Los Von Erich, el apellido maldito del catch que llegó a Prime Video para quedarse
El film de Sean Durkin con Zac Efron, Harris Dickinson y Jeremy Allen White rescata una historia real que parece sacada de una tragedia griega: gloria, plata y un padre que quiso fabricar campeones a fuerza de amor y de crueldad.

Te cuento cómo arranca esta historia para que entiendas de qué va la cosa: en algún set de los suburbios de Texas, un tipo enorme, de apellido alemán, mira a sus hijos y les repite lo mismo todas las noches, antes de que se duerman y después de que se despierten. Fritz Von Erich no les pedía que fueran felices. Les pedía que fueran máquinas. Les pedía que ganaran. Y les pedía, sobre todas las cosas, que no se rompieran. Ese padre, que alguna vez soñó con ser él mismo una estrella del catch y se quedó a medio camino, terminó construyéndose una dinastía con la carne y el alma de sus seis hijos varones. Lo que pasó después es de esas historias que a uno le cuesta creer que sean ciertas: parece guion, parece exageración, parece novela. Pero pasó. Y el cineasta Sean Durkin lo cuenta en El clan de hierro, que ahora se puede ver en Amazon Prime Video después de haber pasado por los cines de todo el mundo.
Yo fui a verla al cine cuando se estrenó por acá y la sala estaba bastante llena, con un público curioso por Zac Efron y un poco incrédulo con el tema: ¿catch? ¿Drama familiar? ¿Qué es esto? Salí en silencio, como salen muchos cuando una película les pega donde no duele. Y la recomendación acá, si todavía no la viste, es bien directa: sentate tranquilo, ponete auriculares si podés, y dejá que la historia te lleve. Porque El clan de hierro es de esas pelis que arrancan con una atmósfera de drama tan marcada que uno ya sabe que algo feo va a pasar, y sin embargo igual duele cuando llega.
Un padre que quiso ser rey y mandó a sus hijos a la guerra
El punto de partida del film es Fritz, un tipo frustrado que se sacó el bronce en los Juegos Olímpicos y que vio cómo su sueño deportivo se le iba de las manos. Entonces miró para el costado, vio a sus hijos, y decidió que ellos iban a terminar la obra que él no pudo. Los entrenó desde chicos, los subió al ring siendo casi nenes, y los fue empujando uno tras otro hacia la misma cima. A veces los abrazaba. A veces los castigaba. Y siempre, siempre, les recordaba el apellido. Lo que a Durkin le interesa no es tanto el show de la lucha libre, con sus lonas, sus luces y su público enardecido, sino lo que pasaba adentro de la casa de los Von Erich: la presión del-viejo-que-quiere-vengar-sus-cuentas-pendientes, el peso de ponerse la máscara cada noche y los rumores que iban y venían por los pasillos del circuito.
“La transformación física de los actores es real. Zac Efron, que interpreta al mayor de los hermanos, Kevin, llegó a la película con un cuerpo completamente distinto al que le conocíamos. Lo mismo Jeremy Allen White y Harris Dickinson, que se metieron en la piel de otros miembros de la familia. Dicen los que los vieron en el rodaje que los ensayos de lucha duraban horas, que se lastimaban de verdad entre toma y toma, y que esa energía se nota en la pantalla.”
Una estética ochentera al servicio de la tragedia
Estéticamente, Durkin arrancó la película en blanco y negro, como un guiño a los viejos dramas deportivos en blanco y negro que todos tenemos en la cabeza, y de a poco fue abriendo el espectro hasta meternos de lleno en los ochenta: colores saturados, laca en el pelo, luces de neón, ruido analógico, máquinas de faxes. Cada decisión visual, desde el encuadre hasta la elección de la música, está al servicio de esa atmósfera entre épica y funeral que tiene la película desde el minuto cero.
La crítica la recibió muy bien cuando se estrenó, allá por fines del 2023, y en la Argentina se vio en algunas salas independientes antes de desembarcar en streaming. Recaudó 45 millones de dólares en cines, una cifra enorme para un drama independiente de este tipo, y eso habla del tema que toca: el público es mundial y la historia de los Von Erich sigue siendo uno de esos relatos que se cuentan en voz baja entre los que saben de catch, de familiar y de tragedias que parecen salidas de un guion.
No te voy a spoilear nada, pero te voy a decir lo que me dijo un amigo que la vio después que yo: "No es una peli de superhéroes, es una peli de personas". Y me parece que esa es la mejor síntesis. El clan de hierro no inventa nada, no adorna nada, no necesita ampulosa. Se apoya en una historia real que es más dura que cualquier ficción y deja que los actores la carguen. Las transformaciones físicas están al servicio del personaje y no al revés. Y la dirección mantiene el pulso durante las más de dos horas que dura. ¿Es una película que te cambia la vida? No te voy a mentir. ¿Es una película que te deja pensando un rato largo después de que termina? Eso sí, te lo garantizo.
Si te picó la curiosidad, ya sabés: la encontrás en Amazon Prime Video, con subtítulos en castellano rioplatense y audio original en inglés. Y si ya la viste, contame en los comentarios qué te pasó. Porque con esta historia, a cada uno le pega en un lugar distinto.
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