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Miércoles, 7 de octubre de 2026
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Mirtha Legrand volvió a su casa: qué significa el alta para una conductora que no se detiene

Después de casi tres semanas en el Sanatorio Mater Dei, la conductora de 99 años dejó la clínica este martes a las 17 para completar la recuperación en su domicilio, con la mesa de los sábados y los almuerzos dominicales todavía en manos de su nieta Juana Viale.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo · · 4 min de lectura
Mirtha Legrand volvió a su casa: qué significa el alta para una conductora que no se detiene

Les cuento de arranque cómo pinta la jornada en la Ciudad de Buenos Aires: un cielo gris, con esa llovizna finita que parece no caer pero termina mojando las veredas, y una temperatura que ronda los 15 grados, apenas por encima de lo que el cuerpo de una nonagenaria tolera sin que el termómetro interno se queje, así que el alta médica de Mirtha Legrand llega, en lo meteorológico, en un momento amable, sin golpes de frío que puedan complicar el cuadro respiratorio que la tuvo a maltraer durante casi tres semanas en el Sanatorio Mater Dei, y eso, miren, no es un dato menor cuando uno piensa en lo que significa para una paciente de 99 años abandonar una institución médica y volver a la rutina de su casa en el barrio porteño que la vio nacer y crecer como figura central de la televisión argentina.

La noticia, en su versión más cruda, es esta: Mirtha Legrand recibió el alta este martes a las 17 y abandonó el Mater Dei después de permanecer allí desde el 18 de septiembre, cuando una descompensación respiratoria la obligó a regresar al sanatorio tras una primera internación que había terminado con un alta transitoria el domingo 13, completando el esquema de antibióticos y la rehabilitación kinesiológica que los médicos le habían indicado para tratar la bronquitis que se le desató después de un cuadro gripal de esos que en la viña, si me permiten la analogía, aparecen cuando la planta todavía tiene hojas tiernas y cualquier corriente de aire las da vuelta, y de la hilera a la góndola, es decir, de la cama del hospital a la pantalla del living, lo que queda por delante es una convalecencia que la familia y el equipo médico encabezado por el doctor Enrique Echagüe prefieren hacer en la intimidad del hogar.

La cadena de partes médicos y los pequeños avances que se fueron contando

  • El 25 de septiembre, Echagüe comunicó que Legrand aumentaba su actividad física dentro del sanatorio.
  • El 30 de septiembre, el director médico confirmó una mejoría de la neumopatía que había complicado el cuadro inicial.
  • El 3 de octubre, durante el almuerzo dominical, Juana Viale contó que estaba en sala común y que su abuela seguía las emisiones desde la clínica.
  • El 2 de octubre, el parte oficial todavía no establecía una fecha de alta y reservaba la próxima actualización para el miércoles siguiente, pero el alta llegó antes de lo previsto.

Durante todo ese tiempo, la mesa de La noche de Mirtha y de los almuerzos del domingo quedó en manos de Juana Viale, la nieta que ya conoce el ritmo de las cámaras y que, según contó en su propio programa, recibía de su abuela los comentarios de cada emisión, como si desde la habitación del sanatorio la conductora siguiera tomando el pulso de la televisión argentina y dejando, frase a frase, la marca de un estilo que lleva más de seis décadas seguidas en el aire, algo que muy pocos pueden sostener y que, en tiempos de audiencias que suben y bajan como la temperatura en la zona de San Rafael o como la brotación en una parcela de Malbec, se parece bastante a una planta vieja que sigue dando fruta cuando todos la daban por terminada.

“Bien, mejorando momento a momento, día a día.”Juana Viale, sobre la evolución de su abuela en el programa del 3 de octubre

Ahora bien, lo concreto para el público es que Mirtha Legrand continuará la recuperación en su casa y que, mientras esa rehabilitación avance como esperan los médicos, Juana Viale seguirá al frente tanto de las cenas de los sábados como de los almuerzos de los domingos, un arreglo transitorio que en lo personal me parece razonable y que en la pantalla funciona porque, aun con la abuela ausente, el formato conserva esa cadencia familiar que el público identifica desde hace generaciones, porque acá no se trata solamente de un programa de televisión sino de un punto de encuentro que sobrevive a los cambios de gobierno, a las modas gastronómicas y a las peleas de la política argentina.

Y acá viene, colegas, lo que a mí, en mi rol de opinador serial de estas páginas, todavía me queda pendiente señalar y que el Estado, como tantas veces, no terminó de resolver en tiempo y forma: la cobertura integral para adultos mayores que pasan los 90 años, los reintegros pendientes para quienes deben combinar internación, kinesiología domiciliaria y controles clínicos, y la falta de un protocolo único para cuadros respiratorios en pacientes nonagenarios, que son los que más cuesta recuperar cuando el termómetro baja y cuando la viña, metáfora querida, ya tiene el tronco demasiado viejo como para bancarse otra helada tardía sin que alguien venga a podarla con cuidado.

HE
Hugo ElizondoVitivinicultura y campo

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