Pastillas para vivir más: la ciencia pone los puntos sobre las íes
Suplementos de NAD+, selenio, vitamina D y omega-3 prometen alargar la vida, pero los ensayos clínicos en personas son otra cosa. Lo único que la evidencia sólida avala no se vende en cápsulas.

La calor de estos días invita a quedarse en la vereda, con un vaso de agua fresca, y conversar con quien pasa. Y fue justamente en una charla de esas, en la puerta de un kiosco de barrio, donde un vecino me tiró la pregunta que me terminó armando esta nota. Miguel Ángel, del departamento de Guaymallén, me dijo casi en tono de confesión: "Loco, yo me tomo unas cápsulas que dicen que te alargan la vida, ¿sabés algo de eso?" Le prometí que iba a averiguarlo con seriedad, y acá estoy, contándole a usted lo que encontré, porque la respuesta no es tan sencilla como la publicidad.
El mercado de la longevidad creció a fuerza de marketing y de estudios que, mirados de cerca, todavía no cierran. Hay toda una línea de suplementos basados en NAD+ y sus precursores, una coenzima que está en todas las células del cuerpo y que cumple un rol central en la producción de energía y en la reparación del ADN. Con los años, esa coenzima va bajando, y en experimentos de laboratorio con células y con animales, aumentar su disponibilidad mejoró algunos parámetros metabólicos. De ahí salieron los productos con NMN y con nicotinamida ribósido, que se ofrecen como una inversión a futuro para vivir más y mejor.
Subir un valor en sangre no es vivir más
El problema, como me lo explicó un especialista, es el salto enorme que hay entre lo que pasa en una placa de Petri o en un ratón de laboratorio y lo que realmente le ocurre a una persona. Los ensayos clínicos en humanos confirman que tomar estos precursores eleva los niveles de NAD+ en los análisis de sangre, eso sí. Pero no hay evidencia suficiente, hoy por hoy, de que ese aumento se traduzca en menos enfermedades, en mejor funcionamiento del cuerpo o en más años de calendario. Que una cifra suba en el laboratorio no equivale, ni de cerca, a sumar años de vida. La oferta comercial toma un hallazgo acotado y lo presenta como si ya hubiera pasado por todos los filtros de la clínica, cuando todavía no lo hizo.
Vitaminas y minerales: la letra chica de los megaestudios
Algo parecido pasa con nutrientes mucho más conocidos. El estudio SELECT, que siguió a más de 35.000 participantes, mostró que el selenio no sirvió para prevenir el cáncer de próstata. Y hubo un dato que encendió una luz amarilla: quienes recibieron vitamina E terminaron con mayor riesgo de desarrollar ese mismo tumor durante el seguimiento. El ensayo VITAL, con cerca de 25.000 personas, tampoco encontró que la vitamina D ni el omega-3 redujeran el cáncer o los eventos cardiovasculares en gente que no tenía déficit previo. La ciencia, cuando junta muchos casos, suele ser bastante menos generosa que la publicidad de la góndola del supermercado.
Esto, ojo, no quiere decir que estos nutrientes sean inútiles. Cuando hay una carencia real, corregirla tiene un impacto concreto. Las deficiencias de vitamina B12 y de vitamina D son bastante frecuentes en personas de edad avanzada, y tratarlas mejora la calidad de vida de manera tangible. La diferencia, y acá está la clave, está en medir primero, ver si hay un déficit comprobado, y suplementar si hace falta. No en tirar cápsulas al boleo, esperando que el cuerpo adivine qué le falta.
Lo que la ciencia sí avala, y que no viene en frasco
- Actividad física regular, con ejercicios de fuerza incluidos, no solo caminatas.
- Alimentación equilibrada, con proteínas suficientes y variada en frutas y verduras.
- Buen descanso, con rutinas de sueño estables de verdad, no solo los fines de semana.
- No fumar, y moderar el alcohol todo lo que se pueda.
- Cuidar los vínculos sociales, porque el aislamiento enferma tanto como el sedentarismo.
Antes de ir a buscar la billetera y comprar la última cápsula de moda, vale la pena recordar lo que la medicina viene repitiendo hace décadas y que, por conocido, a veces suena aburrido. La salud no se compra en una farmacia, se construye con hábitos que, además, tienen la enorme ventaja de no tener publicidad engañosa. Se lo dije a Miguel Ángel cuando me lo crucé de nuevo, y él se quedó pensando, con la mirada clavada en la vereda caliente. "Mirá vos", me dijo, "entonces lo de las pastillas era un verso, y lo que sirve es lo que me decía mi vieja de chico". Tiene razón el hombre. A veces, la ciencia termina confirmando lo que ya sabíamos en la mesa familiar.
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