Domingo, 27 de septiembre de 2026
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Neuquén, la mesa con sobreprecio: comer afuera sale hasta un 18% más que en Buenos Aires

La capital neuquina vive un boom de aperturas gastronómicas atado al empuje de Vaca Muerta, mientras los vecinos perciben que el costo de vida se aleja del promedio nacional.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo · 27 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

La mañana en Neuquén se presenta con esa luz seca y fría que entra por la cordillera y que, a esta altura del año, ya empieza a ablandar el asfalto de la ciudad. Yo conozco bien esa luz porque la vi más de una vez recorriendo fincas hacia el sur, y siempre digo lo mismo: cuando el clima apura, la viña se apura con él. Pero hoy no toca hablar de racimos sino de cuentas, porque el termómetro que más preocupa a los vecinos de la capital neuquina no marca grados sino precios, y los números que se sirven en la mesa cuentan una historia que va de la góndola —perdón, del mostrador— a la preocupación cotidiana.

Salir a comer en la ciudad de Neuquén cuesta, en promedio, alrededor de un 18% más que hacerlo en la Ciudad de Buenos Aires. No es un dato menor: estamos hablando de una diferencia que se nota en el ticket final y que, según relatan los propios consumidores, se repite en distintas cadenas y rubros gastronómicos. La brecha aparece con claridad cuando se la compara con una marca específica que acaba de desembarcar en la capital provincial.

El kilo de helado, termómetro de la diferencia

En Lucciano’s, la cadena de helados que abrió su local en Neuquén, el kilo se vende un 15% más caro que en Buenos Aires. Es una referencia dentro de una misma marca, lo que permite aislar el efecto local del lógico precios de cada empresa. A esa señal se la suma con el aumento que pesa sobre el resto de la oferta gastronómica, donde el conjunto promedia un 18% por encima de los porteños.

A esa foto se suma otra apertura reciente: Le Pain Quotidien, la cadena de cafeterías de origen europeo, inauguró su primer local en Neuquén y ya tiene previsto un segundo. Las dos aperturas forman parte de un movimiento más amplio de marcas de consumo masivo que eligen radicarse en la capital neuquina, atraídas por un mercado que crece al ritmo del petróleo.

Vaca Muerta como motor y como imán

El envión comercial no es un capricho. Según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el empleo formal de la provincia creció más de un 7% respecto de noviembre de 2023. Neuquén encabeza ese aumento y aparece, junto con Río Negro y San Juan, entre las provincias que más puestos registrados generan en el país. La actividad hidrocarburífera, motorizada por Vaca Muerta, tracciona la demanda laboral y, con ella, la llegada de población y de capitales que buscan instalarse.

En lo que a cifras oficiales respecta, el INDEC ubica el desempleo neuquino en un 3,2%, frente al 7,9% del promedio nacional. La pobreza alcanza al 19,6% de la población, bastante por debajo del 32,3% que registra el conjunto del país. Sin embargo, y acá está la paradoja que los propios vecinos remarcan con insistencia, esos indicadores razonablemente buenos conviven con la percepción cotidiana de que vivir —y comer— en Neuquén sale más caro que en otros distritos del país, Buenos Aires mediante.

  • La provincia tiene unos 750.000 habitantes y recibe trabajadores que se radican o que llegan por turnos, sobre todo ligados al petróleo.
  • La oferta gastronómica suma marcas nacionales e internacionales con precios por encima del promedio porteño.
  • La diferencia promedio para comer afuera ronda el 18%, y se concreta en un 15% en el kilo de helado de Lucciano’s.
  • El empleo registrado neuquino crece por encima del 7% interanual, con Vaca Muerta como demandante principal.

Yo he recorrido suficiente campo argentino como para saber que, cuando un pueblo crece al ritmo de una actividadextractiva, el mostrador siempre se acomoda antes que el sueldo. Y la pregunta que queda dando vueltas, mientras el sol neuquino empieza a pegar de lleno sobre las veredas y las cafeterías nuevas, es la misma de siempre: qué va a hacer el Estado para ordenar este desfasaje entre la oportunidad y el costo de vida, porque hasta ahora, lo que se ve en la mesa es que la diferencia se paga, y se paga todos los días.

HE
Hugo ElizondoVitivinicultura y campo

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