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Levantarse de la silla unos minutos y volver a la tarea: lo que dice la ciencia sobre los microdescansos activos

Una revisión de 25 estudios reunida por un equipo internacional detectó que interrumpir el trabajo sedentario con caminatas, estiramientos o escaleras mejora la atención y la memoria al retomar la actividad. En San Juan, varios vecinos consultados por este portal ya lo aplican sin saber que tenía nombre.

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · 20 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Acá en San Juan, cuando el termómetro empieza a empujar los treinta y pico y la vereda se pone blanca de sol, uno se imagina que la recomendación va a ser quedarse quieto con un ventilador de mano, pero resulta que la ciencia viene diciendo hace rato todo lo contrario, al menos para quienes pasan la jornada sentados frente a una pantalla o con la mirada clavada en un cuaderno: lo que más rinde, a la hora de volver a poner la cabeza, es levantarse, caminar un tramo, estirar las piernas o subir un par de escalones, aunque sea por un ratito corto, y después sentarse otra vez con la tarea entre manos.

La propuesta la sintetiza una revisión de 25 ensayos clínicos que reunió a 1.115 participantes de entre 8 y 78 años, publicada por un equipo encabezado por Yongming Li, donde se analizaron qué pasa cuando uno interrumpe el tiempo sedentario con movimientos breves. Lo que encontraron los autores es que, al retomar lo que estaban haciendo, los voluntarios mostraban mejoras en la atención sostenida, en la capacidad de cambiar de consigna, en el control de los impulsos y en la llamada memoria de trabajo, esa que permite tener un dato en la cabeza mientras se resuelve otra cosa al mismo tiempo.

Qué se probó y durante cuánto tiempo

  • Caminatas cortas por la oficina, el aula o el pasillo de casa.
  • Estiramientos junto a la silla, sin necesidad de cambiarse de ropa.
  • Subir escaleras, pedalear en una bicicleta fija o hacer ejercicios de resistencia.
  • Sesiones de yoga suave y rutinas más intensas, como correr sin desplazarse o saltar en el lugar.
  • Todas las interrupciones analizadas duraron menos de diez minutos, y muchas apenas dos.

Lo que a mí más me llamó la atención de la revisión es el dato de la frecuencia: cuando las pausas se separaron por una hora, el beneficio fue levemente mayor que cuando se hicieron cada treinta minutos, aunque la diferencia fue chica. También se vio que los efectos fueron más claros en los ámbitos escolares y laborales, y cuando la rutina se sostuvo durante varias semanas en vez de un día aislado. El promedio estadístico dio un valor de 0,24, donde la barra de 0,2 se considera un efecto pequeño, así que nadie está hablando de milagros, sino de una mejora modesta pero consistente.

“Es una intervención bastante accesible, no requiere equipamiento y se puede adaptar a escuelas o oficinas sin grandes cambios.”Mark Hamer, investigador del University College London

Hamer, que no participó en todos los ensayos pero sí los discutió, pidió igualmente cautela al leer el promedio, porque junta desde chicos de ocho años hasta adultos de 78, y las exigencias cognitivas no son las mismas a los diez que a los sesenta. Otro de los autores, Mike Trott, de la Universidad de Queensland, apuntó como hipótesis que el movimiento breve libera dopamina y noradrenalina, dos sustancias que están asociadas con el estado de alerta y con la capacidad de sostener la atención, y que además aumentaría el flujo sanguíneo en zonas del cerebro comprometidas con la memoria de trabajo.

En la redacción lo charlamos con Dora, de Recursos Humanos, que me dijo, mientras se servía un mate en la cocina: yo siempre le digo a los chicos del área que paren, vayan al kiosco y vuelvan, aunque sea cinco minutos, porque cuando se quedan dos horas clavados mirando el monitor se les nota en la cara y en los errores. Me parece que la evidencia le termina dando la razón, con la aclaración de que estas pausas no reemplazan la actividad física recomendada para cuidar la salud en general, sino que la complementan durante la jornada sedentaria.

En lo concreto, y siempre hablando desde lo que cuenta el material y no desde lo que uno quisiera que contara, la conclusión más razonable es esta: si uno pasa muchas horas sentado, intercalar caminatas, estiramientos o escaleras por períodos cortos, en lo posible cada hora y sostenidos en el tiempo, parece ayudar a volver con más cabeza a la tarea que se dejó pendiente, sin prometer maravillas pero sin pedir casi nada a cambio.

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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