León XIV y el tumor en el pulmón: qué se sabe del adenocarcinoma que le detectaron en el Vaticano
El neurólogo Conrado Estol explicó que se trata del subtipo de cáncer de pulmón más frecuente en personas no fumadoras y describió cómo se define el pronóstico tras una lobectomía videoasistida.

La noticia cruzó el Atlántico y se instaló en la sobremesa de los argentinos con la misma fuerza con la que entra el sol por la ventana cuando empieza a apretar el calor de noviembre acá, en cualquier barrio de Buenos Aires, donde la vereda todavía guarda la temperatura de la tarde anterior. Resulta que el papa León XIV, nacido en Estados Unidos pero con historia familiar en el país, fue operado de un adenocarcinoma pulmonar en el Policlínico Gemelli de Roma, una intervención que duró alrededor de noventa minutos y en la que le extirparon el lóbulo inferior derecho mediante una cirugía videoasistida, es decir, con pequeñas incisiones y cámara, en lugar de abrir el pecho como se hacía antes.
Lo que más llamó la atención, incluso entre los propios médicos que siguen el caso desde acá, es que el cuadro posoperatorio marchó sin sobresaltos: el sumo pontífice retomó la alimentación habitual, hizo kinesioterapia respiratoria y empezó a caminar dentro de su propia habitación, según confirmó el Vaticano en un comunicado oficial que recorrió las redacciones del mundo.
Un tumor típico de quien nunca fumó
Para entender de qué se habla cuando se dice adenocarcinoma, vale la pena escuchar al neurólogo Conrado Estol, que en las últimas horas se tomó un rato para explicar el tema con una claridad que se agradece. Según contó, el adenocarcinoma es el subtipo de cáncer de pulmón más frecuente entre las personas que no fuman, y representa entre el 55 y el 80 por ciento de los casos dentro de ese grupo. Suele ubicarse en la periferia del pulmón, lo que tiene una consecuencia clave: al no obstruir un bronquio principal, el tumor pasa más tiempo sin dar síntomas visibles, y por eso muchas veces se descubre tarde.
A mí me lo resumió Jorge, un vecino de Devoto que siempre se acerca cuando alguien habla de medicina en la esquina: "Mirá, si a vos no te duele ni te tose, ¿cómo te vas a enterar que tenés algo así? Por eso te digo, yo al médico voy aunque esté sano, porque acá uno se cuida o se cuida". Esa lógica, un poco criolla y un poco sabia, es la que comparten los especialistas cuando insisten con los controles periódicos.
Por qué se saca un lóbulo entero y no solo el nódulo
La decisión de los cirujanos de extraer el lóbulo completo, y no únicamente el nódulo sospechoso, responde a una lógica oncológica muy precisa que Estol se encargó de detallar. Una lobectomía busca dejar márgenes libres de células tumorales, o sea, asegurarse de que alrededor del tumor no quede nada que puedaar, y al mismo tiempo permite analizar con mucho más detalle los tejidos cercanos. Durante la operación, un patólogo puede estudiar muestras en el momento para distinguir entre cáncer, fibrosis o cicatrices, aunque el diagnóstico definitivo siempre se completa con el estudio microscópico posterior.
- El tamaño exacto del nódulo, que se mide en centímetros y define el estadio.
- El estado de los ganglios linfáticos cercanos, que se analizan durante la cirugía.
- Si hubo compromiso de la pleura, la membrana que envuelve el pulmón.
- La presencia de mutaciones genéticas específicas en el tumor.
Sobre el pronóstico, Estol planteó un escenario hipotético pero orientativo: si el nódulo mide dos centímetros, los ganglios están libres y la pleura no presenta compromiso, la sobrevida a cinco años puede acercarse al 99 por ciento, una cifra que, como me dijo Beatriz, profesora de Palermo, mientras esperábamos el colectivo bajo un sol de justicia, "le cambia la cabeza a cualquiera, porque uno escucha cáncer y ya se imagina lo peor, y resulta que no siempre es así". Claro que ese es el mejor escenario posible, y todavía no se conocieron públicamente los datos exactos del caso del Papa.
La genética del tumor, la llave del tratamiento a medida
En paralelo a la recuperación, laboratorios especializados están analizando la genética del tumor extraído. Ese estudio, que en Argentina se hace en centros de referencia y suele demorar algunas semanas, puede detectar mutaciones específicas como las del EGFR, el KRAS, el BRAF, el HER o el MET, que permiten indicar terapias dirigidas administradas por vía oral, en forma de comprimidos. La inmunoterapia es otra alternativa, en este caso aplicada por vía intravenosa, y sirve para entrenar al propio sistema inmune contra las células cancerosas. Estol aclaró que ambas opciones pueden perder efectividad con el paso del tiempo, por eso el seguimiento oncológico continuo es parte del tratamiento y no un trámite posterior.
Como me dijo al pasar Roberto, un vecino de San Telmo que escucha todas las noticias médicas con atención: "Lo importante es que ahora se sabe qué es, y se sabe cómo se trata, y eso ya es mucho". Tiene razón: hoy, saber el nombre exacto del tumor y su perfil genético es el primer paso para diseñar un tratamiento a medida, y eso, aunque la palabra cáncer sigue pesando, es una buena noticia en medio de la preocupación.
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