Le enchufaron el cerebro de una mosca a un mail, un Doom y un broker de criptomonedas y mirá cómo le fue
Un mapa con más de 166.000 neuronas de la Drosophila melanogaster sirvió para probar clasificación de correos, controles de videojuegos y decisiones financieras simuladas. Rendimiento discreto y muchas dudas.

Volví a confiar en la tecnología y volví a quedar como un gil. Esta vez no fue la cafetera ni el GPS del auto: fue leer que un grupo de investigadores serios decidió meterle al sistema nervioso de una mosca de la fruta la responsabilidad de clasificar correos, jugar al Doom y hasta operar con criptomonedas. Y yo acá, todavía peleándome con el spam.
La reconstrucción en cuestión se llama MaleCNS v1.0 y, para que se entienda, vendría a ser como sacar una foto de altísima definición de cada cable y enchufe del cerebro y el cordón nervioso de una mosca macho adulta. En concreto, tiene más de 166.000 neuronas, alrededor de 125 millones de conexiones y unos 11.700 tipos celulares. La cifra de 125 millones de sinapsis equivale, en volumen doméstico, a tener una ciudad del tamaño de Rosario llena de cables de internet entrecruzados: una locura para tratar de replicarla en una computadora.
Filtrar mails con cerebro de insecto
Una de las pruebas concretas fue, ni más ni menos, separar correos basura de correos útiles. La simulación del conectoma, que así se llama al mapa de cómo se conectan las neuronas, alcanzó aproximadamente el 80 % de la precisión de una pequeña red neuronal artificial diseñada a medida para esa tarea. O sea: rindió un poco menos que un sistema pensado específicamente para eso. Para dimensionarlo: si la red artificial es un alumno que se sacó un diez, el cerebro de mosca se sacó un ocho. No está mal, pero tampoco justifica cambiar al becario por una Drosophila.
Doom, Mario y un broker hecho mosca
El ingeniero Alex Wormuth, que claramente le gusta experimentar, conectó el modelo al clásico Doom. Cada cuadro del juego se transforma en estímulo para las neuronas sensoriales simuladas: el brillo y el color viajan por la red y terminan saliendo como acciones de teclado. Para que la mosca aprenda a no morirse, se activan unas células dopaminérgicas, unas neuronas que liberan dopamina, cada vez que el personaje recibe daño pero sigue vivo. Es básicamente el equivalente neuronal al reto del nene que toca la hornalla y se quema.
La misma lógica la llevó a Stonkfly, un proyecto donde gráficos financieros sirven para decidir compras y ventas de criptomonedas dentro de una cartera virtual. Cuando hay ganancia, se prende una señal asociada a 15 células; cuando hay pérdida, se estimulan otras dos vinculadas con respuestas de disgusto. En criollo: la mosca se alegra con los verdes y se amarga con los rojos. El propio material aclara que esto es experimental y no aporta datos para evaluar si sirve como herramienta de inversión. Menos mal, porque yo ya me veo explicando a mi suegra por qué una mosca le vació la billetera cripto.
Otros desarrolladores, porque siempre hay alguien con tiempo libre, ensayaron usos en Super Mario 64, en Beat Saber, en resolver salas de escape y hasta en diseñar tipografías. Todos coinciden en lo mismo: para que el cerebro de mosca haga cualquier cosa hay que agregarle una simulación encima del conectoma, porque solo no entiende de mails, ni de monstruos pixelados, ni de velas japonesas.
Cosas para tener en cuenta antes de emocionarse
- El MaleCNS v1.0 es una reconstrucción digital, no un cerebro funcionando de verdad: las simulaciones suelen ser más lentas y menos precisas que una red neuronal diseñada a medida para la tarea concreta.
- La precisión del 80 % en clasificación de correos es relativa, se compara contra una red artificial chica, no contra una métrica fija sobre el total de mensajes.
- La reconstrucción salió de millones de imágenes de cortes ultrafinos del sistema nervioso, obtenidas con microscopía electrónica, y demandó colaboración entre Google Research, el HHMI Janelia Research Campus, Harvard y Princeton.
- El modelo incluye cerebro y cordón nervioso, lo que permite estudiar cómo un estímulo sensorial se traduce en una respuesta motora, algo que otros mapas más limitados no ofrecen.
Moraleja, y la digo en imperativo porque me place: no te gastes 200 dólares en una mosca robótica para que te filtre el mail. Si querés probar este tipo de modelos, tomátelo como un experimento académico y no como una solución lista para producción. Y, sobre todo, no le pidas consejo financiero a un insecto, ni siquiera a uno con 166.000 neuronas.
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