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Lindelof descorrió el velo de la isla: qué fue real y qué no en la última temporada de Perdidos

A más de quince años del final de la serie, el cocreador de la ficción volvió a poner blanco sobre negro: la isla existió, la Iniciativa Dharma existió, y los flash sideways no fueron una paradoja temporal sino un estado posterior a la muerte inspirado en un texto budista.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo · 27 DE AGO DE 2026 · 5 min de lectura
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A esta altura de la conversación televisiva, pocas series generaron un misterio tan persistente como el que dejó Perdidos al cerrar su sexta temporada. La pregunta que todavía sobrevuela foros, podcasts y sobremesas es la misma que se hicieron millones de espectadores aquella noche de mayo de 2010: lo que vimos durante seis años, ¿ocurrió de verdad o fue una construcción del más allá? Damon Lindelof, cocreador de la serie junto a J.J. Abrams y Jeffrey Lieber, volvió a tomar la palabra para terminar, de una vez por todas, con la teoría más popular entre los fans: la que sostiene que la isla era el purgatorio y que ninguno de los eventos narrados tuvo existencia real.

El cierre de Jack y los flash sideways no cuentan lo mismo

La posición de Lindelof es tan clara como contundente. Según explicó en distintas entrevistas que volvió a poner en circulación hace pocos días, el último fotograma de la serie, ese en el que Jack Shephard cierra los ojos y muere acostado sobre la hierba, pertenece al hilo narrativo principal, al relato de lo que efectivamente ocurrió en la isla. Lo que ese ojo cerrándose vino a confirmar, en realidad, es que todo lo anterior fue real. La Iniciativa Dharma fue real. La isla fue real. Y al terminar la serie, según palabras del propio Lindelof, Hurley y Ben continuaban operando allí.

Lo que nunca existió como realidad alternativa fue la línea narrativa paralela conocida como flash sideways: esa dimensión donde los personajes no se conocen entre sí y el vuelo Oceanic 815 nunca se estrella contra la isla. Para Lindelof, esa sexta temporada dividida en dos relatos simultáneos no representa una paradoja temporal ni una versión alternativa de la historia, sino la experiencia de los personajes después de muertos. Una especie de limbo colectivo, si se quiere, pero con reglas muy precisas y una raíz cultural que nada tiene que ver con el imaginario cristiano clásico del purgatorio.

“Todo lo que siempre te hemos mostrado, todo lo que ocurre en la isla, ocurrió. Absolutamente, al cien por cien.”Damon Lindelof

El Bardo Thodol y la decisión tomada entre la tercera y la cuarta temporada

Lo que muchos espectadores desconocen es que la idea de construir esa dimensión post mortem no fue un hallazgo de último momento, sino una decisión que los guionistas tomaron cuando la serie apenas había superado la mitad de su recorrido. Entre el final de la tercera temporada y el inicio de la cuarta, el equipo creativo ya sabía que la historia cerraría con la muerte de Jack. La simetría entre el ojo que se abre en el piloto de la serie y el ojo que se cierra en el episodio final les parecía, desde temprano, la conclusión correcta. El problema que debían resolver era otro: cómo mostrar lo que le pasaba al personaje después.

La respuesta la encontraron en un texto que nada tiene que ver con la televisión ni con la cultura pop occidental. Se trata del Bardo Thodol, conocido en Occidente como el Libro tibetano de los muertos, un antiguo texto budista que describe los estados intermedios por los que atraviesa la conciencia luego del fallecimiento. El concepto central del Bardo, según la tradición, es el de un estado en el que una persona muere pero todavía no sabe que está muerta, y en el que nadie puede revelarle esa verdad de manera directa, aunque sí puede recibir señales que lo vayan orientando hacia el reconocimiento. Lindelof lo sintetizó con una frase que resume el andamiaje filosófico de toda la sexta temporada.

“La idea de Bardo es un lugar al que vas cuando mueres pero no sabés que estás muerto. Nadie puede decírtelo.”Damon Lindelof

Para que el recurso dramático no resultara obvio desde el primer episodio de la sexta temporada, los guionistas decidieron introducir los viajes en el tiempo al cierre de la cuarta temporada y construir toda la quinta sobre esa base narrativa. La intención, según reconoció el propio Lindelof en más de una oportunidad, era que el público interpretara durante varios capítulos los flash sideways como una paradoja temporal, como una línea alternativa de hechos, hasta que los propios personajes, al comenzar a recordar cosas que en ese hilo nunca habían vivido, forzaran la gran pregunta que recién se responde en el final: cómo es posible que recuerden algo que nunca les pasó.

  • La isla y todo lo que ocurrió allí fue real: la Iniciativa Dharma existió, Hurley y Ben la siguieron operando después del final.
  • Los flash sideways no son una realidad alternativa ni una paradoja temporal, sino un estado posterior a la muerte inspirado en el budismo tibetano.
  • La decisión de construir ese limbo colectivo se tomó entre la tercera y la cuarta temporada, cuando ya se sabía que Jack moriría en el cierre.
  • Los viajes en el tiempointroducidos al final de la cuarta temporada fueron una herramienta de distracción para que el público no advirtiera antes de tiempo la verdadera naturaleza de los flash sideways.
  • La clave de lectura está en el Bardo Thodol: un estado donde los personajes murieron pero no saben que están muertos, y deben encontrar el recuerdo como camino.

Quince años después de aquel cierre que dejó a buena parte de la audiencia con la sensación de que se había quedado a mitad de camino, la explicación de Lindelof no termina de conformar a todos los fans. La teoría del purgatorio sigue circulando con fuerza, alimentada por una serie de coincidencias visuales y por la propia presencia de un personaje llamado Desmond que parece mover los hilos entre ambos planos. Pero lo cierto es que el cocreador de Perdidos fue siempre consistente en su postura, y la cita textual que dejó en sus últimas apariciones públicas no deja demasiado lugar a la ambigüedad: la isla fue real, los personajes murieron al final, y el viaje que vimos en la sexta temporada es el que hicieron después, en un limbo con reglas tomadas de un texto budista de más de mil años.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo

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