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Mate, té o agua fresca: lo que cuenta no es la temperatura del vaso sino el aire que te rodea

Un especialista en bienestar explica por qué una infusión caliente puede aliviar el calor en ciertos ambientes y cuándo conviene pasar a algo frío. La hidratación, clave por encima de la elección.

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Javier RiverosSociedad y vida cotidiana · 17 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Acá en Mendoza, a las cuatro de la tarde, el asfalto se pone blando y la sombra de los álamos parece moverse sola. Es el horario en que la mayoría se pelea con el termo, la jarra y la heladera: mate cocido bien caliente, agua de la canilla que sale tibia, un vaso con hielo que se termina en dos tragos. La discusión de si conviene tomar algo fresco o algo caliente para soportar la jornada tiene más vueltas de las que uno imagina, y el profesor John Tregoning, especializado en bienestar, se encarga de aclararlas sin vueltas.

El punto de partida, según Tregoning, es bien simple: lo que el cuerpo necesita de verdad durante una ola de calor es líquido, y lo necesita seguido. La temperatura de la taza o del vaso ocupa un segundo plano frente a la hidratación y, sobre todo, frente a las condiciones del lugar donde uno se encuentra. Esa es la primera aclaración que cambia la conversación: no se trata de elegir un bando entre el café hirviendo y el tereré, sino de entender qué pasa adentro del cuerpo cuando se toma cada uno.

Por qué una bebida caliente puede refrescar

Cuando se elige un té, un mate cocido o un café bien caliente, el líquido que entra al organismo le suma calor. Eso suena contradictorio para alguien que busca refrescarse, pero Tregoning explica que ese calor extra funciona como una especie de señal de alarma: el cuerpo responde aumentando la transpiración, es decir, produciendo más sudor. Si ese sudor consigue evaporarse sobre la piel, se lleva consigo una cantidad importante de calor y el saldo final termina siendo una pérdida térmica. La clave, entonces, no está en la bebida en sí, sino en lo que pasa después, cuando la transpiración se encuentra con el aire que nos rodea.

  • Ambiente seco: la evaporación del sudor es más eficiente y el cuerpo pierde calor con mayor facilidad, por lo que una infusión caliente puede resultar refrescarse.
  • Corriente de aire o brisa: facilita que la humedad de la piel se transforme en vapor y se elimine el calor acumulado.
  • Ventilador encendido: reproduce el efecto de la brisa y ayuda a completar el proceso de enfriamiento, según explica Tregoning.
  • Habitación húmeda y encerrada: la evaporación se vuelve lenta o directamente se frena, y el calor incorporado por la bebida no se compensa.
“El líquido caliente incorpora calor al organismo y provoca un aumento de la sudoración. Ese aporte inicial puede quedar compensado por la pérdida posterior de calor a través de la piel, siempre que el entorno permita completar el proceso.”John Tregoning, profesor especializado en bienestar

Acá lo cuenta con su propia experiencia Susana Ferreyra, vecina de Godoy Cruz, mientras acomoda la mesa en el patio: "Yo tomo mate cocido todo el día, aunque haga cuarenta grados, porque me crié así. Lo que pasa es que me siento en el patio, donde corre la brisa de la tarde, y termino transpirando, pero fresca. En cambio, el día que me quedo adentro de la cocina, con la ventana cerrada porque entra el sol, me agrio. Termino empapada y con más calor que antes de empezar". La diferencia entre un patio ventilado y una cocina encerrada es, justamente, la diferencia entre un proceso de enfriamiento que funciona y uno que no.

Hay un detalle fisiológico que Tregoning subraya y que a veces se pasa por alto: la transpiración por sí sola no alcanza para refrescar. El verdadero mecanismo de enfriamiento se activa cuando el agua que está sobre la piel pasa al estado de vapor, y para ese cambio utiliza energía térmica del cuerpo. Cada gota que se evapora es calor que se va. Pero si el sudor se queda adherido a la piel, empapa la remera o resbala en gotas grandes hasta el piso, el líquido se pierde sin producir ese efecto de enfriamiento. Por eso mojarse los brazos con agua tibia puede ayudar, siempre que después se ventile esa humedad.

El factor que termina de inclinar la balanza es la humedad del ambiente. Cuando el aire ya tiene mucho vapor de agua, le queda poco espacio para recibir más humedad, y la evaporación del sudor se vuelve lenta y trabajosa. La falta de circulación, además, mantiene ese aire pesado y cargado pegado a la piel, así que el calor incorporado por la infusión caliente puede terminar siendo mayor que el que el cuerpo consigue liberar. En ese escenario, conviene pasar a las bebidas frías, que ofrecen una frescura inmediata y, al menos por un rato, bajan la sensación térmica.

Para Tregoning, la recomendación de fondo se puede resumir en pocas palabras: hay que sostener el consumo de líquidos a lo largo del día, prestar atención a la humedad y a la ventilación del lugar donde uno está, y aceptar que no existe una temperatura mágica para el vaso. Ni el café hirviendo refresca siempre ni el agua con hielo refresca siempre; todo depende del aire que nos rodea. Como cierra el profesor con una frase que suena a consejo de la abuela: "Mantenete hidratado, mirá cómo respira tu casa, y dejá que el cuerpo haga el resto".

JR
Javier RiverosSociedad y vida cotidiana

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