La Honda que va de Neuquén a Alaska: Nicolás cumple 40 y se va en moto hasta el fin del mundo
Vende su taller mecánico, deja el dinero para su hijo de 17 años y en noviembre arranca una travesía que puede durarle dos años. La ruta arranca en la Patagonia, baja hasta Ushuaia, sube por la Ruta 40, cruza Bolivia y Centroamérica y termina en el norte de Norteamérica.

Hay tardes en Neuquén en las que el Zonda empuja la puerta del taller y te hace dudar si conviene trabajar o salir a tomarse un cortado. En una de esas tardes, con el calor todavía pegado a la vereda, me crucé con Nicolás Poblet, un mecánico de 39 años que el 11 de octubre cumple 40 y que, pocas semanas después, va a dejar el país arriba de una moto. La idea suena de esas que uno escucha de boca de un amigo y piensa que es una exageración, pero él la dice con la misma calma con la que revisa una caja de cambios: se va en noviembre desde Neuquén hasta Alaska, sin fecha de regreso y casi sin itinerario cerrado.
La moto, el taller y el hijo que se queda
Lo primero que aclara Nicolás, mientras me muestra la moto en el fondo del taller, es que no está frente a una aventura deportiva ni frente a un capricho de mediana edad. Es algo que viene masticando desde hace años y que recién ahora se dio, sobre todo, porque su hijo Benjamín ya tiene 17 y un grado de autonomía que antes no tenía. La conversación con el chico, me cuenta, fue larga y clara: el padre vende el taller, deja el dinero para Benjamín y sale a la ruta con lo justo. "Lo único que realmente me preocupa en el viaje es poder mantener la comunicación con él", me dice, parado al lado de una Honda Navi que parece chica para tamaña empresa, pero que él eligió justamente por eso.
- Una Honda Navi, moto chica y de baja velocidad, elegida a propósito para moverse tranquilo.
- Herramientas, un bidón extra de combustible y una carpa como base.
- Un dispositivo Starlink para hablar con su hijo Benjamín durante el trayecto.
- Un canal de YouTube y una cuenta de Instagram bajo el nombre Astronavi para registrar todo.
- Aproximadamente el 90 por ciento de las noches, acampando al costado del camino.
La moto no está pensada para highways ni para hacer records. Nicolás la calcula a unos 60 kilómetros por hora y la idea es detenerse cada vez que el paisaje le tire una seña. Esa pausa permanente es parte del plan. Por eso la eligió: una moto diseñada para la ciudad y para moverse despacio, no para devorar rutas a toda velocidad. Como mecánico, además, conoce la máquina de memoria y se siente capaz de resolver la mayoría de los problemas técnicos que aparezcan en el camino, algo clave cuando uno se aleja de los talleres y de lasAssistencias oficiales.
De la Carretera Austral a Alaska, sin apuro
La ruta, en papel, tiene una lógica que cualquier lector de esta sección puede dibujar en un mapa. La primera etapa cruza a Chile y baja por la Carretera Austral hasta Ushuaia, el punto más al sur del continente. Desde ahí la idea es subir por Argentina siguiendo la Ruta 40, una de las clásicas para quien hace viaje largo por el país, y seguir después por Bolivia y por Centroamérica hasta entrar a Norteamérica y avanzar hacia Alaska. La estimación que maneja Nicolás es de entre un año y medio y dos años de viaje, aunque aclara que eso puede cambiar según lo que vaya encontrando. No hay fecha de regreso fija ni un itinerario cerrado: la ruta se va a ir escribiendo sobre la marcha.
“Lo único que realmente me preocupa en el viaje es poder mantener la comunicación con él.”Nicolás Poblet, mecánico y viajero
Para sostener el viaje, Nicolás liquidó o está liquidando la mayor parte de lo que tiene. El taller que dirige está en venta y lo que obtenga queda, como dijimos, para Benjamín. El viaje en sí lo financiará con algunos ahorros y con ingresos que espera generar durante el recorrido, una práctica habitual entre quienes hacen este tipo de travesías largas y que suele incluir arreglos mecánicos, colaboraciones en el canal de YouTube o trabajos puntuales en los lugares donde se detenga. Hay, además, una posibilidad que a esta altura ya se conversó en la mesa familiar: que Benjamín tome un avión hasta algún punto del recorrido y comparta con su padre una etapa del viaje. No es seguro, pero está abierto.
Antes de despedirnos, mientras el sol empieza a bajar y la vereda empieza a largar un poco de fresco, le pregunto a Nicolás qué va a extrañar de acá. Piensa un segundo, mira la moto, mira el taller y nombra, casi sin querer, las mismas cosas que cualquier vecino de por acá nombra cuando se imagina lejos: el asado del domingo, la gente, la rutina. Después se ríe, se acomoda el casco en el brazo y me dice, como cerrando una idea que viene dándole vueltas desde hace años: "Total, si la moto me deja, siempre puedo volver pedaleando". Acá lo vamos a estar siguiendo.
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