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Miércoles, 7 de octubre de 2026
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La obsesión por el six pack: por qué bajar la grasa corporal de más puede terminar jugando en contra

Especialistas advierten que llevar las reservas de grasa a mínimos extremos, como hacen muchos aficionados al gimnasio, puede afectar músculos, huesos y hasta la respuesta a infecciones. Densidad mineral ósea, leptina y distribución de la grasa visceral son algunas de las claves para entender los límites del descenso de peso.

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · · 4 min de lectura
La obsesión por el six pack: por qué bajar la grasa corporal de más puede terminar jugando en contra

Acá en Buenos Aires el tema vuelve a aparecer cada vez que arranca el calor y la gente se desespera por llegar al verano con la panza marcada. Pero lo que muchos no tienen en cuenta es que bajar la grasa corporal más allá de cierto punto puede terminar complicando la salud en lugar de mejorarla, y eso vale tanto para el que se machaca en el gym como para el que come ensaladas a la madrugada pensando que está haciendo lo correcto. Así lo explican un puñado de investigadores que llevan años estudiando la composición del cuerpo humano y los límites reales que tiene ese famoso porcentaje que todos miran en la balanza del gimnasio.

La grasa no es solamente esa cosa que aparece en la panza y que uno quisiera borrar de un plumazo. En el cuerpo humano cumple un rol bastante más serio del que se le suele reconocer: además de funcionar como una reserva de energía para los momentos en que el organismo necesita combustible, también fabrica hormonas y participa en la regulación de un montón de procesos internos. Por eso, cuando esas existencias se llevan a niveles demasiado bajos, lo que se altera no es únicamente la estética sino una serie de funciones que van desde la producción de hormonas hasta la capacidad del cuerpo para defenderse de ciertas enfermedades.

Por qué el porcentaje de grasa en la balanza no dice todo

Una de las cosas que uno escucha seguido en los gimnasios es que el hombre definido tiene que estar en un diez por ciento de grasa corporal y la mujer en torno al dieciocho o veinte. Esas cifras circulan como si fueran mandamiento, pero en la práctica son referencias muy gruesas. Tamara Hew-Una investigadora de la Universidad Estatal de Wayne que participó en un estudio con más de setecientos deportistas, comentó que los mínimos registrados en analizados fueron del diez por ciento en hombres y del dieciséis por ciento en mujeres, muy lejos del uno o dos por ciento que muchos imaginan cuando escuchan la palabra definición. En otras palabras, pensar que hay que llegar a ese mínimo imaginario es no solamente irreal sino además potencialmente problemático para la salud.

El número que aparece en la balanza de bioimpedancia además depende mucho del estado de hidratación que tenga la persona en ese rato: tomar agua antes de subirse a la balanza, haber entrenado o incluso haber comido liviano puede hacer variar el resultado de manera considerable. Los pliegues cutáneos, por su parte, sirven para tener una idea aproximada pero no permiten conocer la grasa que rodea los órganos, que es justamente la que más preocupa a los especialistas por estar asociada con problemas cardiovasculares y metabólicos.

Lo que puede pasarte si bajás demasiado

  • Pérdida de masa muscular: cuando la restricción de calorías es muy marcada y las reservas de grasa se agotan, el cuerpo empieza a tomar aminoácidos del músculo para obtener energía, y eso termina deteriorando justamente lo que uno va a buscar al gimnasio.
  • Problemas hormonales: en los hombres con alimentación insuficiente puede bajar la testosterona, junto con la energía y el rendimiento; en algunas deportistas la falta de grasa se relaciona con irregularidades en el ciclo menstrual o directamente con la desaparición de la menstruación.
  • Huesos más débiles: la generación y reparación del tejido óseo puede verse perjudicada, algo que en las mujeres preocupa especialmente por el riesgo futuro de osteoporosis.
  • Defensas bajas: tener pocas reservas de grasa dificulta la respuesta del cuerpo ante infecciones serias, algo que los médicos observan especialmente en personas con bajo peso.

Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, explicó que la grasa cumple funciones que no son menores en el organismo, y que cuando esas reservas caen demasiado, distintos órganos y sistemas pueden empezar a funcionar distinto. Una de las claves está en la leptina, una hormona que produce el tejido adiposo y que le comunica al cerebro cuánta energía tiene guardada la persona. Cuando esa señal baja, porque las reservas cayeron mucho, el cuerpo interpreta que estamos en un momento de escasez y empieza a relegar funciones para ahorrar recursos, lo que en la práctica se traduce en menos energía, menos libido, menos capacidad de recuperación y, como vimos, huesos y defensas más débiles.

El otro extremo también es un problema

Aunque bajar de más preocupa, el tema no es solamente del otro lado. El exceso también importa, y especialmente cuando la grasa se acumula en el abdomen, rodeando los órganos. Esa grasa visceral, como la llaman los especialistas, está asociada con un mayor riesgo de problemas cardiovasculares, resistencia a la insulina y otras complicaciones metabólicas. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, señaló justamente que la clave está en el equilibrio y que tanto pasarse para un lado como para el otro termina pasando factura. Por eso, antes de obsesionarse con un número en la pantalla de la bioimpedancia, conviene tener una mirada más amplia de lo que está pasando con el cuerpo en general y entender que la grasa, bien administrada, no es la enemiga que muchos pintan.

“La grasa corporal cumple funciones que no son menores: cuando esas reservas caen demasiado, el cuerpo puede empezar a recurrir al músculo y a alterar la producción hormonal.”Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan
JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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