Humboldt, el basset hound que se sienta en el bosque y le avisa a los científicos qué animal pasó por ahí
Villa La Angostura. Un perro de dos años, su dueño y la hija de éste forman un equipo voluntario que rastrea huillines, huemules, pumas y hasta un parásito que amenaza a los peces de los lagos patagónicos. La historia continúa el legado de Darwin, el perro que los precedió en la tarea.

Lo primero que golpea, acá en Villa La Angostura, es el silencio del bosque patagónico. No es un silencio mudo: es un silencio lleno de viento entre las lengas, de crujidos de hojas secas, de algún pájaro que se corta de golpe. En ese silencio camina Humboldt, un basset hound de dos años, panza baja contra el suelo, orejas largas colgando, nariz trabajando más que cualquier instrumento. Y de repente se detiene. Fija el hocico en un punto donde, a simple vista, no parece haber nada. Después levanta la mirada y busca a Alex Tersoglio. No ladra, no marca el árbol, no escarba. Se queda quieto y lo mira. Esa señal, tan pequeña y tan precisa, es suficiente para que los investigadores que trabajan con él entiendan que Humboldt encontró lo que vinieron a buscar.
Humboldt está entrenado para detectar rastros de fauna silvestre sin necesidad de ver al animal. Puede reconocer pequeñas moléculas de olor que vienen de materia fecal y que para una persona serían completamente invisibles, lo que transforma cada recorrida por el campo en una búsqueda más rápida y más afinada. Entre las especies que rastrea están el huillín, el huemul, el gato huiña, el gato montés y el puma. Y como si eso fuera poco, también colabora en la detección de especies invasoras, como el visón, que preocupa hace años a los guardaparques de la región.
Una marca silenciosa que se entiende con la mirada
Lo que distingue a Humboldt de otros perros de trabajo es que su marcación es pasiva. Cuando olfatea algo que le interesa, se sienta, apunta con el hocico y sostiene contacto visual con Alex. Si el punto exacto es difícil de precisar, recibe la orden en inglés "show me" y vuelve a acercar la nariz al lugar preciso, como diciendo "acá, mirá, es acá". En zonas con muchas piedras o espinas, donde no puede sentarse cómodo, se queda parado e inmóvil y repite el gesto visual. Es un lenguaje de a dos, aprendido de memoria entre el perro y su guía, que después se traduce en datos para los científicos.
- Trabaja en proyectos del Parque Nacional Nahuel Huapi para proteger al huillín.
- Participa en investigaciones sobre carnívoros como el gato huiña, el gato montés y el puma.
- Colabora con tareas vinculadas al Parque Nacional Lanín.
- Hay conversaciones con el Parque Nacional Los Alerces para sumarlo a trabajos sobre huemul y huillín.
- Está siendo entrenado para detectar un parásito que afecta a peces nativos de la región.
El equipo lo componen Alex y su hija Kenia, y trabaja de manera voluntaria con investigadores, científicos y guardaparques de distintos parques nacionales. No cobran por hacerlo, no dependen de un proyecto institucional formal: se ofrecen, vuelven al bosque, registran, comparten lo que Humboldt encuentra. En la zona los conocen, y cuando se habla de ellos en alguna dependencia aparece siempre la misma mezcla de curiosidad y de respeto, porque no es tan habitual ver a un basset hound, criado para cazar conejos en las Islas Británicas, convertido en una herramienta de conservación en la Patagonia argentina.
El desafío más chico, y el más ambicioso
El trabajo más reciente de Humboldt es también el más pequeño hasta ahora, aunque no por eso menos ambicioso. Lo están entrenando para detectar un parásito que afecta a peces nativos de la región. La primera etapa consiste en comprobar si puede reconocer la presencia del parásito en el agua. Si eso funciona, el paso siguiente es más fino todavía: intentar que lo identifique dentro del propio caracol que lo aloja. De lograrlo, su olfato podría ahorrar horas de laboratorio a los investigadores, que hoy dependen de análisis microscópicos lentos y costosos. Es, en criollo, pasar de buscar al animal a buscarle la enfermedad en una gota de agua.
La historia de Humboldt, además, lleva un nombre anterior pegado. Antes que él, en la misma casa de Villa La Angostura y con la misma familia, estuvo Darwin, un perro que participó en investigaciones similares hasta que murió. Darwin fue el que abrió el camino; Humboldt es el que lo sigue ensanchando. No es un relevo cualquiera: significa que lo que se aprendió con uno no se perdió, sino que se transmite de un animal a otro, de un entrenamiento a otro, de una generación a la siguiente, con Kenia como nexo entre los dos. Como me dijo Alex, mientras Humboldt seguía olfateando el borde de un sendero: "Esto lo empezamos con Darwin y lo seguimos con él, y mientras el perro quiera trabajar, nosotros vamos a estar acá". Y uno, parado en la vereda con el zonda cayendo a plomo, siente que eso es lo más parecido a una promesa en serio.
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