Sábado, 5 de septiembre de 2026
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"Silo": cuando la pantalla pide otra novela aunque el libro sea el mismo

Graham Yost, el creador de la serie de Apple TV+, defendió las licencias tomadas respecto de la trilogía de Hugh Howey y dejó una pregunta incómoda para el oficio: hasta dónde puede una adaptación separarse de su fuente sin traicionar lo esencial.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo · 5 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Estoy escribiendo esto un mediodía pesado, con un cielo gris uniforme que amenaza lluvia y deja las hojas de la parra pegadas contra el alambrado, de esa manera que en Mendoza sabemos que anuncia una tormenta lenta. Y sin embargo la nota de hoy no va del campo: va de una pregunta que, llevada al campo, todos los viñateros conocen de memoria. ¿Cuánto te podés alejar del original sin que el original deje de reconocerse? La cosecha 2024 terminó con un vino distinto al que el enólogo había imaginado en la finca, y nadie se escandalizó. La pantalla, en cambio, levanta temperatura cada vez que un creador cambia una escena.

Graham Yost, el hombre que tuvo la responsabilidad de convertir en serie la trilogía distópica de Hugh Howey, acaba de cerrar la tercera temporada de Silo en Apple TV+ y salió a poner en palabras algo que suele quedar murmurado en los pasillos de los estudios. Las novelas se leen de a uno, con el ritmo que el lector decide; las series se miran de a muchos, con el ritmo que la continuidad obliga. Y esa diferencia, dijo, no es un detalle: es el oficio.

Decisiones que la novela no tuvo que tomar

El caso más visible fue el de la protagonista. En la segunda entrega escrita por Howey, que es la base sobre la que se construyó la tercera temporada, ese personaje directamente desaparece. Yost explicó que sacarlo de los episodios hubiera sido inviable en términos televisivos: una serie no puede cortar un vínculo narrativo central sin dejar al público enganchado de un hilo. La novela puede permitirse ese salto. La pantalla, no.

Howey, según contó Yost, llegó a ese arreglo con una disposición poco habitual. Viene de la cultura de la escritura participativa en línea, esa zona donde un texto se concibe como un terreno abierto a que otros pasen y le agreguen capas. Por eso, desde el primer momento, convalidó que la serie tome distancia del papel. "Para él, todo esto consiste en formar parte de una comunidad de personas que trabajan dentro de esta historia", dijo Yost. "Siempre ha apoyado que cada uno aporte sus propias ideas."

“A veces recibo mensajes de amigos que acaban de leer los libros y me dicen que nos hemos alejado muchísimo. Y yo pienso: sí, amigo, ese es mi trabajo. Tengo que convertir esto en una serie de televisión. Y no soy yo solo: somos un grupo muy grande de personas.”Graham Yost

Dos públicos bajo el mismo techo

La serie convive con dos audiencias que rara vez se entienden. Por un lado están quienes leyeron la trilogía y llegan a la pantalla con el mapa ya dibujado en la cabeza; por el otro, los que conocieron Silo directamente en Apple TV+ y piden, de manera expresa, que no se les adelanten escenas con referencias al texto original. Yost dice respetar las dos lecturas y considera que las dos son formas legítimas de acercarse a la historia. Es una declaración de principios que no muchos showrunners están dispuestos a hacer en voz alta.

Ahora bien, la pregunta que sobrevuela todo esto y que los propios realizadores no terminan de responder es la que dejó flotando el propio Yost: ¿hasta dónde puede alejarse una adaptación de su fuente sin dejar de ser fiel a lo esencial? En la viña, Carlos, un viñatero de San Martín con el que hablo cada vez que paso por la ruta 50, me lo dice con otras palabras cuando le pregunto por un varietal que mutó demasiado de la cepa madre. De la hilera a la góndola, algo se pierde y algo se gana. Lo que nadie en el Estado todavía resolvió, ni en Buenos Aires ni en ninguna capital donde se firman los contratos de adaptación, es si existe un protocolo razonable para medir esa distancia. Por ahora, la respuesta la sigue dando, como siempre, el que firma el guion.

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Hugo ElizondoVitivinicultura y campo

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