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Viernes, 2 de octubre de 2026
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La línea de los $3.900.000: dónde empieza el 10% que más gana y por qué ese umbral no dice todo

La Encuesta Permanente de Hogares del INDEC reveló que el decil superior de ingresos familiares arranca en 3,9 millones de pesos mensuales y promedia los 6,05 millones, con un techo que llega hasta los 75 millones. En el otro extremo, un hogar necesita vivir con menos de 578 mil pesos para integrar el 10% más pobre del país.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo · · 4 min de lectura
La línea de los $3.900.000: dónde empieza el 10% que más gana y por qué ese umbral no dice todo

La mañana se levantó con una garúa fina sobre los cuadros de Malbec en Luján de Cuyo, y mientras recorría las filas con Carlos, un viñatero de toda la vida del departamento, no podía dejar de pensar en los números que el INDEC acaba de poner sobre la mesa: para ser parte del 10% de los hogares que más dinero reciben en la Argentina, una familia necesitó haber ingresado al menos 3.900.000 pesos mensuales durante el segundo trimestre de 2026, un umbral que parece lejano para la mayoría y que, sin embargo, apenas marca el piso de un segmento que promedia los 6.057.098 pesos y se estira hasta los 75.000.000 en el extremo más alto. La diferencia entre el que recién entra y el que ya está instalado en la cima del decil superior es, como se ve, sideral, y esa amplitud es la primera advertencia a la hora de leer los datos: pertenecer al mismo grupo estadístico no significa compartir una realidad económica parecida.

Los valores surgen de la Encuesta Permanente de Hogares, que el INDEC levantó en los 31 aglomerados urbanos del país y que ordena a los hogares según el ingreso total familiar, es decir, la suma de sueldos, jubilaciones, pensiones, subsidios y cualquier otra entrada de dinero que llegue al hogar en el mes. Sobre ese total, el organismo construye diez grupos iguales, llamados deciles, y el décimo es el que concentra a las familias con mayores ingresos. En el conjunto completo de los hogares relevados, el promedio general fue de 2.037.784 pesos mensuales, una cifra que, como me decía Carlos mientras revisábamos el estado de los racimos, sirve poco y nada si no se la compara con los extremos: el decil más bajo promedió apenas 383.378 pesos, con un piso de 5.000 y un techo de 578.000.

La radiografía de cada decil

  • Decil 1 (10% más bajo): ingresos de entre 5.000 y 578.000 pesos, con un promedio de 383.378.
  • Decil 2: ingresos de entre 578.000 y 820.000 pesos mensuales.
  • Decil 3: ingresos de entre 820.000 y 1.035.806 pesos mensuales.
  • Decil 8: ingresos de entre 2.300.000 y 2.939.000 pesos mensuales.
  • Decil 9: ingresos de entre 2.939.000 y 3.900.000 pesos mensuales.
  • Decil 10 (10% más alto): desde 3.900.000 hasta 75.000.000 pesos, con un promedio de 6.057.098.

Lo que cuentan estos números, si uno se toma el trabajo de mirarlos con detenimiento, es mucho más que una foto del reparto de la plata: cuenta también de dónde sale esa plata. En el promedio de todos los hogares, el trabajo aportó el 78,1% de los ingresos y las fuentes no laborales, como jubilaciones, pensiones y subsidios, explicaron el 21,9% restante. Pero esa proporción se rompe en los extremos: en el decil superior, el peso del trabajo trepa al 86,6%, lo que confirma que quienes más ganan son, sobre todo, quienes más trabajan formalmente, mientras que en el decil más bajo la historia se da vuelta y son las entradas no laborales las que mandan, con el 67,3% del total, una dependencia de la jubilación, el plan o la pensión que vuelve a ese segmento especialmente vulnerable frente a cualquier ajuste en la política previsional o en los programas de asistencia.

Hay otro dato que ayuda a entender por qué la comparación entre deciles no es tan directa como parece, y es el tamaño de los hogares. Las familias del segmento superior tienen en promedio 3,4 integrantes, mientras que las del segmento inferior apenas llegan a dos, y el promedio general se ubica en 2,9 personas por hogar. Esto significa que, cuando se quiere medir cuánto le toca a cada miembro de la familia, las diferencias se achican pero no desaparecen, y que un hogar con muchos chicos en edad escolar, por ejemplo, puede tener un ingreso total razonable y, sin embargo, quedar abajo en la escala per cápita. Es la vieja discusión, la que va de la hilera a la góndola: los promedios engañan, y para entender cómo vive la gente hay que mirar la composición del grupo, no solo la cifra que el INDEC publica como cabecera.

La concentración del ingreso, además, queda a la vista con un solo número: el 10% más rico de los hogares se quedó con el 29,7% de la torta, mientras que el 10% más pobre apenas alcanzó el 1,9%, una relación de más de quince a uno que ayuda a dimensionar la distancia entre los dos extremos de la pirámide. En términos absolutos, el decil superior está integrado por unas 1.017.000 familias, en las que viven alrededor de 3.491.000 personas, una base chica si se la compara con los millones de hogares que el organismo releva trimestre tras trimestre. El problema, como siempre, es lo que el Estado todavía no resolvió: la falta de una política distributiva sostenida, la informalidad laboral que sigue expulsando a millones de argentinos del decil del trabajo formal, y un esquema de jubilaciones y subsidios que, según estos propios datos, sostiene a casi siete de cada diez hogares del escalón más bajo, lo que vuelve a esos ingresos especialmente sensibles a cualquier cambio en las reglas de juego.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo

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