Toledo, Torrente y la pregunta que incomoda: ¿de qué nos reímos cuando nos reímos con el villano?
El actor que encarna al antihéroe más grotesco del cine español reabre la discusión sobre el lugar que ocupa su personaje dentro de la saga de Santiago Segura y por qué el humor, usado sin bisturí, puede terminar siendo un escudo para los estereotipos en lugar de una denuncia.

Volvió a llover en la discusión, y esta vez no fue sobre un viñedo ni sobre una cosecha. La nube pasó por Madrid, pasó por las salas donde se rieron durante años con las aventuras del detective más políticamente incorrecto del cine español, y terminó descargando sobre una pregunta que Guillermo Toledo viene haciendo hace tiempo y que, según él mismo cuenta, no cae nada bien en su destinatario: ¿qué lugar ocupa Torrente en la historia que protagoniza? ¿El del villano al que hay que derrotar o el del héroe al que hay que festejar?
Un personaje que junta todo lo que se supone que habría que dejar afuera
Toledo no se guardó nada. Dijo que Torrente reúne "todo lo peor de la España más oscura": fascismo, racismo, homofobia, machismo. Una acumulación densa que, a su criterio, convierte al personaje en un antagonista en potencia, alguien a quien el relato tendría que enfrentar y no consagrar. La saga hizo lo segundo, y ahí empieza, para el actor, el problema.
“Se enfada mucho cuando yo le digo que haría de un fascista feliz como Torrente, pero no en una película como Torrente. Tendría que ser el malo de la película, no el héroe.”Guillermo Toledo
El pedazo de carne y la risa sin espejo
Toledo eligió una escena concreta para mostrar lo que le preocupa. En algún momento de la saga, Torrente tira al suelo un trozo de carne y tres personas negras se pelean por él. El público, recuerda el actor, se reía. Le parecía gracioso. Y ahí, dice, está el peligro: porque el humor, cuando se lo usa sin bisturí, no denuncia el estereotipo sino que lo mima. "El humor es un arma política muy poderosa", sostuvo, y agregó que el problema no es reírse sino no preguntarse de qué nos estamos riendo.
Ahí aparece la diferencia con la experiencia que Toledo vivió dentro del colectivo teatral Animalario, donde el humor se trabaja como herramienta de incomodidad deliberada. La risa, dice, tiene que abrir una puerta para que el espectador se asome a un espejo: ¿de qué me río?, ¿qué estoy aceptando con esa carcajada? Esa incomodidad buscada es lo que, en su lectura, separa al humor que piensa del humor que se limita a celebrar lo que dice querer combatir.
- ¿Tiene razón Toledo en que Torrente debería haber quedado en el banquillo de los antagonistas y no en el centro del relato?
- ¿Cuándo el humor deja de ser crítica y se vuelve cobertura de los estereotipos que pretende cuestionar?
- ¿Puede un personaje repulsivo ser protagonista sin que la saga termine legitimando, aunque sea por simpatía, lo que muestra para repudiar?
- ¿Es la ambigüedad parte del juego o es la zona donde el mensaje se diluye?
Toledo y Segura compartieron pantalla por última vez en La reina de España (2016), después de haber coincidido en El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo (2004). Son dos oficios distintos del humor hechos por la misma persona en distintos momentos, y la distancia entre uno y otro es, justamente, lo que Toledo intenta marcar cada vez que puede.
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