Martes, 8 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕

Nodo SJ

PortadaVida

Hormonas en movimiento: por qué el cuerpo femenino cambia tanto y cuándo conviene consultar

Cuatro endocrinólogas explican qué señales hay que mirar, qué hábitos pueden ayudar a equilibrar el funcionamiento hormonal y por qué la menopausia golpea a la gran mayoría de las mujeres.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · 7 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

La tarde cae pesada sobre Buenos Aires, con esa humedad que se pega en la vereda y que hace que cualquier conversación sobre el cuerpo empiece por el termómetro. Pero acá, sentada con el café en la mano mientras charlamos con vecinas y especialistas, uno termina entendiendo que el termómetro interno —el de las hormonas— es mucho más movedizo de lo que parece, y que entenderlo es la diferencia entre vivir a los tumbos o llevar el ritmo con más calma.

Las hormonas no permanecen estables: cambian con el sueño, el ciclo menstrual y el estrés, y eso es absolutamente normal. El problema aparece cuando los niveles se alejan demasiado del rango esperable y producen síntomas concretos en el día a día. Sobre ese punto conversaron cuatro endocrinólogas que coincidieron en una idea central: la meta no es que los valores sean idénticos cada día, sino que el organismo funcione bien y las molestias estén bajo control.

Más allá del estrógeno y la progesterona

Cuando se habla de salud hormonal femenina aparecen siempre el estrógeno y la progesterona, pero el organismo depende de muchas otras sustancias: el cortisol, las hormonas tiroideas, la insulina y la melatonina también participan en procesos que van desde el metabolismo hasta el humor y el deseo sexual. Por eso, un desequilibrio en cualquiera de ellas puede sentirse en el cuerpo entero, no solo en el ciclo menstrual.

Como le decía Marta, vecina de Belgrano, mientras acomodaba la mesa del living: "Yo pensaba que era todo una cuestión de la menstruación, hasta que un día el médico me explicó que el tiroides me estaba jugando una mala pasada y que por eso estaba cansada todo el tiempo". La frase resume lo que repiten las especialistas: las señales son variadas y conviene leerlas en conjunto.

  • Menstruaciones irregulares o ausentes, o cambios importantes en el flujo.
  • Fatiga que no cede con el descanso.
  • Dificultades para dormir o despertares nocturnos frecuentes.
  • Cambios de humor persistentes, ansiedad o irritabilidad.
  • Sofocos y sudores nocturnos.
  • Disminución del deseo sexual.
  • Caída del cabello, acné nuevo o piel notablemente seca.
  • Variaciones de peso sin causa aparente.

Entre las causas más frecuentes aparecen el estrés prolongado, los cambios importantes de peso, ciertos medicamentos y enfermedades como los trastornos de tiroides, el síndrome de ovario poliquístico y la insuficiencia ovárica prematura. La perimenopausia y la menopausia también generan transformaciones hormonales significativas: las especialistas estiman que entre el 80 y el 85 por ciento de las mujeres experimentará síntomas en esa etapa, y que algunos pueden llegar a ser verdaderamente debilitantes para la rutina cotidiana.

Seis hábitos que pueden colaborar con el equilibrio hormonal

La buena noticia es que, aun cuando hay situaciones que requieren medicación, ciertos hábitos del día a día pueden ayudar a que el sistema hormonal funcione mejor. Las especialistas coinciden en seis ejes centrales.

  • Ejercicio regular: ayuda a regular la insulina, el cortisol, el estrógeno y la progesterona. La Asociación Americana del Corazón recomienda al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, más ejercicios de fuerza dos días por semana.
  • Alternar intensidad: los entrenamientos muy exigentes elevan transitoriamente el cortisol, por lo que conviene combinarlos con sesiones más suaves como caminatas, yoga o estiramientos.
  • Dormir bien: el sueño cumple un papel central en la regulación hormonal. Apuntá a horarios regulares, una habitación oscura y pantallas lejos de la cama en la hora previa.
  • Alimentación variada y rica en fibra: frutas, verduras, legumbres y cereales integrales colaboran con el metabolismo de las hormonas, mientras que los ultraprocesados en exceso pueden entorpecerlo.
  • Cuidar el estrés: técnicas de respiración, caminatas al aire libre o simplemente cortar un rato con el celular ayudan a bajar el cortisol, que cuando se mantiene alto durante semanas termina alterando el resto del sistema.
  • Evitar el tabaco y moderar el alcohol: ambos impactan de manera directa en la producción y el metabolismo hormonal, según remarcan las especialistas.

Como me decía Silvia, vecina de San Telmo, mientras esperábamos el colectivo en una tarde que parecía derretir el asfalto: "Yo antes vivía a fuerza de mates y trasnoches; cuando empecé a dormir siete horas y a sacar la caminata del domingo, el cuerpo me empezó a responder de otra manera". No es un dato científico, es la experiencia de una mujer de 52 años que, como tantas, fue aprendiendo a leer lo que el cuerpo le pedía.

El mensaje de fondo que repiten las profesionales consultadas es claro: prestar atención a las señales, consultar ante síntomas persistentes y entender que las hormonas son un sistema vivo, que cambia y se adapta, y al que se lo puede acompañar mejor con rutinas simples, sostenidas en el tiempo y pensadas para cada etapa de la vida. Como resume una de las especialistas consultadas, el cuerpo siempre está hablando: la cuestión es aprender a escucharlo antes de que el ruido se vuelva un problema.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo