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Medio siglo de controles en cabina: el legado del 11-S que cambió la forma de volar

A veinticinco años de los atentados que reconfiguraron la aviación comercial, las medidas de seguridad implementadas desde entonces son parte inseparable del ritual previo a cualquier embarque. Repaso de las principales reglas vigentes y su impacto en la experiencia del pasajero argentino.

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Inés BaigorriaTurismo · 11 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

A un cuarto de siglo de los atentados que conmovieron a Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, las medidas de seguridad que surgieron en las semanas y los meses posteriores se han consolidado como el estándar operativo en la práctica totalidad de los aeropuertos del mundo. Procedimientos como el escáner corporal, la limitación para llevar líquidos en el equipaje de mano, la revisión del calzado y el refuerzo de las puertas de cabina constituyen hoy una secuencia familiar para el viajero habitual, pero requieren atención especial de quien se dispone a volar con poca frecuencia, dado que el incumplimiento, aun involuntario, suele traducirse en demoras, aperturas de valijas y, en determinados casos, en la prohibición de embarque.

La creación de la TSA y la federalización de la seguridad

La transformación más inmediata fue institucional. En noviembre de 2001, apenas dos meses después de los atentados, el Congreso estadounidense creó la Administración de Seguridad del Transporte, conocida por su sigla TSA, que reemplazó a las empresas privadas que hasta entonces se encargaban de los filtros de pasajeros en los aeropuertos. El nuevo organismo dependió desde el inicio del Departamento de Seguridad Nacional y quedó integrado por inspectores federales con uniforme, credencial y armamento limitado. Su modelo, basado en capas sucesivas de control y en una base de datos de pasajeros compartida con otras agencias, se replicó, con adaptaciones, en Canadá, el Reino Unido, Australia y la mayor parte de los países de Europa occidental.

Episidios puntuales que redefinieron los controles

Dos tentativas concretas completaron el cuadro de restricciones que rigen en la actualidad. El primero fue el del pasajero que intentó detonar explosivos ocultos en el calzado durante un vuelo doméstico en diciembre de 2001: a partir de ese hecho, la TSA incorporó la exigencia de quitarse los zapatos antes de pasar por el arco detector, exigencia que se extendió progresivamente a la mayoría de los aeropuertos internacionales y que, en la mayoría de los terminales, se aplica únicamente al calzado voluminoso, dejando exentos los modelos livianos. El segundo ocurrió en agosto de 2006, cuando las autoridades británicas desbarataron un plan para detonar artefactos explosivos líquidos en aviones con destino a Estados Unidos. De allí deriva la regla de los 100 mililitros, vigente en la práctica totalidad de las terminales aéreas del planeta.

Las reglas que el pasajero debe conocer

Las principales disposiciones que un viajero debe observar al momento de pasar por el control de seguridad son las siguientes.

  • Líquidos, geles y aerosoles en el equipaje de mano se limitan a envases individuales de hasta 100 mililitros, contenidos en una bolsa de plástico transparente con cierre hermético de capacidad no superior a un litro.
  • El calzado voluminoso, los cinturones con hebilla metálica y las chaquetas o abruntas de gran tamaño deben retirarse y colocarse en la bandeja destinada al escáner.
  • Los dispositivos electrónicos de mayor porte —computadoras portátiles, tablets y cámaras profesionales— deben presentarse por separado del resto del equipaje para su inspección individual.
  • Están prohibidos en el equipaje de mano los objetos cortantes o punzantes, incluidas tijeras de más de seis cm, cortauñas tipo alicate, navajas y cubiertos metálicos.
  • Las puertas de la cabina de pilotos se reforzaron y permanecen cerradas durante todo el vuelo, sin posibilidad de acceso por parte de los pasajeros, incluso ante emergencias menores.
  • El uso de cubiertas o fundas sobre valijas que impidan su inspección visual puede derivar en la apertura de las mismas, con la demora que eso implica.

Un dato práctico que los propios organismos reguladores suelen subrayar es el impacto de estos controles sobre los tiempos de paso. Para vuelos internacionales, la recomendación generalizada es presentarse en el aeropuerto con una anticipación mínima de tres horas respecto del horario de despegue; para vuelos domésticos, el margen aconsejado es de dos horas. En temporada alta, feriados largos o periodos de vacaciones escolares, se sugiere adicionar entre treinta y sesenta minutos adicionales, dado que la formación de colas en los filtros suele extenderse de manera considerable.

Recomendaciones para el pasajero argentino

Para el pasajero que parte desde Buenos Aires, la distancia y el tiempo de traslado hacia Ezeiza Ministro Pistarini —unos treinta y cinco kilómetros desde el centro porteño, equivalente a entre cuarenta y setenta minutos según el tramo horario— hacen conveniente planificar el desplazamiento con margen suficiente, en particular si se viaja en horario de la mañana temprano. Aerolíneas Argentinas, en su condición de operador de bandera y principal compañía del mercado doméstico, suele habilitar sus mostradores con tres horas de antelación para vuelos de larga distancia, aunque el cierre de las filas de check-in se produce, en la mayoría de los casos, entre sesenta y noventa minutos antes de la salida, según el destino. Conviene consultar el horario exacto al momento de la reserva, dado que las tarifas de los pasajes varían significativamente en función de la anticipación de la compra y de la temporada. Las tarifas de cabina económica hacia destinos regionales como Madrid o Miami suelen oscilar, al momento de redactar esta nota, entre valores promocionales y tarifas regulares que se modifican semana a semana. El pasajero debe tener presente, además, la eventualidad del viento zonda en la zona cordillerana durante los meses de primavera y verano, fenómeno que puede afectar las operaciones en los aeropuertos de Mendoza y San Juan, así como el estado de la ruta nacional 40 en dirección a Bariloche, donde los tramos de ripio y las condiciones climáticas pueden modificar los tiempos de traslado terrestre hacia el aeropuerto local. Ante cualquier duda sobre los procedimientos de control, se sugiere consultar de forma directa el sitio oficial del operador aeroportuario correspondiente antes de concurrir al terminal.

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