Mario Boskis, sobre los años que suman: vínculos, propósito y los cuidados que la vejez sí o sí pide
El cardiólogo repasó qué favorece una longevidad activa en los adultos mayores y por qué la prevención de las infecciones respiratorias es tan importante cuando bajan las temperaturas y crece el tiempo compartido en lugares cerrados.

Acá, en la vereda de casa, el sol de julio cae como un regalo breve antes de que el termómetro se venga abajo de nuevo. Y en esos días cortos, donde uno mira el reloj y ya es de noche, me crucé con la advertencia del cardiólogo Mario Boskis, que volvió a poner sobre la mesa un tema que a los lectores de nuestra sección les toca de cerca: cómo vivir más y mejor después de los sesenta, sin descuidar lo elemental, que en invierno sigue siendo no terminar en la cama con fiebre.
El especialista explicó que mantener vínculos y actividades durante la vejez no es un capricho ni un pasatiempo, sino una de las llaves más concretas para favorecer la longevidad. Para Boskis, seguir con ocupaciones que entusiasman, conservar amistades y sostener la comunicación con la familia ayuda a evitar ese aislamiento que tantas veces aparece cuando uno va sumando años y jubilaciones, y termina almorzando solo frente a la ventana.
El propósito como motor de cada día
En el tramo de la entrevista, Boskis vinculó ese bienestar con el concepto japonés de ikigai, esa idea tan de moda que traducen como el motivo para levantarse cada mañana. Más allá del nombre exótico, lo concreto es lo de siempre: tener un plan, algo que esperar, alguien a quien llamar. "La posibilidad de seguir con una actividad depende de lo que permita el cuerpo, y la edad por sí sola no debería llevar a abandonar aquello que genera bienestar", sostuvo el médico, y agregó que ese propósito de vida se cuida como se cuida la presión arterial: con atención diaria.
Los cuidados que no pueden faltar en los meses fríos
Ahora bien, salir a comer con los nietos o juntarse a tomar un té en el centro de jubilados tiene un plus en esta época: también implica exponerse a virus que andan a sus anchas. Boskis fue claro al respecto: durante el invierno se combinan una mayor circulación de virus respiratorios con más tiempo compartido en ambientes cerrados, y estar en esos espacios con personas que cursan una infección aumenta mucho las chances de contagiarse. No es cuestión de encerrarse, sino de tomar ciertos recaudos que ya forman parte del sentido común pero que conviene no aflojar.
- Usar barbijo cuando aparecen síntomas respiratorios, para protegerse y sobre todo para no contagiar a quienes nos rodean.
- Lavarse las manos al llegar a casa, al llegar al trabajo y antes de comer, por la transmisión de microorganismos a través de superficies.
- Consultar al médico de cabecera sobre las vacunas disponibles, porque es el profesional que conoce los antecedentes y los factores de riesgo de cada paciente.
- Tener en cuenta la vacuna antigripal, la antineumocócica y la protección frente al virus sincicial respiratorio, indicadas según cada caso particular.
Sobre las bajas temperaturas, Boskis fue didáctico: una infección necesita sí o sí la presencia de un virus o una bacteria. El frío en sí no enferma, pero puede disminuir el movimiento de las cilias, esos pequeños filamentos que tenemos en las vías respiratorias y que ayudan a retirar las secreciones, y de esa forma se dificulta un mecanismo de defensa que el cuerpo tiene incorporado desde siempre. Por eso la prevención se vuelve todavía más importante cuando sopla el viento y las reuniones se trasladan al living de casa o al bar de la esquina con la ventana cerrada.
Una vejez activa, con prudencia y sin aislamiento
El mensaje final del cardiólogo, leído en voz alta mientras en el barrio se empiezan a ver las primeras bufandas, es bastante sencillo de explicar y bastante difícil de cumplir todos los días: sostené tus actividades, cuidá a los que querés y dejate cuidar. Como me dijo Roberto, de Devoto, mientras lo cruzaba en el kiosco con su termo bajo el brazo: "Yo no dejo de ir al club ni cuando hace cinco grados, pero si estoy engripado me pongo el barbijo y aviso. A esta altura, lo que quiero es seguir viéndolos a todos muchos años más". Esa, parece, es la síntesis perfecta de lo que Boskis plantea: vínculos activos, precauciones que ya son parte de la rutina y un propósito firme para que cada mañana tenga a alguien esperándonos, o un motivo real para salir a buscarlo.
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