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La hora más peleada del día: por qué el desayuno puede cambiar la mañana de un chico en la escuela

Una revisión de estudios encontró que saltearse esa comida se asocia con peores resultados escolares, aunque no hay pruebas de que sea la causa. Una especialista aporta claves simples para resolverla sin correr contra el reloj.

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · 18 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Acá en Buenos Aires, cuando arranca marzo y el termómetro todavía se agarra de la pared, uno se cruza con la misma escena todos los días: padres y madres que caminan rápido por la vereda con el bolso del colegio en una mano y un paquete de galletitas en la otra, mientras un chico de mochila enorme arrastra los pies detrás. La pregunta del millón, la de siempre, es si ese chico llegó a desayunar o si pasó en blanco la primera comida del día, y la verdad es que muchas veces la respuesta es no. Y lo que parecía un problema menor empieza a aparecer con más fuerza en las investigaciones.

Una revisión sistemática que reunió 45 estudios, a la que se sumó un análisis posterior de 24 investigaciones observacionales, encontró que saltarse el desayuno se relaciona con un mayor riesgo de bajo rendimiento escolar en chicos y adolescentes. Eso no significa que no desayunar provoque malas calificaciones, porque en el medio entran el sueño, la plata que hay en la casa, la alimentación general y las rutinas de estudio, pero sí suma un motivo serio para prestarle atención a esa primera comida de la jornada.

Lo que pasa después del ayuno de la noche

La dietista Jennifer Hyland, de Cleveland Clinic Children’s, lo explica con una imagen bastante clara: después de varias horas sin comer, el cuerpo acumula cansancio, le cuesta pensar con nitidez y la respuesta física se vuelve más lenta. Por eso, a la hora de la primera prueba o de la primera explicación en el aula, un chico que arrancó el día sin comer puede estar en desventaja frente al que sí lo hizo, aunque los dos hayan dormido parejo y tengan la misma capacidad.

  • Huevos hervidos la noche anterior, listos para calentar o comer fríos.
  • Avena remojada, que se prepara de un día para el otro y se lleva en un pote.
  • Fruta ya lavada y cortada, para agarrar y salir.
  • Sándwiches de huevo congelados, tipo los que propone Cleveland Clinic, que van directo del freezer al horno o la tostadora.
  • Yogur griego con granola de bajo azúcar, como opción rápida.
  • Tostada integral con una feta de queso o con pasta de maní, para sumar fibra y proteína.

La fórmula que sostiene la mañana

Lo que Hyland recomienda, en el fondo, es bastante sencillo y se repite en cualquier manual de alimentación infantil: juntar proteínas y fibra en el mismo plato. Esa combinación es la que ayuda a que el hambre no vuelva a los veinte minutos y a que la energía no se caiga a mitad de la primera clase. Un huevo con una tostada integral, un cereal integral con leche y fruta, o el yogur griego con granola del que hablaba más arriba, son ejemplos que sirven como molde y que después cada familia adapta a los gustos y a la edad de los chicos.

La especialista también pide bajar el consumo de productos con mucho azúcar en el desayuno, porque suelen dejar una sensación de hambre rápida y, después, un bajón de energía que complica el resto de la mañana. Y aclara algo que en el barrio de Floresta me confirmó Laura, mamá de un nene de cuarto grado, mientras tomábamos un café en la vereda: no hay una cantidad única de proteína que sirva para todos los chicos, porque cada cuerpo y cada edad tienen sus propios tiempos y necesidades.

La revisión de los 45 estudios dio un dato interesante: los beneficios de desayunar aparecieron con más frecuencia cuando los participantes estaban mal alimentados o pasaban por situaciones de desnutrición, lo que refuerza la idea de que el problema de fondo muchas veces está en la mesa general de la familia y no solo en lo que se come a las siete de la mañana. Aun así, los autores fueron cuidadosos y remarcaron que los resultados cambian según el tipo de prueba que se usó y según las características de cada chico, así que la foto todavía no está terminada.

“El objetivo no es armar un desayuno perfecto, sino que las prisas no nos lleven a pasarnos toda la mañana sin comer, que es lo que termina pasando en muchas casas.”Jennifer Hyland, dietista de Cleveland Clinic Children’s

Ahora, si me permiten el consejo personal después de años cubriendo estas notas, lo que mejor funciona en las casas que conozco es preparar la mayor cantidad de cosas posible la noche anterior. Dejar los huevos ya hervidos, la fruta lavada y la avena lista en un recipiente cambia la mañana entera, porque a esa hora, con el despertador sonando y el chico medio dormido, lo que se resuelve en dos minutos se hace y lo que lleva diez minutos, directamente se saltea. Y eso, visto lo que dicen los estudios, puede terminar marcando la diferencia en una prueba de matemática o en la lectura de un texto en lengua.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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