La neumonía que llega sin tos ni fiebre: las pistas que el cuerpo da primero
Cansancio profundo, respiración corta y náuseas pueden anticipar una infección pulmonar. Especialistas remarcan que en mayores de 65 años y pacientes con defensas bajas la temperatura puede no elevarse, lo que vuelve clave prestar atención a las señales iniciales.

El lunes arrancó con esa calma engañosa de julio en Mendoza, con el termómetro clavándose en los treinta y pico y el aire pesado que se mete en el living y no se va hasta la noche. En la vereda de la calle San Martín, doña Beatriz, vecina de Luján de Cuyo, me contaba entre mates que a su marido lo internaron la semana pasada con un cuadro pulmonar que, según ella, empezó con un cansancio raro y una falta de aire que ella atribuyó al calor. Lo que tenía, en realidad, era una neumonía que se le había instalado sin los síntomas que uno esperaría, es decir, sin esa tos persistente y sin fiebre alta que todos tenemos asociados a la enfermedad.
Cuando la neumonía llega antes que la tos
Acá viene la parte que a mí, como periodista y como alguien que vive en una provincia donde el zonda y los cambios de temperatura nos juegan malas pasadas, me parece clave contar con tiempo. La neumonía no siempre arranca con el estornudo que termina en Accesso de tos en la madrugada ni con el termómetro marcando 39 grados. En muchos casos, el cuerpo empieza a dar señales previas que uno lee como agotamiento, como estrés acumulado, como una mala noche y nada más. La fatiga intensa, la respiración más acelerada de lo normal, los latidos rápidos, las náuseas, la falta de apetito y un malestar general que no se explica pueden estar anunciando que los alvéolos pulmonares ya se están inflamando y, con el paso de las horas, llenándose de líquido o de pus.
La causa puede ser bacteriana, como las infecciones por Streptococcus pneumoniae o por Mycoplasma pneumoniae, pero también viral, incluso como complicación de una gripe común o de un cuadro de covid-19 que parecía haber quedado atrás. Cómo evolucione el paciente depende del agente que la provoque, de la edad y del estado de salud previo, un combo que en el sur de Cuyo conocemos bien porque, entre el frío cordillerano, el humo de las quemas y los aires acondicionados a full, las defensas suelen quedar bastante golpeadas.
“La fatiga y el cansancio pueden aparecer primero y ser profundos; si bien la tos es casi universal, algunas personas no tienen mucha fiebre.”Gerald Weinhouse, neumonólogo de la División de Medicina Pulmonar y Cuidados Críticos de Mass General Brigham
Qué mirar cuando todavía no hay fiebre
- Cansancio profundo que no se justifica con el esfuerzo realizado y que no mejora con el descanso.
- Respiración acelerada o sensación de que falta aire al hacer tareas cotidianas, como subir unas escaleras o barrer la vereda.
- Latidos más rápidos de lo habitual o palpitaciones que aparecen sin motivo claro.
- Náuseas, falta de apetito y un malestar general que va creciendo con el correr de las horas.
- En adultos mayores y personas con defensas bajas, temperatura corporal por debajo de lo normal, lo que puede confundir y hacer creer que no hay infección.
Hay un detalle que a mí me parece fundamental remarcar, y que vale para toda la familia: en los mayores de 65 años, en quienes tienen el sistema inmunológico comprometido o en los que conviven con enfermedades crónicas, la fiebre puede directamente no aparecer. Entonces, la ausencia de fiebre no descarta la neumonía, sino que, en algunos perfiles de pacientes, la vuelve incluso más peligrosa porque se consulta tarde. Cuando el cuadro avanza, pueden sumarse presión arterial baja, diarrea o cambios en el estado mental, y ahí aparece una señal de alerta que no admite espera: confusión repentina, somnolencia fuera de lo normal o desorientación requieren consulta médica en el momento, sobre todo si se trata de un abuelo, una abuela o alguien que ya viene lidiando con una patología de base.
Quiénes tienen que mirar estas señales con más atención
Los grupos con mayor riesgo de complicaciones son los que ya conocemos de memoria, pero que conviene repasar cada invierno: bebés y niños pequeños, adultos mayores, personas que fuman y quienes conviven con enfermedades cardíacas, pulmonares, diabetes, asma o cáncer, además de quienes están recibiendo tratamientos que bajan las defensas, como quimioterapia o corticoides prolongados. Entre las complicaciones posibles aparecen el derrame pleural, la presencia de bacterias en sangre, los abscesos pulmonares y la insuficiencia respiratoria que, en los casos más severos, termina con una internación. En ese punto, doña Beatriz, con su voz baja de quien ya pasó por el hospital y la recuperación, me dejó la frase que a mí me sirve de cierre para esta nota: mientras su marido pelea la en la clínica, ella repite que haber subestimado el cansancio fue el error, y que ojalá alguien les hubiera contado antes que la neumonía puede empezar sin tos y sin fiebre, porque ahora lo sabe de la peor manera, pero al menos lo sabe.
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