La cámara que se mueve como un joystick: la nueva Resident Evil reimaginada desde el gamer
Zach Cregger y el director de fotografía Dariusz Wolski tradujeron al cine la mirada y los desplazamientos del personaje central. Una experiencia diseñada para sentirse como estar detrás del control.

Te voy a ser sincera: cuando me senté a ver esta nueva versión de Resident Evil firmada por Zach Cregger, no esperaba terminar fascinada por la cámara. Pero así fue. En la sala, lo que más me llamó la atención no fueron los zombis cayendo desde las terrazas ni las persecuciones por la avenida, sino esa sensación extraña, casi familiar, de que la cámara estaba atada a la nuca del protagonista. Bryan avanza, mirás hacia arriba y la imagen lo sigue. Girás la cabeza y la pantalla gira con vos. Es un movimiento que cualquiera que haya empuñado un joystick reconoce al instante.
La película se aleja a propósito de los argumentos conocidos de la franquicia de Capcom. Lo dijo el propio Cregger durante la promoción: la idea no fue copiar las historias ni los personajes, sino traducir al lenguaje del cine esa manera tan particular que tenemos de habitar un videojuego. Caminar por un pasillo oscuro, girar la vista, decidir hacia dónde mirar antes de avanzar. Toda esa mecánica que damos por sentada cuando jugamos, acá está puesta en escena con una precisión admirable.
Un ojo pegado a la espalda del protagonista
Para lograr ese efecto, Cregger se rodeó de un nombre pesado: Dariusz Wolski, el responsable de fotografía de las primeras cuatro entregas de Piratas del Caribe y colaborador frecuente de Ridley Scott. La dupla eligió lentes angulares y una cámara que sigue a Bryan desde atrás, por encima del hombro. Esa perspectiva remite directamente a Resident Evil 4 y a las entregas modernas de la saga. Es como si el director hubiera decidido que, antes que contar una historia nueva, lo que quería era replicar la postura del jugador.
“La intención fue trasladar al cine las mecánicas del videojuego sin reproducir sus argumentos. La acción se organiza alrededor de lo que el protagonista ve y de cómo se mueve.”Zach Cregger, director
Cuando la cámara no lo sigue, el montaje toma el relevo. Después de que Bryan sale de las alcantarillas, los cortes van mostrando los sectores hacia los que mira, permitiéndote a vos, espectador, reconocer cuál es su próximo objetivo. La película alterna esos recursos con planos cerrados de sus reacciones y con tomas directas desde su punto de vista. Es un baile muy bien coreografiado entre lo que vemos y lo que él ve.
Tecnología al servicio del vértigo
- Se rodó con cámaras Sony Venice 2, una de las herramientas más versátiles del mercado actual.
- El sistema RIALTO permite separar el sensor y la lente del cuerpo de la cámara, una solución clave para moverse en pasillos angostos y departamentos chicos.
- Esa configuración liviana posibilitó los movimientos fluidos que caracterizan a la película, sin perder calidad de imagen.
- La combinación de este equipo con las lentes angulares fue determinante para lograr la inmersión buscada por el director.
Lo que más me gustó, y te lo digo desde la butaca del cine, es que la película nunca pierde de vista su propia intención. Hay terror, claro, y hay comedia física bien dosificada, pero por debajo late una decisión estética muy consciente: cada plano está pensado para que el cuerpo del espectador reaccione como si tuviera un control en la mano. Es cine que se disfruta con los ojos bien abiertos y, si me permitís la licencia, también con el dedo índice imaginario apretando gatillo.
El estreno ya está en cartelera y la conversación entre gamers y cinéfilos recién empieza. Si te copa la idea de una Resident Evil que se siente como jugar, esta es la tuya.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

‘One Piece’ live-action: la temporada 2 vuelve a escena y Netflix alista un anuncio importante

Lanterns llega a HBO Max: el thriller policial con los Linternas Verdes de DC estrena el 16 de agosto

Claudia Piñeiro rescata del exilio a Puig y lo sube a un escenario porteño
