Musimundo se quedó sin red y la Justicia empujó a Carsa al paredón de la quiebra
La cadena de electrodomésticos venía desangrándose desde el norte del país, no logró venderle 45 locales a On City y acumula una deuda concursal de 63.500 millones de pesos. El juzgado chaqueño firmó el 2 de septiembre el final del concurso preventivo y abrió el expediente de quiebra.

El 2 de septiembre de 2026, el Juzgado Civil y Comercial N° 23 de Resistencia le dio la espalda al intento de salvataje que Carsa S.A. había puesto en marcha apenas dos meses antes y decretó la quiebra de la firma que controla la cadena Musimundo, una de las marcas de electrodomésticos con más historia en la Argentina y, sobre todo, con presencia territorial en ciudades chicas y medianas del interior profundo, donde durante décadas ofició de vidriera obligada para comprar una heladera, un secarropas o financiar un Smart TV.
Un pasillo judicial que se vuelve paredón
Hasta julio de este año, la empresa se había acogido al concurso preventivo con la intención declarada de reorganizar sus obligaciones, ganar tiempo y ordenar los números. Pero el tribunal entendió que esa herramienta ya no servía y que, en cambio, correspondía aplicar el artículo 79, inciso 4°, de la Ley de Concursos y Quiebras, que habilita la quiebra cuando aparecen hechos reveladores del estado de cesación de pagos. En criollo, cuando el deudor muestra con hechos que no puede seguir cumpliendo. Y Carsa los mostró con una crudeza que al juez no le dejó margen.
El norte, la primera línea de fuga que se cortó
El derrumbe no fue un rayo en cielo sereno, sino un proceso que ya se había hecho visible en las góndolas vacías y en los locales con las persianas bajas del NEA. Musimundo cerró 20 sucursales en el nordeste, repartidas entre Chaco, Formosa, Corrientes y Misiones, argumentando que se trataba de puntos duplicados en plazas donde la marca ya tenía más de un local. La explicación técnica puede sonar razonable en un balance, pero en el territorio significó algo mucho más concreto: más de 100 familias que se quedaron sin su ingreso, según allegados a la sociedad, y pueblos que perdieron al único vendedor oficial de electrónica de la zona.
La operación que no fue y el plan que llegó tarde
En las semanas previas a la presentación concursal, el directorio de Carsa había negociado la venta de 45 sucursales a los dueños de On City, la cadena que agrupa locales surgidos del recambio de marca de Electrónica Megatone. La operación, que habría sido una inyección de oxígeno y a la vez una poda quirúrgica, no prosperó. El 26 de agosto, ya con el concurso en marcha, la empresa aprobó un plan de reducción de estructura que la sindicatura tomó en cuenta antes del veredicto final, pero que terminó siendo leído como un reconocimiento implícito de que la firma ya estaba en retirada.
Una deuda que se mide en miles de millones
Los números fríos ayudan a dimensionar el agujero. La deuda concursal declarada asciende a 63.500 millones de pesos, una cifra que a fines de mayo de 2026 se repartía entre pasivos bancarios por unos 3.060 millones, con el Banco Nación como principal acreedor, al que se le adeudan cerca de 1.549 millones. No es la primera vez que la empresa toca esta puerta: en 2018 ya había recurrido al concurso de acreedores, cuando declaró una deuda de 900 millones de pesos, una comparación que deja a la vista la magnitud del salto, en pesos corrientes y en falta de solución de fondo.
Qué viene ahora: cronograma y tareas pendientes
- El expediente fue recaratulado como "CARSA S.A. s/ Quiebra" y la sindicatura del Estudio Contable Benítez seguirá interviniendo.
- Los acreedores podrán presentar pedidos de verificación de créditos hasta el 6 de noviembre de 2026.
- El informe individual está previsto para el 30 de marzo de 2027.
- El informe general se elaborará el 25 de junio de 2027.
La quiebra abre un capítulo nuevo y, a la vez, repetido para una compañía que en menos de una década pasó de pedir un concurso con deuda declarada de 900 millones a quedar bajo quiebre con 63.500 millones encima. Mientras el expediente avanza en Resistencia, lo que todavía no se resolvió del lado del Estado es qué pasará con los puestos de trabajo caídos, con los consumidores que entregaron señas o compraron en cuotas planes que ahora penden de un hilo, y con los proveedores chicos del interior que le vendían insumos, logística y servicios a Musimundo y que, otra vez, quedan atrapados en la misma historia.
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