Jueves, 24 de septiembre de 2026
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La hipótesis del amor aterriza en Prime Video con Lili Reinhart y Tom Bateman como protagonistas de un pacto que se les va de las manos

La adaptación de la novela de Ali Hazelwood propone una comedia romántica ambientada en la universidad, donde una estudiante de posgrado y un profesor simulan un noviazgo por razones muy distintas hasta que la ficción empieza a confundirse con lo que sienten de verdad.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo · 24 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

A esta altura del calendario ya nadie se sorprende cuando una plataforma grande apuesta por una comedia romántica con pedigree literario, y menos todavía cuando la novela en cuestión viene precedida por el fenómeno de lectoras que arrastró La hipótesis del amor, el libro de Ali Hazelwood que ahora se tradujo a pantalla en una producción de 110 minutos dirigida por Claire Scanlon sobre guion de Sarah Rothschild, disponible en Prime Video con Lili Reinhart y Tom Bateman como cabezas de un reparto que se completa con Rachel Marsh, Nicholas Duvernay, Jaboukie Young-White y Arty Froushan, una dupla protagónica a la que vale la pena prestarle atención porque la película deposita en sus silencios, en sus roces y en sus acuerdos tácitos buena parte de su arquitectura emocional.

Un pacto con dos razones y un mismo disfraz

Lo que cuenta La hipótesis del amor arranca con una mentira piadosa que se va cargando de consecuencias, porque Olive Smith, la estudiante de posgrado que Reinhart encarna con una mezcla de incomodidad calculado y ternura mal disimulada, necesita que su amiga Anh crea que ya no está enamorada de Jeremy, un compañero de la universidad al que Marsh y Duvernay les toca dar vida, y para sostener esa versión acepta sumarse a un acuerdo con Adam Carlsen, el profesor que Bateman compone con esa distancia seca que tienen ciertos docentes de laboratorio cuando todavía no terminaron de tomarse el café, y que a su vez tiene sus propias razones para prestarse al juego, empezando por una beca cuya otorgamiento depende, entre otras cosas, de que el comité de selección lo perciba como un hombre estable, o al menos instalado en una relación formal, dos móviles opuestos que terminan encontrándose en la misma ficción cotidiana de pareja que ambos necesitan mantener a fuerza de cenas, mensajes y apariciones públicas en los pasillos del departamento.

“La película lleva al terreno de la investigación científica un recurso habitual de la comedia romántica: un vínculo que comienza como una actuación frente a los demás y se transforma a medida que sus protagonistas se conocen, de modo que el espectador va percibiendo, casi de la mano de Olive, que el noviazgo inventado empieza a tener zonas que ya no son del todo actuación.”Hugo Elizondo
  • Olive quiere ayudar a Anh a animarse con Jeremy y para eso simula haber superado esa historia.
  • Carlsen necesita mostrar una pareja estable como parte del expediente de una beca de investigación.
  • El trato los obliga a sostener el engaño ante amigos, colegas y autoridades del departamento.
  • A medida que sostienen la farsa aparecen gestos y reacciones que neither de los dos había previsto.

Hay un detalle que la película no pierde de vista y que le da espesor a un género que muchas veces se queda en la superficie, y es la biografía íntima de Olive, una joven que perdió a su madre durante la adolescencia y que encontró en Anh, su amiga del ámbito científico, una suerte de familia elegida, un anclaje afectivo que la película registra con bastante cuidado y que funciona como el motor emocional del pacto, porque lo que en el papel parece una mentira menor para arreglarle la vida a otra persona en la práctica la obliga a sostener un noviazgo que la deja expuesta frente a un profesor que además es objeto de deseo no declarado de medio departamento, y acá es donde Reinhart se luce con esos pequeños gestos de incomodidad, con esa manera de mirar para otro lado cuando la conversación se vuelve demasiado íntima, con esa risa corta que aparece como escudo cada vez que la situación amenaza con escapársele de las manos.

El recorrido del relato, entonces, no se detiene en la mecánica del engaño sino en ese desplazamiento gradual que va del acuerdo utilitario a algo que empieza a parecerse a un sentimiento de verdad, una transformación que Scanlon filma con paciencia y que Rothschild va sembrando con diálogos donde lo no dicho pesa tanto como lo efectivamente hablado, de modo que cuando llega el punto en el que la actuación se vuelve innecesaria el espectador ya sabe, porque viene leyéndolo desde hace varios planos, que la pregunta de fondo dejó de ser si Olive y Carlsen pueden sostener la fianza y pasó a ser qué van a hacer con lo que les empezó a ocurrir mientras la sostenían, y esa mudanza, que es el corazón de cualquier comedia romántica bien construida, es la que termina convirtiendo a La hipótesis del amor en una propuesta a la que vale la pena darle play un domingo a la tarde.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo

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