada una respondía distinto. Mismo punto de partida, distinto recorrido.

  • Quesos curados y embutidos: alta carga de histamina por la fermentación y la maduración
  • Vino tinto: contiene histamina y además estimula su liberación
  • Chocolate y tomate: frecuentes detonantes de jaqueca y malestar digestivo
  • Palta y pescado: muy ricos en histamina, sobre todo cuando no están frescos
  • La dosis y la combinación importan tanto como el alimento en sí

Y a las mujeres les toca, como casi siempre, una cuota extra. La relación entre estrógenos e histamina agrega otra variable: ciertos síntomas cambian a lo largo del ciclo menstrual, empeoran en la perimenopausia o aparecen con fuerza en momentos donde las hormonas se mueven más de lo habitual. Eso no significa que el cuadro sea hormonal y nada más, sino que las hormonas son una pieza más del rompecabezas que el cuerpo de cada mujer va armando con los años.

En la consulta, dice Dotto, la clave es empezar a leer esas señales en conjunto y no por separado. No todo es alergia, no todo es intestino irritable, no todo es ansiedad. A veces es un vaso que se viene llenando hace tiempo y que un buen día rebalsa. Y cuando se entiende eso, lo que parecía un montón de males sin conexión empieza a tener una misma composición. Como me dijo Miriam, vecina del departamento de al lado y que arrastra migrañas desde los veinte: "Uno se acostumbra a vivir mal y no se da cuenta de que el cuerpo le viene gritando hace años". Es una manera de decirlo.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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