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Sábado, 10 de octubre de 2026
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La indumentaria y los restaurantes todavía encabezan los sobrecostos regionales, pese a la leve baja en dólares de julio

El nivel general de precios argentinos se encareció en agosto según Fundar, mientras la ropa y la gastronomía conservan los sobreprecios más altos de América Latina y la recomposición cambiaria empieza a mostrar su techo.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo · · 6 min de lectura
La indumentaria y los restaurantes todavía encabezan los sobrecostos regionales, pese a la leve baja en dólares de julio

El mes de julio cerró con un dato que invita a leer dos veces: la Argentina volvió a ubicarse por debajo del promedio de precios de América Latina medido en dólares, y lo hizo por segundo mes consecutivo, pero esa foto general esconde una realidad más incómoda para el bolsillo de a pie, porque los rubros donde el país sigue siendo el más caro de la región son justamente los que más pesan en la vida cotidiana de cualquier familia, empezando por la ropa que se compra en la esquina y la comida que se paga en un restaurante de barrio. En términos agregados, el índice de Fundar mostró que los precios locales quedaron un 1,7% por debajo de la media latinoamericana, una diferencia que parece técnica pero que se traduce, en definitiva, en cuánto vale una misma canasta en pesos convertidos a dólar oficial frente a lo que cuesta en San Pablo, Bogotá o Quito.

El movimiento de julio respondió a una combinación conocida: la inflación minorista fue del 2,1% y el tipo de cambio oficial avanzó un 2,4%, de modo que la suba del dólar le ganó a la suba de los precios y empujó una baja del 0,3% en moneda extranjera, un número chico pero significativo porque cortó la tendencia anterior de encarecimiento relativo. En la comparación con los países de la región, la Argentina resultó más barata que Uruguay, Costa Rica y México, más cara que Brasil, Colombia, Honduras y Ecuador, y por primera vez desde abril de 2025 terminó levemente por encima de Chile, que se abarató casi un 3% por la depreciación de su propia moneda, un dato que muestra cómo la dinámica cambiaria latinoamericana se mueve en bloque y arrastra consigo las mediciones de competitividad.

La disparidad que deja en evidencia el ranking por rubro

Cuando el informe desagrega el índice en once categorías, la foto cambia de color, porque en cinco de ellas la Argentina sigue pagando de más respecto al promedio regional y, lo que es peor, en dos de esas cinco el sobreprecio es de los más altos que se registran en cualquier comparación seria de la región: la indumentaria resulta un 37% más cara que la media latinoamericana y los restaurantes un 53%, una brecha que golpea de lleno en el gasto de las familias de ingresos medios y que explica, en buena medida, por qué la sensación térmica de los precios nunca termina de acomodarse a lo que dicen los promedios. A esos dos rubros se suman comunicaciones, con un 21% por encima del promedio; recreación, con un 39%; equipamiento del hogar, con un 7%; y transporte, con un 2%, todos ellos por encima de la media, mientras que alimentos aparece un 10% más barato, junto con vivienda y servicios, educación, alcohol y tabaco, y salud.

La dinámica de julio muestra, además, que la baja fue bastante generalizada: diez de los once rubros cayeron en dólares y solo recreación escapó a la tendencia, con una suba del 1,3%, una señal de alerta para los sectores vinculados al turismo interno y al esparcimiento, que suelen mover estacionalidad fuerte en los meses de invierno y que, en este caso, parecen estar recalibrando sus precios a un ritmo más lento que el resto de la economía. En ese marco, la indumentaria lideró las bajas mensuales con un 4,1% en moneda extranjera, seguida por alcohol y tabaco, vivienda y servicios, y equipamiento del hogar, confirmando que el cambio de precios relativos ya tiene un recorrido considerable desde la última devaluación grande y que los sectores más vinculados al consumo masivo son los que más ajustaron a la baja en términos de tipo de cambio.

Agosto marca el freno y abre un interrogante

Lo más delicado del informe, y lo que a mí más me preocupa como lector cotidiano de estos números, es que el proceso de abaratamiento empezó a mostrar su freno en agosto, cuando la inflación del 1,7% superó el avance del tipo de cambio, que apenas llegó al 1,0%, y eso provocó un encarecimiento del 0,7% en moneda extranjera, un número pequeño en términos absolutos pero cargado de significado porque insinúa que la etapa en la que el dólar corría más rápido que los precios podría estar tocando su techo. Si esa tendencia se confirma en los próximos meses, la Argentina volvería a quedar por encima del promedio regional en la medición general, algo que ya había ocurrido durante buena parte del primer semestre, y los rubros más rezagados, indumentaria y restaurantes, mantendrían su holgura de precios aunque pierdan la que hoy conservan en el ranking regional.

En una mirada más larga, la indumentaria acumula la mayor baja relativa desde fines de 2023, con un retroceso del 41,2% en dólares, y los restaurantes le siguen con una caída del 26,5%, lo que confirma que el sector textil y el gastronómico fueron los que más rápidamente trasladaron la nueva paridad cambiaria a sus listas de precios, aunque ninguno de los dos alcanzó todavía a converger con la media latinoamericana, un dato que deja en evidencia la profundidad de los desajustes heredados y el esfuerzo que todavía falta para llegar a niveles de precios comparables con los de los socios comerciales del Mercosur. En el extremo opuesto, las comunicaciones treparon un 50,4% frente al promedio regional, un comportamiento que combina atraso tarifario previo, dolarización de servicios complementarios y un mercado con poca competencia efectiva, y que se instaló como el rubro donde la Argentina no logra despegarse de su sobrecosto histórico.

“Cuando uno mira la canasta completa, lo que ve es que el país se abarató en dólares pero todavía tiene la ropa y el plato fuera de casa más caros de toda la región, y eso no se resuelve solo con el tipo de cambio.”Hugo Elizondo, sección Vitivinicultura y campo

De la hilera a la góndola, lo que estas cifras muestran es que el ancla cambiaria funciona como espada de doble filo: ayuda a moderar precios medidos en moneda extranjera mientras dura, pero se agota rápido cuando la inflación vuelve a correr más rápido que el crawling peg oficial, y en ese tramo siempre quedan rezagados los rubros con mayor componente importado, como la indumentaria con sus telas y su logística, o con mayor inelasticidad de demanda, como los restaurantes en ciudades donde salir a comer se convirtió en un bien casi suntuario, y son justamente esos los rubros donde la Argentina sostiene los sobrecostos más altos de la región, una deuda de competitividad que el Estado todavía no resolvió y que, por ahora, sostiene la brecha más visible entre el promedio general y la vida diaria de la gente.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo

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